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Lia Samantha

Una declaración de identidad convertida en diseño

Fotografía
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Lia Samantha es heredera de un oficio familiar y creadora de un lenguaje propio. Ha convertido la memoria en diseño. Su trabajo es la continuación de un legado que empezó con un padre costurero, en Condoto, Chocó.

En la casa de Lia Samantha, en Bogotá, hay una máquina de coser que no se usa. No por anticuada, sino porque hoy es un símbolo. Es la misma máquina en la que su papá cosió durante 40 años, con la que ella aprendió a coser a los 8 y la misma que, sin saberlo, definió el rumbo de su vida. “En mi casa no hubo lujos, pero sí hubo una máquina de coser”, recuerda. Ese, para ella, fue el verdadero privilegio: crecer rodeada de un oficio que venía de generaciones atrás.

La historia empieza mucho antes de que su nombre apareciera en las etiquetas de su marca. La primera diseñadora de la familia fue su tía abuela paterna, heredera de una tradición que luego pasó a su abuela; después a su papá, quien hacía arreglos de ropa en la puerta de la casa familiar en Condoto, Chocó, los sábados a las cuatro de la tarde, y finalmente a ella. De ese linaje nacen su sensibilidad y sus colecciones, inspiradas en colchas de retazos, oficios domésticos y técnicas que las mujeres de su familia dominaron durante décadas.

Cuando la familia migró a Bogotá, la escena era la misma: máquinas encendidas, tela sobre las piernas, puntadas precisas y conversaciones cruzadas. Lia creció viendo a su papá coser; alternaba entre abogado, boxeador y artesano. De esos fragmentos tejidos nació una certeza: “La moda no es solo ropa, es una manera de narrar quiénes somos”, afirma.

Lia Samantha

Cuando la identidad se vuelve camino

Aunque estudió diseño de modas, Lia siempre ha dicho que su verdadera escuela fue la cultura. “En la adolescencia creé un grupo de rap, pertenecí a la movida hip hop y fui vocalista de reggae. Siempre tuve esa relación con la música, las artes y la cultura”, recuerda. Fue así como empezó a empaparse de la estética afro, a entender sobre pertenencia e identidad, sobre expresión.

Por eso, cuando empezó a diseñar, no miró hacia París ni hacia las tendencias internacionales. Su radar estaba dentro de su casa, en el barrio Calvo Sur, en la escena cultural de Bogotá y en la historia de su propia familia. Diseñaba para contar algo, para entender y para representar una cultura que había aprendido primero por la música y después por la ausencia de referentes en los medios.

Lia conserva la máquina de coser en la que su papá cosió durante 40 años, con la que ella aprendió a coser a los 8 y la misma que, sin saberlo, definió el rumbo de su vida

La ropa ancha de su adolescencia, por ejemplo, tenía significado: “Era una forma de protegerme, una armadura emocional. Con los años entendí que todo en la moda opera así; nada es casual, todo nace de una emoción o una necesidad colectiva. Para mí, la moda habla de cómo se siente la sociedad”, dice. Y ese principio ha guiado cada una de sus colecciones.

Durante años construyó su marca a punta de trabajo y calle. Cuando sintió que tenía una colección lo suficientemente sólida para mostrar, pensó en Colombiamoda. Averiguó requisitos, revisó la convocatoria y se detuvo: el formulario pedía indicar la escuela de graduación y Lia había dejado la universidad para dedicarse a su taller, así que cerró la página y siguió cosiendo.

Una semana después, sin haber enviado nada, como si hubiera sido un llamado del universo, recibió un mensaje: Colombiamoda quería invitarla a participar. Un equipo de cazatalentos había encontrado su trabajo, lo había propuesto y todo el comité había dicho que sí. De esta manera llegó en 2014 a una de las pasarelas principales de la feria con la colección EveryDayAfro, profundamente conectada con la cultura afro, el color y la identidad.

