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Bienestar Colsanitas

¿Por qué la lectura cuida el cerebro?

Le contamos todo lo que debe saber sobre la ciencia detrás de un hábito saludable como la lectura y sus múltiples beneficios para la mente.

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Cogerle amor a la lectura puede no ser tarea fácil para todos, pero vale la pena: aparte de ensanchar nuestra imaginación y convertirse en un verdadero placer, son muchos los beneficios que puede traernos. Entre los más notorios están:

- Desarrolla nuestras habilidades intelectuales a corto, mediano y largo plazo.

- Aumenta la capacidad de aprendizaje y adaptación del cerebro.

- Disminuye la velocidad del deterioro cerebral y cognitivo con la edad.

- Entrena la memoria de trabajo y la atención.

- Potencia la capacidad para comprender a los demás y ser empáticos.

- Promueve el bienestar y la relajación, así como induce al sueño.

- Puede prolongar un poco nuestra vida.

Lo más interesante es que todo esto tiene efectos que podrían pasar desapercibidos y que de forma discreta participan de una mejor salud cerebral y general a largo plazo. “Es más, hablar de esto es importante porque incluso hay estudios clínicos que han demostrado que los lectores frecuentes viven unos cuantos años más”, señala el doctor Christian Muñoz Farías, psiquiatra de niños y adolescentes adscrito a Colsanitas. 

Pero desarrollar el hábito es complejo, y en buena medida esto responde a que nuestro cerebro no tiene un área específica para la lectura. ¿Sorprendente? Seguro que sí, pero tiene sentido. Como especie tenemos más de un millón de años de evolución, mientras que la escritura es un invento con apenas seis mil y la escolarización general unos doscientos o cien según el país, como bien lo menciona la investigadora Irene Vallejo en El infinito en un junco.

En pocas palabras, a escala evolutiva, inventamos la lectura ayer. Y curiosamente es gracias a esto, a la exigencia que trae esa técnica que nos distingue como especie y con la que llevamos tan poco, que accedemos a una variedad de beneficios que van mucho más allá de aumentar nuestro vocabulario y mejorar nuestra ortografía. 

BeneficiosLectura CUERPOTEXTO

Aprender a leer

Como muchas otras tareas para las que nuestro cerebro no tiene un área específica, la lectura nos exige crear circuitos cerebrales, algo que podemos hacer gracias a una capacidad extraordinaria de este órgano: la neuroplasticidad. Lo importante aquí es anotar, como señala el doctor Leonardo Palacios, neurólogo adscrito a Colsanitas y profesor de neurología de la Universidad del Rosario, que el cerebro puede crecer, cambiar y tener mejor salud si se ejercita, como un músculo. Y el gimnasio de la mente es el aprendizaje.

Como muchas otras tareas para las que nuestro cerebro no tiene un área específica, la lectura nos exige crear circuitos cerebrales, algo que podemos hacer gracias a una capacidad extraordinaria de este órgano: la neuroplasticidad. Lo importante aquí es anotar, como señala el doctor Leonardo Palacios, neurólogo adscrito a Colsanitas y profesor de neurología de la Universidad del Rosario, que el cerebro puede crecer, cambiar y tener mejor salud si se ejercita, como un músculo. Y el gimnasio de la mente es el aprendizaje. 

Según la crónica El cerebro lector en la era digital: la ciencia del papel frente a las pantallas publicada en Scientific American, aprender a leer exige al menos integrar las áreas del cerebro dedicadas a diferentes tareas como el reconocimiento visual, que empleamos para diferenciar objetos; el procesamiento del lenguaje; el movimiento con el que guiamos nuestros ojos; y la comprensión del espacio de un paisaje o una página. Sin mencionar todas aquellas áreas que se activan gracias a la imaginación y la emotividad que puede despertar un texto. 

No es tarea fácil y sería un error considerar que tejer esta red termina con la alfabetización. Aunque los circuitos que crea la lectura aparecen en tan solo seis meses después de haber comenzado a aprender a leer, es la práctica, la persistencia del hábito lo que los vuelve más rápidos, robustos, grandes y complejos. Es decir, que hay una sorprendente correspondencia entre el desarrollo cerebral y la posibilidad de convertirnos en lectores más ágiles, atentos y profundos.

De hecho, eso permitiría explicar que la lectura sí nos hace más inteligentes, o por lo menos más recursivos o hábiles con nuestra mente. Se han realizado estudios de seguimiento por años a parejas de gemelos genéticamente idénticos para revisar los efectos de la experiencia vital en el desarrollo físico, psicológico y cognitivo que han probado que el hábito temprano de la lectura tiende a predecir un rendimiento mental mayor no solo en el aumento de vocabulario sino en otras capacidades del razonamiento abstracto a corto y largo plazo. No sobra agregar que un vocabulario más rico beneficia al individuo especialmente sus capacidades para comprender y para hacer uso del lenguaje expresivo.

La lectura contra el olvido por deterioro o enfermedad

Practicar y alcanzar distintos grados de maestría en cualquier cosa que aprendemos permite afianzar y robustecer los circuitos cerebrales que creamos. Y esta habilidad resulta especialmente valiosa cuando aparecen enfermedades neurodegenerativas, y en especial cuando hablamos de las demencias, como el alzhéimer. 

El proceso de esta enfermedad, por ejemplo, somete a las neuronas a un deterioro marcado por la acumulación de una placa de proteínas tau y amiloide sobre ellas, ralentizando y llevando a la obsolescencia de grupos neuronales completos. 

