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menopausia

Bienvenida la edad de fuego

Ilustración
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La menopausia es una transición biológica que durante años se ha vivido en silencio. El libro Edad de fuego, del doctor Andrés Daste, propone una mirada empática y clara para entenderla sin miedo.

“Doctor, siento que me estoy deshaciendo por dentro”. Esta frase la escucha con frecuencia Andrés Daste, ginecólogo y endocrinólogo adscrito a Colsanitas. Llega acompañada de rabia, miedo, vergüenza y una sensación de pérdida difícil de nombrar. Su respuesta suele ser la misma: “No te estás deshaciendo, estás atravesando un cambio profundo. La menopausia no es una enfermedad ni una falla de tu cuerpo, es una transformación”.

El doctor Daste publicó recientemente Edad de fuego, un libro en el que parte de siete historias reales, para analizar una etapa que, aunque biológica, es también profundamente simbólica. Una frontera en la que el cuerpo cambia, el ciclo menstrual se detiene, la ventana de fertilidad se cierra, pero la vida abre un nuevo capítulo.

Hoy, gracias al aumento en la esperanza de vida, se calcula que muchas mujeres pasarán hasta un tercio, e incluso cerca de la mitad de su vida en la etapa posmenopáusica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las transformaciones asociadas a la menopausia impactan la salud física, emocional, mental y social, y el modo como se atraviesa este momento está fuertemente determinado por la historia de vida, los hábitos y el contexto de cada mujer. La menopausia es una transición que bien comprendida y acompañada es un terreno fértil para el bienestar y el propósito de vida.

¿Qué es la menopausia?

Según el doctor Daste, se debe pensar la menopausia como un capítulo dentro de una historia más larga llamada el climaterio. Esta es “una etapa de transición secundaria a la disminución de la producción de hormonas”, explica. Los estrógenos, la progesterona y la testosterona no solo sirven para preparar el útero para un posible embarazo. También “tienen receptores en todo el cuerpo: en la piel, en el cerebro, en el sistema inmune, en las articulaciones, en el sistema cardiovascular. Por eso cuando empiezan a bajar, todo el cuerpo lo siente”, afirma el doctor. 

Los especialistas y la OMS describen este proceso en tres etapas. La premenopausia o perimenopausia, que suele comenzar entre los 40 y 45 años, se caracteriza por ciclos irregulares y cambios en el sueño, la energía o el estado de ánimo, incluso cuando los exámenes hormonales aún parecen estables. La menopausia corresponde a 12 meses consecutivos sin menstruación, sin otra causa que lo explique. Luego viene la posmenopausia: cuando se hacen más evidentes los efectos de la disminución hormonal a largo plazo, como el aumento del riesgo de osteoporosis, enfermedad cardiovascular o ciertos cambios cognitivos.

Lo importante, según el doctor, es “entender que estos cambios no ocurren de un día para otro ni se viven igual en todas las mujeres. Los síntomas son muy variados y dependen de cada mujer. Hay quienes tienen muchos y hay quienes casi no sienten nada en esta etapa”.

Bien comprendida y acompañada, la menopausia es un terreno fértil para el bienestar y el propósito de vida. 

Un cambio biológico atravesado por la cultura

¿Por qué entonces cuesta tanto hablar de la menopausia? ¿Por qué sigue asociándose al silencio o la vergüenza? “Durante siglos, muchas culturas veían a la mujer menopáusica como la mujer sabia”, afirma Daste. “Ya no sangraba en sincronía con la luna, ya había acumulado experiencia y podía transmitirla a su comunidad”.

Con el tiempo, sin embargo, la mirada cambió. “Empezamos a valorar a las personas casi exclusivamente por su productividad. Y en ese contexto, una mujer que entra en menopausia y puede subir de peso, tener cambios de ánimo, perder algo de concentración o dormir peor, se convierte en sinónimo de vejez”, agrega el doctor.

A esa carga cultural se suma un factor clave: la falta de educación. La menopausia poco se menciona en el colegio, en la consulta médica, o en el entorno laboral. Muchas mujeres ni siquiera identifican que lo que sienten está relacionado con esta transición.“La falta de educación hace que muchas vivan la transición desde la vergüenza y no desde el conocimiento”, afirma.

Los mitos de la edad de fuego

En la consulta del doctor se repiten frases que revelan miedos profundos: “La menopausia es vejez”, “Estoy en una edad en la que ya no puedo cambiar nada”. Estos mitos son justamente los que él desarma cada día en su consultorio y también en el libro cuyo título hace referencia al calor característico de esta etapa, convertido en una llama que evoca fuerza y transformación.

Derribar estos mitos implica volver a la evidencia médica. La menopausia no es sinónimo de vejez, sino una transición biológica normal que marca el final de la etapa fértil, no de la vida. Tampoco disminuye el valor personal. Muchas mujeres toman decisiones importantes en esta etapa, desde reorganizar su vida laboral hasta replantear vínculos y proyectos. Y la vida sexual no se termina: aunque la caída de estrógenos puede generar sequedad o molestias, existen tratamientos eficaces y un abordaje integral que la OMS reconoce como parte esencial de la salud femenina.

El cuerpo también habla: síntomas y tratamiento

Aunque la menopausia no es una enfermedad, puede traer, a algunas mujeres, síntomas intensos que afectan la calidad de vida, como sofocos, sudoraciones nocturnas, insomnio, cambios de ánimo, ansiedad, palpitaciones, dolor articular, niebla mental, aumento de peso, disminución del deseo sexual, entre otros.

