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Maternidades por elección: ser madre desde la autonomía

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En un país en el que el 84 % de las familias están conformadas por madres solteras, aún resulta tabú el hecho de que haya mujeres autónomas y libres que están tomando la decisión de ser madres por su cuenta, gracias a la donación de esperma. En este artículo, exploramos los miedos, procesos y desafíos de quienes han reimaginado el concepto de familia para buscar ser madres.

Madres solteras por elección: así se conoce en muchos países a quienes deciden criar sin pareja. En Colombia, sin embargo, ese término no convence a todas.

“Cuando empecé a buscar información sobre este tema, descubrí que el término más posicionado en el mundo era madres solteras por elección. Si me preguntan, creo que quienes tomamos este camino no nos identificamos con la soltería, sino con la libertad que tenemos las mujeres de tomar nuestras propias decisiones y, por supuesto, por el deseo mayúsculo de ser madres”, asegura Diana Montoya, fundadora del proyecto Universo Marea y quien se autodefine como madre autónoma por elección.

Diana tomó la decisión de convertirse en madre autónoma a los 41 años, a través de un donante de esperma. Aunque en Colombia este tipo de procedimiento se practica desde hace más de tres décadas en casos de infertilidad en pareja, no es frecuente entre mujeres que buscan criar a sus hijos en solitario. Sin embargo, a nivel mundial, en cambio, sí es una práctica que ha venido creciendo durante los últimos diez años, según los datos arrojados por uno de los bancos de esperma más grandes del mundo, Cryos International.

El informe asegura que más del 50% de las mujeres que utilizan donantes de esperma a nivel mundial son solteras.

Para Jenny Deschamps López, coordinadora nacional de fertilidad de Profamilia y ginecóloga especialista en reproducción humana,  hay varias razones detrás de este fenómeno: “Una de ellas es que las mujeres hoy son mucho más empoderadas, mucho más exigentes en cuanto lo que esperan de una pareja, y no están dispuestas a conformarse si no se satisfacen sus expectativas. Por otro lado, muchas buscan su realización profesional antes de empezar con planes de maternidad, lo cual las lleva a empezar este proceso cuando la etapa de fertilidad no está en su mejor momento. Por tanto, es probable que se requiera algún tipo de asistencia reproductiva”.

Paso uno: tomar la decisión

“En este proceso, considero que hay dos tipos de mujeres: las que saben con certeza que quieren ser mamás y no tienen planes de esperar al hombre ideal; y otras, como yo, que a los 36 años, después de terminar una relación y al ser conscientes de que la fertilidad disminuye, vemos en la maternidad asistida en solitario una opción real”, cuenta Diana Montoya.

En un primer momento, Diana no tenía en la cabeza ser madre soltera. Sin embargo, decidió anticiparse y preservar sus posibilidades reproductivas a través de dos ciclos de congelación de óvulos. “Eso me dio mucha tranquilidad, porque sentía que si en algún momento encontraba pareja, aún tendría la opción de ser mamá, ya que tenía unos huevitos guardados”.

El caso de Luisa Ruge, diseñadora y cofundadora de Universo Marea, es parecido. Ella tomó la decisión de congelar óvulos mientras estaba en pareja, pero tras la ruptura entendió que sus ganas de ser madre seguían presentes y que el reloj biológico no tenía intención de esperar. Así, decidió continuar el proceso por su cuenta.

“Conocí esta posibilidad en Inglaterra, pero tomé la decisión de llevarlo a cabo en Colombia no solo por un factor económico (en libras esterlinas, en euros o en dólares, el proceso es prácticamente impagable), sino también por lo que implica criar a un hijo cerca de su familia, de sus abuelos y de una red de apoyo”, afirma Luisa.

Paso dos: asumir el riesgo

Tomar la decisión de ser madres no es fácil, incluso para quienes tienen pareja estable y una vida financiera sin demasiados altibajos. La maternidad implica, por definición, grandes retos y responsabilidades, y, por tanto, incertidumbres y muchos miedos.

Ahora bien, cuando esa decisión se toma en solitario, el desafío adquiere otra dimensión. Se necesita un coraje sobrehumano para asumir todo lo que viene –hormonas enloquecidas, parto, lactancia, noches sin dormir, pago de colegios, vacaciones, crianza, etcétera– por cuenta propia.

A esto se suma que los procedimientos de reproducción asistida, como la congelación de óvulos, la inseminación artificial o la fertilización in vitro, pueden representar una inversión significativa y, en Colombia, no suelen estar cubiertos por los seguros de salud.

“Hay muchas mujeres a quienes sus parejas las abandonan y empiezan su maternidad en ceros. Nosotras, las madres autónomas por elección, empezamos en rojo. Por eso, creo que un gran consejo es contar con seguros que respalden el futuro de nuestros hijos por si llegamos a faltar y capacitarnos en educación financiera”, comenta Luisa Ruge.  

