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Correr en Barranquilla bajo el sol caribeño

Correr en Barranquilla bajo el sol caribeño

Ilustración
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 Correr en la capital del Atlántico es una práctica consciente para habitar la ciudad y el cuerpo. No hay que olvidar que el clima exige estrategia y respeto.

En Barranquilla nadie corre bajo el sol, a menos que sea un incauto. Aun así, los habitantes de esta ciudad al nivel del mar están, cada vez más, tomados por el impulso de correr. Las y los corredores barranquilleros han aprendido que las mejores horas para entrenar son antes de que salga el sol o al atardecer.

Desde las madrugadas y las noches de 2017, el Malecón del Río, bello, seguro y democrático, se ha ido convirtiendo en el escenario donde caben todos los corredores de élite y amateurs que viven en la ciudad. Correr es una experiencia que adopta la forma que cada cuerpo necesita, según sus expectativas físicas, mentales y emocionales.

Tres formas de correr

En el centro de esta carrera está Boris Tejada (45), director de la Liga de Triatlón del Atlántico y formador de atletas, quien insiste en que “el deporte recreativo es el que realmente transforma la salud de la gente”. Desde una mirada humanista y técnica, articula las dos orillas del running: la élite y el aficionado. Bajo el cielo rosado barranquillero, ha logrado unirlas gracias a su capacidad para formar equipos y crear comunidad. 

Boris: “Correr es ante todo una cuestión de bienestar y de responsabilidad con el cuerpo”.

Él ha sido entrenador de Zumara Rincón (35), atleta de alto rendimiento y entrenadora personal, convencida de que su motivación es “seguir demostrando que no hay excusas cuando uno realmente quiere alcanzar un objetivo". “Hay que perder el miedo a hacer ejercicio durante el embarazo”, afirma, acabando de correr, dos días antes de parir. Su historia no comienza en el running: “Me enfoqué primero en el fisiculturismo, incluso participé con la Liga de Colombia en el Arnold Classic en 2015”.

Zumara: Correr bien implica una alimentación completa y una hidratación correcta: “Hay que estar bien nutrida e hidratada”.

El tercer personaje que demuestra esa convicción que atraviesa a los corredores es José Luis “Póker” Villadiego (41), corredor amateur con más de una década de constancia, para quien correr es un lugar seguro y una práctica que no admite improvisación. “Por muy recreativo que sea, yo no me mando”, dice, refiriéndose a la necesidad de entrenar con la guía de un experto, porque “la diversión de correr se acaba con los primeros dolores”.

Póker: “Un corredor amateur está expuesto a riesgos de lesión y golpes de calor, igual que un profesional”.

¿Por qué corren?

Para Boris, correr es ante todo una cuestión de bienestar y de responsabilidad con el cuerpo. “El deporte recreativo mejora ostensiblemente la salud, tanto a nivel emocional como a nivel físico”, dice, y marca una frontera clara entre lo que sana y lo que desgasta. Advierte que “el deporte competitivo no siempre es tan saludable, porque exige que te enfoques al 100 % en el alto rendimiento”, y recuerda que ese nivel de exigencia sólo es posible cuando existen condiciones concretas: “Necesitas apoyo económico, buen descanso y una red multidisciplinar”.

En el caso de Zumara, la llegada al running no fue desde la ambición competitiva: “Conocí el running hace unos siete años, por medio de un grupo recreativo que se llama Club Atletismo Bendición”, un espacio donde “hay muchas personas adultas, incluso de la tercera edad, con una energía muy bonita”. Por eso su primer contacto fue ligero y lúdico: “Yo empecé a practicarlo de forma recreativa, como para salir un domingo a compartir”. Pero luego, fiel a su formación como deportista, volvió a la competencia. Participó (¡y ganó!) en carreras como atleta de alto rendimiento hasta los ocho meses de embarazo, probando, para sí misma, la fuerza y la capacidad de expansión y transformación de su cuerpo.

Para Póker la motivación es el equilibrio. “Yo soy un corredor principiante”, dice humildemente, aunque entrena como corredor desde hace 12 años. Se ubica en el grupo de aficionados: “Nosotros no nos dedicamos a esto, somos amateurs, tenemos obligaciones y compromisos por fuera del deporte”. Para él, correr es una manera de mantener un ritmo agradable en sus rutinas, de ordenar el cuerpo antes de entregarse, por ejemplo, al día de trabajo.

La belleza del espacio público

Corren en el Malecón del Río porque la belleza de su paisaje compensa el esfuerzo físico. El río abierto, el aire que corre también, la sensación de libertad que produce estar cerca del mar. Y su condición de lugar seguro no es un detalle menor, porque, afirman los tres, es lo que hace posible la constancia.

Para Boris, el Malecón es una pista de entrenamiento a cielo abierto. Es el lugar donde se cruzan sus dos mundos, el alto rendimiento y la recreación. “Hay unos que van solos, otros que van en grupo, otros que van en pareja, otros que van sencillamente a caminar”, pero todos están “dándole una activación al organismo”, aunque sea desde prácticas distintas.

El Malecón es uno de los lugares favoritos de Zumara para crear contenido para redes sociales. A través de su cuenta de Instagram, divulga la cultura del deporte en Barranquilla y anima a sus seguidores a hacer ejercicio en el espacio público. Allí su cuerpo toma una forma de expresión abierta, menos encerrada que en el espejo del gimnasio. 

Para Póker, el Malecón es su refugio cotidiano. El lugar al que vuelve para sostener su práctica con orden y sin improvisación, aun siendo amateur. Allí puede entrenar en los horarios en los que la ciudad aún duerme o empieza a apagarse, cuando el desgaste es menor y el cuerpo resiste mejor. Es su espacio para sostenerse entre las obligaciones y el deseo de cuidarse, viendo el amanecer o el atardecer.

Aprendizajes para los corredores incautos

En el running no hay superhéroes. Hay cuerpos reales, con límites reales, expuestos a lesiones y a un clima que no perdona. “No es lo mismo salir a correr que entrenar”, dice Boris. Y, refiriéndose al caso barranquillero, añade: “Hace 20 o 25 años los que hacían deporte en las calles eran solo los de alto rendimiento. Hoy hay un boom”. Por eso, aunque sea un deporte relativamente fácil en el que bastan las piernas, un buen par de tenis y la disposición para empezar, invita a cuidar el cuerpo con el apoyo de un entrenador y una comunidad.

Zumara, por su parte, cree que el bienestar de una corredora empieza por lo que entra a su cuerpo. Para ella, correr bien implica una alimentación completa y una hidratación correcta: “Hay que estar bien nutrida e hidratada. No es solo tomar agua y ya, sino también recuperar electrolitos. Puede ser con la ayuda de bebidas deportivas o suplementos, sobre todo cuando buscas mejorar tu rendimiento”, explica. Aunque ella casi nunca corre después de las ocho de la mañana en Barranquilla, recuerda que a cualquier hora el bloqueador solar es indispensable.

“Un corredor amateur está expuesto a riesgos de lesión y golpes de calor, igual que un profesional”, dice Póker. En su sistema de valores la improvisación no tiene lugar. “Es fundamental contar con el apoyo de un entrenador”, insiste, como una forma básica de cuidado. No es un lujo entrenar junto a “una persona que tenga conocimiento y experiencia, y que ayude a mitigar el riesgo”, dice recordando su primera periostitis —la inflamación del tejido que recubre el hueso de la canilla— y con la consciencia de que el cuerpo no se protege solo con voluntad.

Este artículo hace parte de la edición 204 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.