Hoy sentimos que todo ocurre demasiado rápido: noticias, mensajes, cambios en el trabajo, la vida de los demás. Cada notificación es un recordatorio de que algo nos exige, nos presiona, nos acelera. Esa tensión en el pecho al cerrar el teléfono es ansiedad colectiva, un malestar compartido que nos recuerda que vivimos en un mundo que parece no detenerse nunca.
La ansiedad es diferente a la de hace décadas. Las redes sociales, las noticias constantes y los giros laborales que parecen afectarnos a todos al tiempo, alimentan un malestar compartido. Se manifiesta como una presión en el pecho que nos recuerda que el mundo no se detendrá por nosotros: eso es la ansiedad colectiva.
No se trata de una nueva patología. La psicóloga Nidia Yineth Prado, especialista en psicología médica y de la salud de la Fundación Universitaria Sanitas, explica que la 'ansiedad colectiva' es una manera de describir experiencias compartidas por una comunidad. Por ejemplo, la incertidumbre de ver cómo varios compañeros son despedidos de su trabajo o cómo aumenta la criminalidad en una ciudad. Es la suma de preocupaciones individuales y un amplificador emocional que nos dice que algo no anda bien.

¿Es posible eliminar la ansiedad?
Antes de estigmatizarla, debemos entender que la ansiedad es una respuesta humana esencial. En dosis moderadas, nos mantiene alerta, favorece la concentración y nos prepara para reaccionar ante amenazas. Por ello, más que eliminarla, el objetivo es aprender a regularla y tratarla.
Al respecto, la doctora Daybeth Tapias, psiquiatra adscrita a Colsanitas, explica: “El cerebro es una máquina de anticipación, que responde según la experiencia, conocimiento y educación”. Sin embargo, la sobrecarga actual de información nos lleva a vivir en un estado de alerta permanente. Es el equivalente a acelerar un motor sin permitir que se enfríe: un estado de desregulación autonómica crónica.

¿Cuándo la ansiedad se convierte en un problema?
Antes de estigmatizarla, debemos entender que la ansiedad es una respuesta humana esencial. En
La ansiedad combina emociones como el miedo, la tristeza y el temor. Gracias al desarrollo cognitivo, nuestro cerebro es capaz de crear escenarios hipotéticos: desde el nerviosismo por hablar en público hasta la inquietud ante alguien que nos atrae. Hasta este punto, la respuesta es normal y adaptativa.
Sin embargo, el panorama cambia cuando la ansiedad se desborda y comienza a interferir con la vida cotidiana. “Deja de ser adaptativa cuando domina en lugar de informar. El punto de quiebre ocurre cuando la ansiedad se convierte en nuestro estado basal; es decir, en nuestra base diaria. Deja de ser una reacción al mundo y se vuelve una patología”, explica la psiquiatra Tapias.
Los síntomas físicos son indicadores críticos de que la ansiedad ha dejado de ser una respuesta momentánea. La dificultad para conciliar el sueño, la falta de concentración, la irritabilidad constante o una sensación de zozobra sin motivo aparente son señales que no deben ignorarse. La conexión entre la mente y el cuerpo es profunda, especialmente en el sistema digestivo. Al respecto, la psicóloga Prado añade: “Muchos sentimos las emociones en el estómago, un órgano estrechamente vinculado al sistema nervioso. Por esta razón, es común que aparezcan molestias gastrointestinales cuyo origen es, en realidad, de carácter psicológico”.
Estrategias para regularnos mientras seguimos funcionando
Un primer paso para recuperar el equilibrio es aprender a distinguir nuestras emociones. Aunque suelen confundirse, el estrés y la ansiedad operan de formas distintas. De manera simple, el estrés surge ante desencadenantes claros, como una fecha límite para entregar un trabajo o un compromiso urgente. En cambio, la ansiedad tiene un origen más difuso y persistente: muchas veces no sabemos qué la provoca y sus factores pueden ser internos. “Quienes estamos expuestos a estresores de forma constante podemos desarrollar ansiedad e incluso trastornos ansiosos”, explica la psicóloga Prado.
Una vez identificada la respuesta, estas son algunas herramientas de regulación:
- No confunda su personalidad con la ansiedad. Ser hiperproductivo o perfeccionista no siempre define quiénes somos; a veces es un mecanismo de defensa. Incorpore técnicas de respiración consciente y meditación (mindfulness), pues ayudan a regular el sistema nervioso.
- Cuestione sus escenarios imaginarios. La psiquiatra Marian Rojas Estapé señaló en la Conferencia Aprendemos Juntos de BBVA que el 90% de nuestras preocupaciones jamás ocurre. Aprender a evaluar la probabilidad real de nuestros temores ayuda a desactivar la alerta innecesaria.
- Reduzca la autoexigencia. Aceptar que no siempre podemos dar el máximo nivel permite que el error sea parte un del aprendizaje y no una fuente de angustia. El perdón propio es clave para el avance emocional.
- Cuente con acompañamiento profesional, si es posible. Fortalecer la red de apoyo, dedicar tiempo a la espiritualidad o retomar un hobby también son apoyos valiosos, pero la guía de un especialista es insustituible para un tratamiento integral.



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