Sin embargo, los retos no son únicamente económicos. También aparecen cuestionamientos y barreras sociales o religiosas de quienes ven esta como una opción non sancta al interferir de cierta forma con los terrenos religiosos o por cruzar alguna línea ética autodefinida.

“¿Qué pensará mi hijo o hija de la elección que tomé? ¿Estará de acuerdo? ¿Me reprochará por haberlo traído al mundo sin la opción de tener un papá?”, son algunas de las preguntas que surgen en las cabezas de ellas y para cada una las respuestas serán muy diferentes. 

“Aunque el deseo de ser madres es algo que tenemos en común todas las mujeres que nos sometemos a este proceso, es bastante normal que algunas se sientan apabulladas, tristes, asustadas o frustradas por no poder concebir de una manera más tradicional, o como parte de un sueño en pareja”, dice Diana Montoya. 

Por eso, la doctora Deschamps insiste en la importancia de tomar una decisión informada, en valorar los pros y los contras, resolver dudas con el médico tratante y contar con acompañamiento psicológico de ser posible, para que, a la hora de entrar en acción, la paciente esté absolutamente convencida y pueda afrontar el proceso.

Paso tres: buscar información

En Colombia existen varias clínicas especializadas en fertilidad y reproducción asistida, donde este tipo de procedimientos se practican con éxito desde hace varias décadas, así que es posible acceder a información técnica a través de ellas y de sus páginas web. Incluso, el ginecólogo tratante puede ayudar a aclarar dudas y explicar en qué consisten las diferentes opciones, según el caso de cada paciente. 

Profamilia también tiene un departamento que se especializa en atender temas de fertilidad y sus especialistas, tanto médicos como psicólogos, están disponibles para resolver todas las dudas existentes.

Sin embargo, más allá de la información clínica, en el país no existe información suficiente en cuanto a experiencias se refiere. Fue esto lo que llevó a Diana Montoya y a Luisa Ruge a crear Universo Marea, una plataforma de acompañamiento y empoderamiento donde comparten aprendizajes sobre este modelo de maternidad.

“Viví casi toda mi vida fuera del país, así que este tipo de maternidad no era ajena para mí. En Estados Unidos y en Europa es más común, así que encontré podcasts, libros y personas cercanas que podían hablar sobre el tema. Pero en español casi no había nada. Estoy segura de que, sin esas referencias, tomar la decisión habría sido mucho más difícil”, cuenta Ruge.

Por su parte, Diana Montoya asegura que, antes de empezar su proceso, conocía dos casos en Colombia de mujeres que habían optado por este camino, pero, a diferencia de Luisa, nunca encontró material que pudiera darle luces en cuanto al proceso, en especial en la parte humana y social, al que iba a enfrentarse. “Con Universo Marea (@universomarea) queremos ilustrar esta realidad y sus matices. Queremos ser un faro para que otras mujeres se sientan más tranquilas a la hora de preguntar o de tomar acción, que vean que existe la posibilidad de maternar en tribu, que sepan que es cierto que van a tener que pedir muchos favores pero que está bien: los abuelos, los tíos, los amigos cobran un papel mucho más protagónico. A partir de Marea buscamos investigar, crear grupos de apoyo, y hacer coaching grupal para madres (o padres) valientes que optamos por esta vía”, comenta Montoya.

Paso cuatro: ir con el especialista

El proceso comienza en el consultorio del ginecólogo, quien evalúa las características físicas y fisiológicas de cada paciente: su edad, antecedentes de fertilidad y posibles condiciones como endometriosis u otras enfermedades.

Será el médico quien pedirá a la paciente una serie de exámenes para entender cómo están sus hormonas, sus órganos reproductivos y su reserva ovárica. A partir de allí, y teniendo en cuenta el momento de vida de la paciente y su deseo de maternidad, se define el camino a seguir.Una de las primeras opciones es la inseminación artificial con donante de esperma, explica la doctora Diana Téllez, especialista en ginecología, obstetricia y endocrinología ginecológica adscrita a Colsanitas. Este procedimiento consiste en introducir, durante el periodo de ovulación, el semen previamente seleccionado por la paciente en un banco de esperma. Es una alternativa menos costosa, siempre que no

La tasa de éxito de la inseminación artificial ronda el 20 %, y existe una probabilidad cercana al 15 % de embarazo múltiple, según la doctora Deschamps.

La segunda opción es la fertilización In Vitro con donante de esperma y óvulos propios, confirma la doctora Téllez. En este caso, los óvulos de la mujer se extraen (pueden congelarse por un tiempo o usarse inmediatamente, según la necesidad de la paciente), se fecundan en el laboratorio con el semen del donante y, finalmente, el embrión o los embriones idóneos se introducen en el útero, mediante una transferencia. Según explica la especialista Duchamps, este procedimiento puede aumentar la tasa de éxito entre el 35 % y el 45 %.

Cuando no se pueden usar óvulos propios, también se puede recurrir a la donación de óvulos. Este, por supuesto, sería el procedimiento más costoso porque incluye el valor de ambos donantes, el costo del trabajo clínico y el del laboratorio, pero ofrece las tasas de efectividad más altas, cercanas al 70 %.

