Biodanza, ¿qué es y cuáles son sus beneficios?

Por: / Ilustración: Jhon Yalanda / Abril 2022

 

Así como el yoga, esta es una práctica que busca estimular el desarrollo personal, involucrando la música y el movimiento.

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La biodanza se practica con ropa cómoda, sin zapatos y en un ambiente limpio, cómodo y preferiblemente cerrado. Aunque es posible también practicarla al aire libre. Normalmente una sesión dura dos horas y requiere varias clases durante la semana.

¿Cómo es una clase de biodanza?

Después de la conversación inicial, donde cada participante tiene la oportunidad de hablar sobre su cotidianidad y sus sentimientos, la instructora da paso a la ceremonia de inicio, que es una forma de presentarse a través de la expresión corporal. Por lo general, es una danza conjunta: las personas se toman de las manos en círculo y bailan. “Normalmente, el instructor o instructora tiene preparado un tema que enmarca la sesión y que refuerza a través de diferentes ejercicios y canciones anteriormente planificados. Dichos ejercicios pueden ser grupales, en pareja o solitario”, explica Myriam López, fisioterapeuta y directora de la Fundación Escuela Colombiana de Biodanza. Algunos de estos ejercicios se basan en el contacto físico, otros en caminar al ritmo de la música, otros en liberar la tensión y otros en imitar la danza de los demás. 

“Al inicio da algo de miedo tener que buscar el ritmo, bailar en pareja, aceptar un abrazo de los otros”, comenta Clara Cuervo, una profesora universitaria, pedagoga y ahora practicante habitual de biodanza. “Al final te termina gustando porque se convierte en una forma de llenar el espíritu y de estar conectada con el aquí y el ahora”, añade.

¿Cuándo surge la biodanza?

La biodanza es una práctica creada a finales de los años 60 por el psicólogo y escritor chileno Rolando Toro Araneda con el propósito de incentivar el bienestar a través de la danza. El método se aplicó por primera vez en el hospital psiquiátrico de Santiago, donde obtuvo resultados positivos en los pacientes. En su libro Biodanza de 2002, Toro explica que “la biodanza induce experiencias integradoras por medio de la música, el movimiento, el canto y la integración grupal”.

Para Myriam López, “la biodanza es un sistema de integración afectiva que tiene como principal fundamento el reaprendizaje de las funciones primarias de la vida”. Estas funciones primarias, llamadas también líneas de vivencia, corresponden a principios básicos de los seres humanos que, debido a diversas situaciones, no se han desarrollado lo suficiente o se han estancado durante la infancia. Estás son:

Vitalidad: Está relacionada con el deseo de vivir, con las ganas de realizar actividades gratificantes.  En palabras de la psicóloga Tatiana Muñoz, “la vitalidad tiene que ver también con el movimiento y el desarrollo motor. Sobre la capacidad de percibir nuestro propio cuerpo”.

Sexualidad: Se define como nuestra relación con el placer sexual, pero también con placeres de tipo sensorial, como el que se obtiene al comer. “Con la biodanza se trabaja la reconexión con el placer”, explica Muñoz, y complementa, “a veces las personas no solo pierden la capacidad de sentir placer, sino que sienten un miedo hacia él, lo que crea frustración”.

Biodanza CUERPOTEXTO

Creatividad: Está conectada con la habilidad para resolver problemas en la vida cotidiana y para concretar sueños y metas.  Es una cualidad que se puede ejercitar a través de distintas maneras, entre ellas la creación de nuevas formas de danzar. En ese sentido, lo lúdico es muy importante.

Trascendencia: la trascendencia significa el vínculo que tenemos con los demás seres vivos y en general con la naturaleza, y nos invita a pensar en el propósito de existir y de estar enfocados en el presente.

Afectividad: Es la línea de vivencia en la que más trabaja la biodanza y está vinculada a la facultad de expresar las emociones para evitar que nos hagan daño. “Debido a que en ocasiones no sabemos lo que estamos sintiendo o se nos hace difícil expresarlo, la práctica de la biodanza convierte esas emociones en movimiento, en una experiencia que podemos manejar”, comenta López. Esta experiencia puede ser el baile, el caminar por el espacio, el interactuar con los demás practicantes.

“En Biodanza reconocemos que la música influye directamente en las emociones y por eso se elige música acorde con la línea de vivencia que se vaya a desarrollar”, explica la instructora de biodanza Jahel Martínez, y agrega que, “estas abarcan géneros del mundo y puede ser desde música tradicional colombiana y brasileña, música clásica, hasta pop; lo importante es que se pueda bailar de manera orgánica”. Al finalizar la sesión, los participantes comentan acerca de su progreso y sus sensaciones.

Beneficios de la biodanza

“He visto cómo las personas que practican biodanza duermen más y mejor, se enferman menos, comen mejor y buscan naturalmente un estilo de vida saludable”, señala López. Y es que el baile tiene muchos beneficios a nivel mental, “se ha demostrado que la danza, en combinación con la música, estimula el cerebro para producir neurotransmisores como la dopamina (la hormona del bienestar), lo que puede mejorar el estado de ánimo de las personas”. Señala Leonardo Palacios, neurólogo adscrito a Colsanitas y profesor de la Universidad del Rosario.  Adicionalmente, la dopamina incentiva la socialización, regula el sueño, e interviene en la capacidad motora.

Además, el contacto físico con otras personas activa la producción de oxitocina, la hormona del amor, lo que refuerza los vínculos sociales. “Dentro de la práctica de la biodanza existen momentos de danza rápida que te aceleran y de danza tranquila que te llevan a la introspección. Estas dinámicas están diseñadas para activar y desactivar el sistema nervioso simpático y parasimpático”, señala Tatiana Muñoz, psicóloga y profesora de biodanza en formación. Mientras que el primero fomenta el aumento de hormonas como la noradrenalina y las endorfinas, que activan el cuerpo para el ejercicio; el segundo lo prepara para la relajación. Cuando las personas practican biodanza, su cuerpo aprende a tener un mejor control de estos sistemas.

Así mismo, “el movimiento disminuye el cortisol, la hormona del estrés” complementa Palacios, lo que explicaría porqué las personas se sienten más tranquilas después de la danza. Entre otras ventajas, este tipo de ejercicios mejoran la salud cardiovascular, consumen calorías y fortalecen las articulaciones.

No obstante, dice Muñoz, “a pesar de que la biodanza fomenta el deseo de vivir y ayuda a comprender tus miedos y enfrentarlos, no por ello debe ser un reemplazo de la terapia tradicional para el tratamiento de enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad. En su lugar, debería ser una práctica complementaria”, finaliza.

 

 

*Periodista. Colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas.

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Etiquetados con: Vida / Abece / Actividad física / Yoga / Danza /

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