El director general y co creador de la Fundación Gabo es un barranquillero muy cartagenero que en su infancia abrazó la timidez, pero gracias al Carnaval de Barranquilla se convirtió en precursor de la alegría y el sosiego. Estos sentimientos permean todos los ámbitos de su vida, incluido el periodismo.
Jaime es un ‘miti miti’ del Caribe con ancla de hierro en su colombianidad. Nació en Barranquilla, trabaja en Cartagena y es un viajero con una imprenta de arraigo muy fuerte por Colombia. Como es un gran conversador, las charlas le han rendido frutos. De una conversación honesta nació justamente uno de los proyectos más importantes de su vida: la Fundación Gabo, que se encarga de promover el poder transformador de investigar y contar historias a través del periodismo, la educación y la cultura.
La cita que dio origen a la fundación ocurrió en el Hotel El Prado, en Barranquilla, en 1993. Gabriel García Márquez lo buscó porque después de recibir el Premio Nobel de Literatura pensó en hacer talleres con periodistas para invertir el dinero recibido. Se conocían de antes, pues solían cruzarse en eventos culturales de la costa Caribe, como el Festival de Cine de Cartagena y el Festival Vallenato. Jaime se había graduado de Derecho en Bogotá, pero siempre había coqueteado con el periodismo. En ese momento era gerente del canal Telecaribe. Después de un sí a García Márquez y mucha planeación, la Fundación Gabo organizó su encuentro inaugural: el primer seminario sobre libertad de expresión en Colombia, que inspiró la creación de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).

Han pasado más de 30 años desde esa cita que transformó el oficio de muchos periodistas de la región y el rumbo de Jaime Abello Banfi. La fundación ha formado a miles de reporteros de América Latina a través de talleres, encuentros y estudios sobre periodismo, y ha apoyado su desarrollo profesional mediante becas y premios. El Festival Gabo, que crearon en 2013 y hoy realizan en Bogotá, se ha convertido en epicentro de la investigación periodística y en un motivo para celebrar la vocación por narrar. “Los talleres tienen que ser alegres como la vida, decía Gabo. Por eso el Festival es también una celebración de la palabra”, cuenta Jaime. En todos estos años, el co creador de la Fundación Gabo se ha convencido de que el periodismo debe representar una esperanza para la sociedad: “El periodismo debe dar explicaciones y mostrar caminos de solución. Debe investigar los problemas, pero también la responsabilidad y las maneras de solucionar esos problemas. Todo esto dándole voz a la gente de todos los rincones del mundo”, explica.

Un alma de carnaval
La fiesta y la alegría atraviesan la vida de Jaime desde hace mucho tiempo. Pero no siempre fue así. “Mi relación con el Carnaval tiene que ver con el reencuentro de un joven que perdió la timidez que lo caracterizaba en su niñez”. Luego de graduarse como abogado, regresó a Barranquilla para trabajar en la Cámara de Comercio y se convirtió en asistente de la dirección y secretario del Comité Intergubernamental del Atlántico. Entonces creó la Cinemateca del Caribe, trabajó en la fundación de Telecaribe y en 1982 comenzó a desfilar en comparsas junto a sus amigos. Ahí nació el grupo Disfrázate Como Quieras.
Al año siguiente estaba organizando el primer foro sobre el Carnaval de Barranquilla, una fiesta popular que disfruta en el alboroto de las calles y en las páginas de los libros, pues le gusta estudiar su relevancia como patrimonio cultural y fenómeno de participación ciudadana.
El afecto es un tesoro
La calma ha llegado a la vida de Jaime gracias a su espíritu de investigador y de periodista. Se ha interesado en estudiar religión, filosofía, meditación y, claro, ha aprendido también de las personas que lo rodean.
Trata de asumir la realidad con aceptación e integridad. Ha aprendido a convivir con lo que no le gusta sin entregarse a la desazón. Esa aceptación, que se ha convertido en una de sus búsquedas, implica entender que no somos perfectos ni estamos rodeados de gente perfecta. Que el afecto es un tesoro que se da no solo en una relación amorosa, sino también en la amistad y en la familia.
Sus relaciones más cercanas son su espacio natural de protección. “Los vínculos me nutren. Me dan gran orgullo mis hermanos. Nos cuidamos entre todos. Tengo además a mi esposo, Charlie, que siempre está velando por mí. Y, por supuesto, a mi red de amigos. Todo esa mezcla de afectos construye una solidaridad que me sostiene”, cuenta.
La lectura es también su cueva. Lee todos los días, y no solo lo que le genera placer y gusto. Ha aprendido a leer voces discordantes, a dialogar con aquellas ideas con las que no está de acuerdo. Imagina con frecuencia escenarios de confrontación, de contradicción, para ayudarse a entender la vida. Las obras de Tomás Eloy Martínez, Ryszard Kapuscinski, Javier Darío Restrepo, María Teresa Ronderos, Jon Lee Anderson, Leila Guerriero y Martín Caparrós han sido pilares en la esencia de la Fundación Gabo.
El libro más reciente que terminó fue Respira, de Prem Rawat, un relato sobre lo esencial que resulta entender la respiración. “No es solo un fenómeno biomecánico, es una conexión interna muy importante. La respiración marca el inicio y el fin de la vida, es lo único que compartimos todos los seres humanos y, sin embargo, es uno de los aspectos más ignorados de nuestra experiencia. Cada aliento es una victoria sobre la muerte, una señal de nuestra presencia desafiante en el mundo, de nuestra voluntad de persistir”, explica Jaime.
“Mi relación con el Carnaval de Barranquilla tiene que ver con el reencuentro de un joven que perdió la timidez que lo caracterizaba en su niñez”, Jaime Abello.
El presente y futuro del periodismo ante la Inteligencia Artificial
“El poder de la inteligencia artificial es algo que apenas empezamos a vislumbrar. La IA se va a convertir en un gran mediador del oficio. Va a ser una especie de acompañante, un facilitador del trabajo editorial. Pero esa ilusión de que la IA te arregla todo y te explica todo va a crecer, y los riesgos de esto son de distinto orden. La IA es una herramienta de control económico, mental y político, y esto lo saben muy bien en China y Estados Unidos. Hay que equilibrar las ventajas y los riesgos de esta herramienta, acudiendo siempre a la conciencia”, dice Jaime.
Para esclarecer esa conciencia periodística que debe primar en el oficio del periodista, Jaime explica cuatro pautas que pueden convertirse en una guía no solo para reporteros sino para lectores y consumidores de información:

1. Nunca alejarse de la verificación y la investigación. Comprobarlo todo. Mantener el espíritu de la reportería.
2. Poner la ética por encima de todo. Lo esencial de la ética es reconocer las consecuencias de lo que se hace periodísticamente. La manera de titular, de referirse a alguien, de presentar a un personaje debe responder a una conciencia periodística.
3. La creatividad es la mejor herramienta para atraer y retener a las audiencias. Hoy estamos compitiendo todos contra todos por la atención, por la relevancia. Esa competencia requiere una aproximación creativa a la manera como contamos las historias.
4. Un periodista debe estar familiarizado con la tecnología. No podemos limitarnos a ser usuarios. Tenemos que comprender las lógicas de los avances tecnológicos y, sobre todo, entender de qué manera se va a producir esa intermediación entre nuestro trabajo y la IA. Es entonces cuando la voz propia cobra muchísima relevancia porque es una mirada única. El punto de vista humano es lo que construye la credibilidad.



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