En el caso de la congelación de óvulos, el proceso implica costos por cada extracción (que puede variar en cantidad y calidad según la paciente), más los meses o años requeridos de almacenamiento, que debe mantenerse a una temperatura de 196 grados centígrados en nitrógeno líquido.

En todos los casos, la edad es un factor determinante. Lo ideal es extraer óvulos, hacer una inseminación artificial o una fertilización in vitro antes de los 30 años y, en lo posible, antes de los 35, explica la doctora Téllez. Esto por supuesto no juega muy a favor de las mujeres que buscan su realización profesional o la llegada de la pareja adecuada, antes de iniciar su maternidad. 

También es importante tener en cuenta que la mayoría de estos procesos incluyen tratamientos de estimulación ovárica con hormonas, que pueden generar efectos secundarios como hinchazón abdominal, dolor, náuseas o sensibilidad en los senos, entre otros efectos secundarios, advierte la especialista.

Paso cinco: elegir el donante

En Colombia y en muchos otros países, los donantes de esperma acuden a los bancos de esperma de manera voluntaria y altruista (aunque recibe un incentivo económico), bajo la promesa de que su identidad será anónima en todo momento. 

Sin embargo, en países como Estados Unidos, la legislación permite al donante optar por permanecer anónimo o aceptar que, al alcanzar la mayoría de edad, el hijo o hija pueda conocer su identidad e incluso establecer algún tipo de contacto. También existen casos en los que el donante está dispuesto a interactuar con la madre desde el inicio del proceso.

Algunas clínicas en Colombia tienen convenios con bancos internacionales, lo que amplía las opciones disponibles para las pacientes.

“Cuando mi médico me dio la opción de un banco norteamericano, a pesar de que el valor era mayor, la elegí sin mayor duda, porque no solo me podían dar la historia clínica, una foto del donante y algunos escritos que me daban alguna idea de quién era, sino que también existía la posibilidad a que mi hijo pudiera conocerlo si es que en el futuro sentía la necesidad de hacerlo”, afirma Luisa Ruge.

Para Diana Montoya, “cuando uno busca un donante en Colombia, es posible pedirle al banco ciertas características físicas como el grupo sanguíneo, la raza, el color de ojos, la altura, etc. En los catálogos de Estados Unidos uno puede elegir muchas otras cosas, como por ejemplo la religión, la profesión, los gustos, su descendencia, entre otros”.

“Hoy además, –continúa la fundadora de Universo Marea– eexiste una discusión global impulsada por distintos grupos sobre el derecho de las niñas y los niños a conocer con quienes están relacionados genéticamente y, por eso, no son partidarios del anonimato. Esto ha llevado a que países como Reino Unido o Francia cambien su legislación para abrir esa puerta”.

Hay que tener presente que en genética nada está dicho. Y, aunque se tengan en cuenta las sugerencias de la compradora, estas pueden no verse reflejadas en las características físicas del bebé. “Sucede incluso en familias biológicas, los niños no se parecen a sus padres”, explica Montoya. 

Lo que sí garantizan los bancos de esperma es un proceso riguroso de selección de donantes, que incluye evaluaciones médicas, físicas y psicológicas, con el fin de reducir riesgos y velar por la salud del futuro bebé. Este proceso contempla entrevistas para revisar antecedentes médicos, familiares y personales; chequeos médicos, exámenes de laboratorio, estudios genéticos y psicológicos, explica la especialista de Profamilia.

Paso seis: la crianza

Que un embarazo llegue a término requiere de un montón de variables. En los embarazos asistidos, cada uno de los pasos podría no resultar: no todos los óvulos que se extraen son buenos, no todos los que se fertilizan producen embriones óptimos y, no todos los embriones van a sobrevivir en el útero. Por eso, en muchos casos, es necesario realizar más de un intento y aun así no hay garantías de éxito.

Sin embargo, que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Como en cualquier camino hacia la maternidad, los desafíos hacen parte del proceso. Ni siquiera el factor económico debería ser una limitante, explica la doctora Deschamps, muchas clínicas de reproducción ofrecen facilidades de pago, y existen alternativas como el ahorro programado o la financiación, tal como ocurre con otros proyectos de vida. Cuando el deseo de ser madre es claro, lo habitual es que cada mujer encuentre la forma de hacerlo posible.

“Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que es la decisión más linda que he tomado en mi vida. Descubrir a mi hija cada día es un sueño: aquello en lo que se parece a mí o a mi familia, y en aquello que es tan propio de ella. Mi hija es mi felicidad, y mi compromiso con ella es darle lo mejor que pueda y ser honesta desde el principio: que, según su edad y madurez, tenga el conocimiento y las herramientas para entender su historia. Que sepa que viene de un lugar diferente al tradicional, pero lleno de amor y completamente válido, para que en el futuro pueda procesarlo a su manera”, concluye Montoya.