Un cerebro con mayor neuroplasticidad y circuitos más robustos tiene mayor competencia a la hora de reemplazar o suplir las áreas y caminos que se van deteriorando con el tiempo y la enfermedad. Es decir que la lectura, al igual que la interpretación musical, aprender otro idioma o practicar la danza,  previene en cierto grado el desarrollo de distintas formas de demencia, además de entrenar al cerebro para ser más recursivo en sus procesos de adaptación a distintos contextos, incluyendo su propio deterioro.

Por otro lado, la lectura ofrece numerosas oportunidades para aprender no solo datos e ideas, sino historias. Y esto también importa. Leer ficción literaria mejora la teoría de la mente es un estudio publicado en la revista Sciencie que corrobora que la lectura de narrativa, especialmente de ficción, nutre de forma durable el banco de recuerdos, experiencias y sensaciones que una persona tiene a mano a la hora de interactuar con otros, por lo cual sus habilidades de relacionamiento social se ven potenciadas por una mayor empatía, es decir, por una mayor capacidad para comprender relatos y puntos de vista diferentes. 

Esto no es un tema menor, pues se ha demostrado que el deterioro cognitivo se acelera en cuando vivimos en soledad (real, percibida subjetivamente o ambas cosas), en especial en edades avanzadas. Así que no sorprende que la lectura participe del bienestar de personas que disfrutan de un repertorio de temas de interés más amplio, una familiaridad mayor con la tarea de comprender a otros y una mejor capacidad para empatizar con las experiencias ajenas.

La forma como leemos importa 

Ahora bien, se puede leer de muchas maneras y hay una en particular que permite obtener los beneficios que hemos contado hasta el momento y los que vamos a revisar a continuación: la lectura profunda. “La neuroplasticidad requiere tiempo”, anota el doctor Leonardo Palacios. “Por eso, la lectura transversal o ágil que se hace al leer noticias o consultar algo en Internet no sirve para desarrollar todo esto. Estos beneficios cerebrales vienen de la mano de la lectura de libros y de prestarle atención, dedicación y tiempo, ojalá horas”. 

Si los textos que leemos son de narrativa o poesía aumentará la actividad en las zonas emocionales y somatosensoriales del cerebro, que son las que pueden hacernos más empáticos pues nos hacen imaginar y almacenar experiencias como si las hubiéramos vivido nosotros mismos, como explica el doctor Palacios. Si son ensayos de cualquier tema, el aprendizaje de nuevas habilidades o conceptos también fortalecerá otros recuerdos o áreas según lo que se esté estudiando. Pero esto no es todo: en tanto los recuerdos también pueden ser físicos, un corpus creciente de estudios ha comenzado a demostrar que la lectura en papel enriquece los recuerdos que generamos de un texto. 

Según un reportaje publicado en Wired en 2014, la lectura en papel le ofrece a nuestros ojos y a nuestras manos (dos de los receptores sensoriales más potentes que tenemos) un soporte con múltiples ejes de ubicación: el grosor del libro, la textura del papel al pasar las páginas, ocho esquinas, y todo lo que pueda aportar el diseño y la materialidad del objeto. Todos estos referentes potencian la experiencia lectora, los recuerdos que formamos de ella, y nuestra capacidad para dar cuenta de su contenido más tarde. 

En caso de sufrir serios problemas de concentración como los que podría padecer alguien con un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, por ejemplo, la lectura también puede ofrecer un espacio de concentración y entrenamiento para la atención y la memoria de trabajo, dos factores decisivos en que pacientes con este diagnóstico tengan un desempeño menor en tareas asociadas a la comprensión lectora. 

El doctor Christian Muñoz señala al respecto que en este caso la lectura en voz alta ha resultado ser el modo más efectivo para aumentar la concentración y la comprensión de los pacientes con TDAH, permitiéndoles de paso formar el hábito (o enfrentar mejor los retos de su condición frente a la escolaridad o el trabajo) y poder obtener todos los beneficios que trae disfrutar de un libro.

Por último, se ha demostrado que la lectura es un gran inductor del sueño. En este punto, la materialidad del libro impreso vuelve a ser importante. La reflexión de la luz tenue de una lámpara sobre el papel es mejor que una pantalla a la hora de inducir al sueño, pues evita la exposición prolongada a la luz directa, en especial a la azul-violeta que puede interferir en la conciliación del sueño. Y vale aclarar que no se trata de algo menor, pues además un estudio publicado en 2009 probó que la lectura profunda tiene un efecto relajante, capaz de disminuir la tensión arterial, el ritmo cardiaco y el estrés, tan potente como el del yoga. Ambos especialistas, en concordancia con las demás fuentes citadas en estas líneas, sostienen que es gracias a este tipo de efectos que la lectura puede regalarnos no solo mejor calidad de vida, un menor deterioro cerebral y mejores horas de sueño, sino unos cuantos años más para seguir disfrutando de las ideas e historias que podemos disfrutar a través de las páginas.

*Historiador y escritor. Colaborador permanente de Bienestar Colsanitas y de Bacánika.

Jorge Francisco Mestre

Escritor, periodista e historiador. Fanático de las historias contadas con calma, hondura y gracia. Escribe entrevistas, crónicas, ensayos y artículos de análisis para Bacánika y Bienestar Colsanitas. En 2022, publicó Música para aves artificiales, su primer poemario.