Más del 20 % de la población mundial padece de alguna forma de enfermedad alérgica, según la Sociedad Mexicana de Neumología y Cirugía de Tórax. Esta condición, que por lo general se manifiesta con estornudos y lagrimeo en los ojos, esconde limitaciones que afectan la calidad de vida de las personas y su relación con los animales.
“No puedo tener gatos porque soy asmática”. “Me encantaría adoptar un perro, pero me da alergia”. Estas son algunas de las frases que escuchamos a menudo ante la idea de vivir con un animal. Lo que antes se asumía como una rareza, o una excusa piadosa, hoy es un problema de salud pública que convierte esta situación en un hecho paradójico: el amor por los animales vive en un cuerpo que se defiende de ellos.
Según El libro de las enfermedades alérgicas de la Fundación BBVA, las alergias constituyen la patología más frecuente en niños y personas jóvenes, en las fases más activas y exigentes de sus vidas. La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada cuatro personas desarrollará algún tipo de alergia a lo largo de su vida, siendo las respiratorias las más comunes.
En Colombia, esta realidad también se refleja en estudios hechos por la Asociación Colombiana de Alergia. Se ha encontrado que hasta un 22% de la población en el país sufre de algún tipo de rinitis. Comprender qué ocurre detrás de esta enfermedad es clave: las alergias no son un simple fastidio, sino una respuesta equivocada del sistema inmunitario. Pero, ¿qué significa realmente que el cuerpo “se equivoque”?

No eres tú, son las proteínas
El sistema inmune es nuestro principal mecanismo de defensa. Detecta y neutraliza virus, bacterias, hongos o parásitos antes de que causen daño. En las personas alérgicas, este sistema vive en una constante confusión: interpreta sustancias inofensivas (por ejemplo, el polen, el polvo o las proteínas presentes en la piel y la saliva de los animales) como enemigos del cuerpo. Esa falsa alarma se manifiesta en estornudos, congestión nasal, picazón o lagrimeo en los ojos.
Como lo menciona la doctora María Victoria Moreno, especialista en alergología e inmunología de Colsanitas, el origen de las alergias combina dos factores: la predisposición genética y el entorno. “Las alergias se heredan, pero además necesitan de un ambiente que facilite la sensibilización para que la enfermedad aparezca”. Por eso alguien con antecedentes familiares puede vivir años sin síntomas hasta que ciertos elementos del entorno activan la respuesta.
Pero recibir un diagnóstico de alergia no significa, en la mayoría de los casos, tener que despedirse de una mascota. “Si yo le dijera a mis pacientes que la única salida es deshacerse de su perro o de su gato, hace rato me habría quedado sin pacientes”, comenta la especialista. La medicina hoy ofrece varias alternativas, desde medicamentos que controlan los síntomas hasta inmunoterapias que desensibilizan el organismo frente al alérgeno y mejoran la tolerancia.
Ese camino lo conoce bien la geriatra Jennifer Ballesteros. Desde niña sufrió crisis alérgicas que la llevaron en varias ocasiones a urgencias y, sin embargo, hoy convive con dos perras adoptadas: Kira y Zoé. Su estrategia ha sido rigurosa: baños frecuentes a sus perras, cepillado y el acompañamiento de especialistas.
“Me prometí no repetir lo que viví en la infancia. Dejar de hacer cosas o perder experiencias por ser alérgica. Aprendí a convivir con ello. No voy a negarme la oportunidad de tener mascotas”, dice la doctora Ballesteros. Ella demuestra que convivir con un animal siendo alérgico es posible, siempre y cuando haya supervisión médica y un esfuerzo extra por tomar medidas de cuidado y limpieza.
“Me prometí no repetir lo que viví en la infancia. Dejar de hacer cosas o perder experiencias por ser alérgica. Aprendí a convivir con ello. No voy a negarme la oportunidad de tener mascotas”.

¿Por qué la alergia aparece después de años?
Muchas personas se sorprenden al descubrir síntomas tras convivir durante años sin problemas con un animal. La doctora Moreno lo explica con el concepto de sensibilización. El sistema inmune necesita un periodo variable de contacto antes de reaccionar de forma exagerada. Así, alguien puede pasar años cerca de un perro o un gato y, de repente, desarrollar alergia. Lo mismo le ocurrió a la doctora Ballesteros con el kiwi. Lo comió sin dificultad en la infancia, hasta que un día un trozo le desencadenó una reacción severa. El sistema inmune no nace reaccionando a un alérgeno, sino que "aprende" a hacerlo con la exposición repetida a lo largo del tiempo
Entornos, mitos y realidades
La idea de que crecer en el campo protege contra las alergias porque es exponerse desde temprana edad a todo tipo de alérgenos circula por todo lado. Pero eso no es del todo cierto: “Las alergias han aumentado en todo el mundo, tanto en zonas rurales como urbanas”, puntualiza la doctora Moreno. Factores como la contaminación y los estilos de vida modernos influyen, pero no explican por sí solos el aumento.
Otro mito común es el de las razas de mascotas “hipoalergénicas”. La ciencia ha sido contundente: no existen. “Todos los perros del mundo tienen los mismos alérgenos, al igual que los gatos”, aclara la especialista. La diferencia está en la cantidad de proteínas que liberan al ambiente, presentes en la saliva, la piel, la orina y las heces, no solo en el pelo. La doctora Ballesteros lo ha comprobado en su cotidianidad: mientras sus perros de pelo corto no le generan crisis, la visita a una casa con un golden retriever le provoca tos y lagrimeos en los ojos. “Me di cuenta de que no soy alérgica a todos los perros por igual, pero sí a ciertos animales que liberan más caspa o que no reciben cuidados de higiene”, cuenta.
Las alergias se heredan, pero además necesitan de un ambiente que facilite la sensibilización para que la enfermedad aparezca.
Crónicas de una alergia anunciada
¿Qué hacer si al entrar a una casa la alergia se dispara? La doctora Moreno recomienda usar antihistamínicos antes de la exposición, aunque tomarlos después también puede ayudar. Los síntomas no siempre se controlan solo con limpieza exhaustiva del entorno, pues los alérgenos permanecen en el ambiente incluso después de aspirar o lavar. Por eso, los especialistas insisten en que no basta con “tener la casa impecable”. El tratamiento farmacológico y, en algunos casos, la inmunoterapia son claves.
Para Karoll, hermana de la doctora Ballesteros, la rutina implica llevar siempre cetirizina a la mano y como medida preventiva evitar lugares cerrados y mascotas de otras personas. “Estoy muy pendiente de los cuidados en cuanto a los perros y gatos que son externos a mi hogar. Procuro no tocarlos si veo que están mudando pelo”, dice.
Vivir con alergias: entre la ciencia y lo cotidiano
Existen tratamientos efectivos que cambian la historia de la enfermedad. En los últimos años, han surgido también terapias biológicas: medicamentos que se administran por vía endovenosa o subcutánea para bloquear proteínas que puedan estar causando las alergias.

La geriatra Ballesteros recuerda que en la infancia muchos creían que exageraba o inventaba sus síntomas. “Me decían que era consentida, que me inventaba cosas para llamar la atención. No sabían lo que significaba correr a urgencias por comer un pedazo de piña”, dice. Esa falta de empatía es, para ella, tan difícil como los síntomas mismos. Por eso es clave que las personas afectadas identifiquen qué sustancias disparan los síntomas de la alergia y tengan la ruta clara frente a un problema relacionado con esa alergia. Con información, disciplina y acompañamiento médico, las alergias no tienen por qué ser una condena.
Este artículo hace parte de la edición 203 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.




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