Desde hace casi un siglo, una crema secreta de origen griego se ha sumado al boli de corozo y el raspao de kola como antídoto refrescante al calor quillero. Conoce su historia.

Después de trabajar como mesero en Nueva York, el griego Andrés Aristidu se asoció con Nicolás Angelogeanopoulos con la idea de crear una heladería en la que se sirvieran sánduches y brunches.
La fundaron en 1936 con el nombre "Lunchería Americana" en un local del Paseo Bolívar, en pleno corazón del entonces cosmopolita centro de Barranquilla.
En 1957, se constituyó formalmente la Heladería Americana. Y en 1973, abrieron otro emblemático punto en la carrera 43 con 72. En esta última, desde hace más de cincuenta años, se dan cita cada tarde cientos de barranquilleros y una legión de cotorras que elevan vuelo desde un árbol vecino a las cinco de la tarde.


Del hielo a la crema
Los primeros nevados saborizados —una especie de raspaos antiguos— se remiten a China hace casi 2000 años. Como muchas apropiaciones de Oriente, la receta viajó a Europa en tiempos de Marco Polo y evolucionó en Italia, hacia el siglo XVIII, al incluir leche y tomar la textura cremosa de los actuales gelatos. La producción industrial y el nacimiento de la gelateria tendrían que esperar hasta la popularización de la refrigeración doméstica. La heladería, como espacio de encuentro, es un fenómeno cultural del siglo XX y su llegada a América es inseparable de una iconografía colorida que aún vive en la Heladería Americana.


En los años treinta, cuando Andrés Aristidu creó esta crema morena adosada con intensa salsa roja, no esperaba que su receta se convirtiera en un ícono barranquillero que durante noventa años ha criado a tantas generaciones como el raspao de kola con leche.
Aunque su nombre da una pista equívoca, según el gerente de la Heladería Americana, Antonio Mandralis, el Frozo Malt no está hecho a base de malta. Lo poco que se puede revelar de la receta es que la mezcla roja incluye frutas tropicales y que sin la galleta danesa no sabe igual.
El amor en los tiempos del cólera
Mientras la Heladería Americana vivía sus primeras décadas de esplendor, entre los años cuarenta y cincuenta, Barranquilla era un foco de desarrollo con intensa actividad portuaria, pionera en la aviación y la radio. Esa intensidad industrial y cultural hizo del centro de la ciudad un lugar excitante en el que se cruzaban empresarios, migrantes, aventureros, artistas y escritores, como los que acabarían formando el Grupo de Barranquilla.
Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón y Álvaro Cepeda Samudio fueron las figuras más resonantes de un efervescente movimiento cultural que convirtió a lugares como La Cueva en hitos de una nueva ciudad que hacía eco de las vanguardias en el trópico.
Por esos años, Gabo era asiduo de la Heladería Americana; décadas más tarde, el Nobel le dedicó una escena de El amor en los tiempos del cólera en la cual Florentino Ariza y América Vicuña comparten un helado al borde de la despedida:
"La llevó a la Heladería Americana, desbordada a esa hora por los padres que comían helados con sus niños bajo los ventiladores de grandes aspas colgados del cielo raso".





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