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Vanessa de la Torre

La conciencia vital de Vanessa de la Torre

Fotografía
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La periodista caleña lleva 27 años trabajando desde diferentes lugares del mundo. Hoy, asentada en Bogotá, reconoce el eco que tiene su voz. Hablamos con ella sobre el valor de su oficio, la maternidad y las herramientas de salud mental que le han permitido navegar la vida.

El primer libro que escribió Vanessa de la Torre ya lleva siete ediciones. Historias de amor en campos de guerra, que reúne seis crónicas de mujeres atravesadas por el conflicto armado, se ha convertido en un referente en los colegios. Vanessa se siente orgullosa porque lo escribió, en parte, para explicarles a sus hijas el valor de su trabajo y sus ausencias en casa. “Sé que ellas ahora son conscientes del valor de ese sacrificio que hago cuando tengo que dejarlas y perderme eventos de su cotidianidad. Me costó asumirlo, pero a ellas el mundo, tal vez, les va a costar menos de lo que nos costó a otras mujeres, porque la historia femenina está hecha de un montón de mujeres que rompieron límites. Pero los derechos de las mujeres siempre están pendiendo de un hilo. Por eso no podemos descuidarnos”, confiesa.

En la pandemia empezó a escribir su segundo libro, pero no pudo terminarlo porque se sentía agobiada.  El covid le dejó, entre otras secuelas, una parosmia: un trastorno del olfato que se caracteriza por la confusión de los olores. “Todo me olía a putrefacto, a podrido, a quemado, a gasolina, a muerte, todo el tiempo, durante muchos meses. Me costó salir de ahí. Nunca volví a ser igual, no volví a oler como olía antes. Nada me gusta del todo. Me cambió la relación con la gastronomía, con los perfumes, con las personas”, cuenta Vanessa. Su relación con la muerte también cambió. Fue testigo de muchas en esa época.

Vanessa de la Torre

Hago psicoanálisis desde los 15 años. Es maravilloso porque es entender cómo funciona el cerebro, cómo funcionan tu conciencia y tu inconsciencia.

Cada mañana, en Caracol Radio, Vanessa llevaba la cifra de fallecidos por coronavirus. Contaba también la experiencia de los médicos que luchaban por salvar vidas. Estuvo en contacto directo con enfermeras, neumólogos y otros especialistas de todo el país. Y en ese ejercicio encontró la inspiración para su segundo libro, que por fin terminó y será publicado en febrero de 2026. El olor del fin del mundo nos trae una serie de historias de amor cruzadas por la pandemia. “A mí me encanta hablar, escribir y leer sobre el amor, porque me alivia”, comenta la periodista.

Hablando de esa fascinación que tienes por el amor, ¿qué sientes por Cali, por el Pacífico colombiano?

A mí me corre el Pacífico en las venas. Por el lugar en el que nací, por el primer mar que conocí, por esa selva que tanto he recorrido. Mis padres me enseñaron a amar el Pacífico. Eso me hizo una persona con un espíritu salvaje, libre. Siempre quiero algo distinto a lo que tengo; me seduce el mundo, la gente, explorar. Soy curiosa en cada milímetro de mi ser. Salí de mi casa en Cali muy joven, estudié en Bogotá. Viví en Washington, en el Medio Oriente, en Nueva York. Viajé por India, Nepal… Siempre he sido andariega, con mi morral al hombro. Reportera. Me asenté cuando volví a Colombia, tuve dos hijas y empecé a trabajar como periodista. Pero el Pacífico me habita en todos mis andares.

¿Te defines como una mujer que está siempre en búsqueda?

Sí. No soy una mujer que se conforma. Nada me parece suficiente y eso tiene sus pros y contras. Soy muy exigente conmigo y con mi entorno, y esto a veces puede ser agotador. Cuando termino una entrevista me pregunto si quedó bien, si pude haber preguntado otra cosa… No es que sea inconforme; es que nada me parece suficiente, siempre quiero más. Me costó mucho trabajo entenderlo, mucha terapia y mucha autoaceptación.

