Pasar al contenido principal
problemas de mordida

Maloclusiones: cuando la mordida impacta mucho más que la sonrisa

Ilustración
:

La forma en que se acomodan los dientes no solo define la sonrisa. También influye en funciones como masticar, respirar y dormir. Entender qué es una maloclusión y detectarla a tiempo permite prevenir problemas que pueden afectar la salud y el bienestar.

Masticar, hablar y respirar parecen procesos simples, pero dependen de una coordinación precisa entre los dientes, la mandíbula, los músculos y las articulaciones. Cuando esa relación se altera puede afectar distintos procesos del cuerpo.

“La mordida no es solo un tema estético, también es un problema funcional que puede afectar la calidad de vida”, explica la ortodoncista Diana Carolina Forero, adscrita a la Clínica Dental Colsanitas en la nueva Torre Keralty. Esto implica que funciones como la masticación, la articulación e incluso la respiración y el sueño pueden verse comprometidas cuando ese equilibrio se pierde.

¿Qué es una maloclusión?

Una maloclusión ocurre cuando los dientes y los maxilares, que son los huesos que los sostienen, no se relacionan correctamente. Puede tener un origen hereditario, desarrollarse por hábitos en la infancia —como el uso prolongado del chupo o chuparse el dedo— o aparecer en la adultez por factores concretos como la pérdida de dientes, enfermedades periodontales o el bruxismo.

Esta alteración funcional se trata de una condición frecuente. Según Forero, “entre el 60 % y el 75 % de la población presenta algún tipo de maloclusión”. Aunque no todos los casos requieren tratamiento, sí es necesario evaluarlos para determinar sus consecuencias.

¿Cómo afectan la calidad de vida?

Cuando los dientes no encajan de forma adecuada, se generan contactos irregulares durante la masticación. Esto produce sobrecargas que no solo afectan las piezas dentales, sino también los músculos y los tejidos de soporte.

Jimmy Guerrero, especialista en rehabilitación oral de la Clínica Dental Colsanitas en la Torre Keralty, explica que “estos desequilibrios pueden pasar desapercibidos al inicio porque el cuerpo tiende a adaptarse”. Sin embargo, esa adaptación tiene un costo: con el tiempo pueden aparecer desgastes dentales, molestias al masticar y tensiones en la mandíbula.

A esto se suma la relación directa entre los músculos de la masticación y los músculos cervicales. Por eso, una alteración en la mordida también puede manifestarse como dolor de cabeza, molestias en el cuello o sensación de tensión constante.

Además, la posición de los maxilares influye directamente en el espacio de la vía aérea. Cuando la mandíbula está retraída o el desarrollo óseo es limitado, ese espacio puede reducirse y afectar la forma en que una persona respira. “Al afectarse ese espacio, se pueden generar respiración oral, ronquidos o apnea del sueño”, señala Forero. 

Esta relación nos permite entender la importancia de la mordida y de tratar las maloclusiones, pues no se trata solo de alineación dental, sino de cómo el cuerpo sostiene funciones básicas como masticar, dormir y respirar correctamente.

Señales de alerta desde la infancia

El desarrollo de la mordida empieza desde los primeros años de vida, por lo que identificar señales tempranas de una maloclusión puede marcar una diferencia importante en su evolución. “Si observamos en los niños respiración oral, desgastes, pérdidas prematuras de dientes, ronquidos o dolores atípicos al morder, son señales de alerta que deben conducir a una consulta con el especialista”, explica Forero.

A esto se suman los hábitos. El uso prolongado del chupo, el biberón o chuparse el dedo pueden alterar el desarrollo normal de los maxilares. “Cuando estos hábitos se mantienen en el tiempo pueden afectar gravemente el crecimiento de los maxilares y generar una patología”, advierte.

La evaluación temprana permite intervenir cuando el crecimiento maxilar aún puede guiarse. Idealmente, la valoración debe realizarse entre los seis y siete años, aunque si los signos aparecen antes, debe hacerse desde edades más tempranas. Detectar a tiempo no solo facilita el tratamiento, también puede evitar problemas más complejos en el futuro.

Maloclusiones en adultos

Aunque muchas maloclusiones se originan en la infancia, también pueden aparecer en la edad adulta a partir de cambios concretos en la salud oral. Uno de los factores más importantes es la pérdida de dientes.

Cuando una pieza dental no se reemplaza, se rompe el equilibrio de la mordida. “Los dientes vecinos pueden inclinarse, lo que altera toda la dinámica de la mordida”, explica Jimmy Guerrero. Este movimiento progresivo genera contactos inadecuados y nuevas sobrecargas en el sistema.

A esto se suma el bruxismo, que desgasta los dientes y aumenta la presión sobre músculos y articulaciones, agravando las alteraciones existentes, especialmente en contextos de estrés. En conjunto, estos cambios pueden pasar desapercibidos al inicio, pero con el tiempo modifican la forma en que funciona la mordida.

La importancia del diagnóstico y tratamiento oportuno

Las maloclusiones no suelen corregirse por sí solas. Por el contrario, tienden a mantenerse y, en muchos casos, a empeorar con el tiempo si no se tratan adecuadamente. El problema es que sus efectos no siempre son inmediatos. “Puede haber desgaste dental, pérdidas prematuras, problemas periodontales y asimetrías faciales complejas”, explica la ortodoncista Forero.

El diagnóstico de las maloclusiones ha cambiado de forma significativa en los últimos años. Hoy, la tecnología permite evaluar la boca con un nivel de detalle que antes no era posible, lo que facilita entender no solo cómo se ven los dientes, sino cómo están funcionando.

“El escáner intraoral nos permite evaluar en tres dimensiones con mucha más precisión”, explica Forero. A través de una cámara, se obtiene una imagen digital completa que permite analizar la posición de los dientes y planificar el tratamiento de forma más clara y predecible. A esto se suma la tomografía computarizada 3D, que amplía el análisis más allá de la superficie. “Nos permite evaluar el hueso, las raíces y la morfología, e incluso detectar patologías sin necesidad de intervenir directamente”, añade.

Desde la rehabilitación oral, estas herramientas también han transformado los tratamientos para que sean más completos y personalizados. “La posibilidad de integrar escaneos y tomografías permite planificar procedimientos con mayor precisión, desde ortodoncia hasta la colocación de implantes en la posición ideal”, señala Guerrero. 

A medida que la alteración avanza, el manejo también se vuelve más complejo. En etapas tempranas, los tratamientos pueden ser más sencillos y enfocados en guiar el crecimiento. En cambio, cuando el problema se detecta tarde, puede requerir intervenciones más invasivas, incluyendo cirugía maxilofacial. 

En conclusión, evaluar la mordida a tiempo no es solo una decisión estética, sino una forma de cuidar funciones esenciales del cuerpo. “El manejo temprano permite preservar la función, evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida”, finaliza Forero.

Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.