Sin embargo, es posible llegar a la menopausia con herramientas para mejorar estos síntomas. El doctor Andrés Daste explica que hábitos como “el consumo elevado de azúcar y ultraprocesados, el tabaco, el sedentarismo y el alcohol aceleran el desgaste ovárico”. Cuidar desde temprano la alimentación, el sueño, la actividad física y el manejo del estrés fortalece la respuesta del organismo.

“Una nutrición basada en proteínas, verduras, grasas saludables y bajo consumo de harinas refinadas ayuda a regular la inflamación y a proteger huesos y corazón. El movimiento regular, ejercicios de fuerza, caminatas o prácticas como yoga mejoran el metabolismo, el ánimo y el descanso. Dormir entre siete y ocho horas favorece la reparación hormonal y cognitiva, y las prácticas que regulan el estrés (meditación, terapia o hobbies) ayudan a mantener el equilibrio emocional”, agrega el doctor.

Cuando estos pilares están presentes, cualquier plan de acompañamiento funciona mejor. A partir de esa base pueden considerarse distintas estrategias y tratamientos para mejorar los síntomas. Cada caso requiere evaluación médica individual, pero el punto de partida siempre será un estilo de vida saludable que apoye la transición.

El consumo elevado de azúcar y ultraprocesados, el tabaco, el sedentarismo y el alcohol aceleran el desgaste ovárico.

Terapia hormonal: de los miedos a la evidencia actual

La terapia hormonal suele generar dudas y controversias, en parte porque durante años circularon interpretaciones confusas sobre sus riesgos. En términos simples, esta terapia consiste en administrar las hormonas que el ovario deja de producir, principalmente estrógenos y, cuando corresponde, progesterona, en dosis bajas y controladas, ya sea en parches, geles, pastillas o tratamientos locales. 

Su objetivo es aliviar los síntomas derivados de la caída hormonal y proteger sistemas que dependen de estos compuestos, como los huesos, la piel, el sueño y la salud vaginal. Organizaciones como la North American Menopause Society y la Universidad de Harvard señalan que es el tratamiento más eficaz para los sofocos y uno de los más importantes para prevenir la pérdida de masa ósea. También destacan que, iniciada en ese rango de tiempo, puede ayudar a proteger el corazón, reducir fracturas y mejorar la calidad de vida sexual y vaginal.

“Mi conclusión es que la terapia de reemplazo hormonal, formulada por un médico y tras estudiar bien a la paciente, es segura y es la mejor alternativa para el manejo médico de una mujer con síntomas de menopausia, osteoporosis asociada o menopausia precoz”, afirma Daste. Cuando no está indicada o la mujer prefiere no usarla, existen alternativas efectivas: medicamentos no hormonales para los sofocos, tratamientos locales, acompañamiento terapéutico, acupuntura y enfoques mente-cuerpo. Lo esencial es un plan individual acompañado por un especialista.

Reconectarse con el cuerpo y el sentido

Más allá de los tratamientos, es importante tener en cuenta lo que señala el doctor Daste en Edad de fuego: “la menopausia puede ser un momento para mirarse con más honestidad, preguntarse qué está funcionando, qué no, qué da bienestar y qué dejó de tener sentido”. Es una etapa que invita a dejar de actuar en automático y empezar a revisar el cuerpo, el ritmo y los vínculos desde otro lugar.

Las siete mujeres que protagonizan las historias del libro lo muestran de formas muy distintas. Laura vive un embarazo que reordena su vida, Elizabeth habla de recuperar su vanidad como un gesto de autonomía, Eliana encuentra en las palabras una forma de sostenerse, Danelia describe un reencuentro con su deseo, Catalina resume con claridad lo que quiere y lo que ya no quiere y Elena decide dejar de esconder esta etapa para habitarla con libertad.

La menopausia no se vive sola

La experiencia del doctor en consulta le ha mostrado algo constante: la manera como una mujer vive la menopausia está profundamente ligada al apoyo que recibe. “Esto no es algo que la mujer tenga que vivir en silencio y sola. Cuando el núcleo familiar es empático con esta transición, los síntomas suelen ser menores y la mujer busca ayuda más temprano”, señala Daste. 

Es clave que la pareja, los hijos, los amigos, entre otras personas cercanas puedan convertirse en una red que legitima, escucha y acompaña esta etapa. Que las personas cercanas entiendan lo que está pasando: que comprendan que los cambios de ánimo, el cansancio o los olvidos no son pereza ni inestabilidad, sino parte de una transición hormonal real que cambia por completo la vivencia. Según Daste, “ese reconocimiento evita la culpa, abre espacio para pedir apoyo y permite que esta etapa se viva con comprensión en lugar de vergüenza”.

En conclusión, la menopausia no es un fallo ni un final: es una transición profunda que merece ser hablada, entendida y acompañada. Informarse, derribar mitos y pedir una atención respetuosa hace parte del cuidado. Como insiste el doctor Daste, no se trata de “aguantarse”, sino de decidir cómo vivir la vida que sigue. Quizá esa “edad de fuego” no sea un incendio, sino una llama nueva que invita a mirar el cuerpo con más claridad y a caminar con menos miedo hacia lo que viene.

Este artículo hace parte de la edición 203 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.

Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.