¿Qué ha sido lo más gratificante de ser mamá de dos niñas?

El instante diario. Verlas sonreír para ir al colegio, verlas meter un gol en un partido de fútbol, ver cómo disfrutan el mar, ver cómo se van independizando, cómo van construyendo sus propias personalidades… Eso es lo más gratificante, saber que estás formando individuos que aportan bienestar a la sociedad.

Vanessa de la Torre
Vanessa de la Torre

¿Y lo más difícil de la maternidad?

Cuando tengo que dejarlas. Explicarles y que entiendan que soy una mamá que, a veces, es ausente. Y explicármelo y asumirlo yo misma. Me pierdo también parte de la vida cotidiana porque estoy trabajando. Eso al principio me causaba mucha angustia. Ya no. Ahora les explico y sé que ellas son conscientes del valor de ese sacrificio porque ya saben que la mamá está tratando de construir, en medio de su trabajo y de sus ausencias, un mundo que para ellas va a ser mucho más gratificante y mucho más justo que el que les ha tocado a otras mujeres. Eso es difícil.

Lo más gratificante de ser mamá es el instante diario. Ver sonreír a mis hijas antes de ir al colegio, verlas meter un gol en un partido, ver cómo disfrutan el mar, cómo se van independizando, cómo van construyendo sus propias personalidades… 

Haces psicoanálisis desde los 15 años. ¿Cómo ha sido transitar la vida con esta herramienta tan poderosa?

En mi familia siempre trataron de cuidar la salud mental. Mi psicoanalista de cabecera es el mismo desde que era una adolescente. El psicoanálisis es maravilloso porque es entender cómo funciona el cerebro, cómo funcionan tu conciencia y tu inconsciencia. Te entrega unas herramientas para afrontar la vida con mucha conciencia. El psicoanálisis me da una comprensión de mí que no me la ha dado ninguna otra cosa.

¿Cómo alimentas tu bienestar?

Escribo y leo, que es finalmente parte de mi terapia. Creo que toda la dopamina me la dan leer y escribir. Y cuando no logro hacer ninguna de las dos, me siento desajustada. También asimilo las situaciones. Asumo cuando estoy contenta y lo vivo, asumo si estoy triste. Trato de ser muy consciente de cómo estoy, cómo me siento y en dónde estoy fallando. Yo he tenido episodios difíciles, como todos. Me he divorciado dos veces; enfrenté la muerte de mi padre, que fue algo muy doloroso, por ejemplo. El ser humano está hecho de todo: de los miedos, de las seguridades, de la cotidianidad, de los dolores. Uno no puede quitarse de encima los dolores o las tragedias. Todo ese arsenal va por dentro. Yo voy lidiando con eso con el psicoanálisis y con otras terapias, con la meditación. Siento que  lo mío es la conciencia vital.

Vanessa de la Torre

¿Cómo te gustaría que tus hijas enfrentaran los momentos retadores de la vida?

Me gustaría que ellas no se dejaran desbordar por las emociones o por el dolor. Yo trato de que me abrume la alegría. Trato de sonreír, de mantener el optimismo a pesar de las dificultades. Pero es muy difícil mantener el optimismo cuando habitamos en este país, donde todo el mundo tiene un problema mayor o unos miedos muy profundos. Los hijos siempre son satisfacciones, pero también son miedos. Me gustaría que trataran de hacer lo que a mí me ha funcionado: establecer relaciones que puedan manejar, relaciones que les aporten beneficios. Trato de hablarles mucho, de darles herramientas para que puedan afrontar su crecimiento, que es difícil: los amores, los desamores, los cambios de la vida…

Este artículo hace parte de la edición 203 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.

Mónica Diago

Mónica Diago es editora de la revista Bienestar. Ha trabajado principalmente como periodista ambiental, pero desde que se convirtió en mamá ha enfocado su trabajo en visibilizar la importancia de la crianza consciente y respetuosa. Disfruta las caminatas, las montañas, los ríos y los libros ilustrados infantiles.