Lia Samantha

Un estilo asentado en las raíces: color, tejidos y significado

Para Lia Samantha, vestirse desde las raíces no significa usar prendas tradicionales ni seguir códigos estéticos específicos: significa autenticidad y por lo tanto, coherencia. “Estar a la moda no es estar en armonía con los demás, sino en armonía con uno mismo”, explica. Por eso trabaja con símbolos, colores y formas que vienen de la tradición y que a su vez son universales.

Para ella, el color no es un recurso visual, sino emocional. Estudia sus vibraciones, su relación con los chakras y su impacto en el estado de ánimo. Igualmente, investiga sobre las fibras naturales que usa —algodón, lino, cáñamo—,  porque cree que la conexión entre el cuerpo y los materiales es profunda, energética y vital. Sus prendas no buscan llamar la atención, sino acompañar a quien las usa en todo momento. Creó, por ejemplo, una casulla llena de símbolos conectados con emociones y energía. “Esa prenda es la que más identifica mi marca. Además es una pieza que muchas personas aseguran que les da poder”. Y ese testimonio, dice ella, tiene todo el sentido: “La energía de quienes cosen las prendas también se queda en ellas”.

El proceso creativo: naturaleza, espiritualidad y memoria

Los años le han mostrado a Lia que su creatividad depende de dos factores: su entorno y su curiosidad. Le gusta despertar en espacios que la inspiran, cuidar las plantas que crecen con paciencia en su casa, leer sobre las estéticas de los pueblos tradicionales, investigar por qué una comunidad usa un color o una forma, preguntar a su familia cómo se vestían sus abuelas, cómo era su rutina y hasta qué soñaban.

Ahora mismo trabaja en una colección para la entrega de la Casa Raíz —la antigua Casa Villadelaida, hoy recuperada por el Ministerio de las Culturas— junto a las tejedoras de Mampuján, mujeres reconocidas mundialmente por su historia de resiliencia y por su técnica de tela sobre tela, que es un método artesanal que consiste en superponer y coser piezas de tela para crear imágenes, escenas o relatos textiles. La investigación incluye molas, archivos familiares y conversaciones íntimas. “De alguna manera, estoy haciendo todo lo que las mujeres de mi familia hubieran querido hacer y eso es algo que llevo en mi mente y en mi corazón a diario”, dice. Ese, para ella, es el propósito más grande: honrar los sueños que vinieron antes que ella.

Lia Samantha
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Lia Samantha

“De alguna manera, estoy haciendo todo lo que las mujeres de mi familia hubieran querido hacer y eso es algo que llevo en mi mente y en mi corazón a diario”,  Lia Samantha.

El bienestar como parte del oficio

Aunque su vida parece movimiento constante, su ritual más importante es sencillo: descansar. “Si pudiera trabajar durmiendo, lo haría”, dice entre risas. Después de entregar una colección, se permite parar, comer lo que le gusta, desconectarse de redes y volver a habitar su casa, que es su lugar favorito. Para mantenerse creativa necesita silencio, calma y espacios de soledad consigo misma.

También busca equilibrio involucrando a su familia en su día a día. Su mamá es su consejera constante, modelo ocasional y parte fundamental de sus procesos. Su padre sigue involucrado en el trabajo creativo y es el encargado de coser varias de las prendas de sus colecciones. Su hija, que vive fuera del país, es su recordatorio de coherencia: quiere que la persona que aparece en el ojo público sea exactamente la misma que existe en la intimidad de su casa. 

La comunidad que ha acompañado el trabajo de Lia Samantha en la moda, en redes y en sus talleres se convirtió en un lugar de pertenencia. Para ella, ese respaldo es un regalo que confirma que crear desde la autenticidad funciona. Hoy sueña con llevar su propuesta a escenarios internacionales para contar, desde la moda, la historia de su cultura en lugares donde aún no se narra. A quienes buscan su estilo o identidad, les recuerda que “ser uno mismo implica decepcionar expectativas ajenas”, pero también abrir un camino auténtico. Y es desde esa memoria, esa convicción y esa visión propia que Lia sigue cosiendo un lenguaje que hoy viste a miles de personas.

Este artículo hace parte de la edición 203 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.

Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.