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Disc dog: una disciplina para entrenar el vínculo

Fotografía
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Destreza y creatividad se combinan en este deporte en el que el éxito depende de la conexión entre humano y perro.

Una corriente eléctrica pasa por el cuerpo de Tsunami cuando Juan Carlos Ortiz le hace una seña con el frisbee. Como si un botón escondido entre su pelaje hubiera sido presionado, esta border collie de 19 meses transita de un nerviosismo estático a iniciar una rutina compleja en segundos. Atraviesa por debajo de las piernas de Juan cuando él da un paso hacia adelante, se eleva por los aires apoyándose en la rodilla izquierda de su compañero, lo orbita varias veces a toda velocidad, y al final, bajo la mirada de caninos y humanos que presencian el espectáculo, se transforma en una atleta olímpica de cuatro patas cuando pasa por encima de su espalda y atrapa el frisbee antes de tocar el suelo. Esto es el disc dog, y más específicamente, una de sus modalidades, conocida como freestyle disc dog.

“Este deporte consiste básicamente en jugar con tu mascota usando un disco, pero va más allá”, señala Ortiz, quien es entrenador, veterinario y ha ganado varios torneos internacionales.

Dependiendo de la modalidad que imponga una liga determinada (existen torneos en los cuales cada modalidad tiene su propio reglamento), las mascotas y sus dueños ponen a prueba habilidades como la precisión, la distancia y la creatividad al lanzar y recibir el disco. Entre las variantes más populares están:

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Distancia y precisión:

El guía lanza el disco hacia una cancha dividida en zonas de puntuación. El perro debe atraparlo antes de que toque el suelo, y el puntaje depende de la zona donde se realiza la captura.

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Larga distancia:

El objetivo es lograr el lanzamiento más largo posible que el perro consiga atrapar con éxito. Se evalúan tanto la potencia y técnica del lanzamiento como la velocidad y capacidad del perro para alcanzar el disco.

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Freestyle:

Es la modalidad que se describe al principio. El guía y el perro realizan una rutina coreografiada con música, combinando lanzamientos, saltos y trucos. Los jueces califican aspectos como la originalidad, la dificultad, la coordinación del equipo, la ejecución y la seguridad de los movimientos.

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Velocidad:

El perro debe completar un recorrido realizando varias capturas o recorridos de ida y vuelta en el menor tiempo posible.

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Pruebas para cachorros:

Algunas ligas incluyen categorías para perros jóvenes. En estas pruebas el disco suele rodar por el suelo, en lugar de volar, para evitar impactos en perros cuyo sistema musculoesquelético aún está en desarrollo.

“Para mí, el disc dog es meditación activa. Me olvido de todas las preocupaciones, de todo el estrés. Un aprendizaje constante junto a mi perro, que me ha enseñado a ser paciente y a disfrutar las cosas sencillas”, dice Diana Torres, una médica y entrenadora de 57 años que lleva más de 11 entrenando disc dog. Aunque ha obtenido algunos podios, ella dice que lo más importante con esto es pasarla bien. “A los perros no les importa ganar”, señala mientras acaricia a Milú, su compañera de equipo. Ambas entrenan junto a Juan todos los domingos a las 10 a. m. en los pastizales de la Biblioteca Virgilio Barco.

Las mascotas y sus dueños ponen a prueba habilidades como la precisión, la distancia y la creatividad al lanzar y recibir el disco o frisbee.

Los primeros deportistas

Se dice que el disc dog nació con la fascinación que produjo el show de Alex Stein en un partido de los Dodgers de Los Ángeles el 5 de agosto de 1974. Stein, que no superaba los 20 años, saltó de las gradas a la cancha en mitad del partido con su perro Ashley, una lebrel, y comenzó a lanzarle discos. Aunque el entretiempo improvisado caló entre el público ―incluso los comentaristas abandonaron el juego para narrar las habilidades de Ashley―, Stein fue arrestado por invadir el campo. 

El episodio salió en televisión nacional y despertó tal interés que en 1975 Stein y algunos amigos organizaron el primer Frisbee Dog World Championship, la primera competencia oficial para perros y guías. Ashley ganó las tres primeras ediciones y se convirtió en el símbolo del deporte que acababa de nacer y que, con el paso del tiempo, daría origen a organizaciones internacionales como Ashley Whippet Invitational, US Disc Dog Nationals (USDDN) y Skyhoundz, con sus respectivos torneos.

En Colombia, la historia comenzó más de tres décadas después. “Hace 15 años yo estaba en el mundo del agility y la obediencia deportiva, que son otras dos disciplinas caninas, pero nunca congenié del todo con ellas”, dice Ortiz, y añade: “Luego un amigo nos mostró el freestyle y empezamos a entrenar viendo videos en YouTube. Nuestra afición creció tanto que decidimos traer a un campeón japonés para que dictara un seminario, nos certificara como entrenadores y nos ayudara a organizar una competencia, en una época en la que el disc dog era prácticamente inexistente en el país”. 

Cabe añadir que los discos también evolucionaron con el deporte. Si en los años setenta se utilizaban frisbees comerciales de plástico rígido, hoy existen modelos diseñados específicamente para el disc dog: más flexibles, resistentes a mordeduras y fabricados para reducir el riesgo de lesiones en la boca y los dientes durante las atrapadas. Además, su peso, diámetro y nivel de flexibilidad varían según la modalidad.

Los discos que se utilizan están diseñados específicamente para el disc dog: más flexibles, resistentes a mordeduras y fabricados para reducir el riesgo de lesiones en la boca y los dientes durante las atrapadas.

Que gane el mejor binomio

Volviendo a la Virgilio Barco, unas 10 personas, acompañadas de sus mascotas, practican lanzamientos y atrapadas. Aunque la mayoría hace pareja con un border collie ―esto se debe a que su contextura física y su inteligencia lo hacen una raza idónea―, la filosofía del deporte plantea que cualquier perro de cualquier edad puede practicar disc dog mientras posea el instinto de presa para capturar el disco y buena salud. Esto incluye que no tenga displasia de cadera y que tenga más de un año y medio para realizar ciertos saltos, que, de cualquier manera, deben realizarse en una superficie blanda (como césped) para evitar lesiones.

También se recomienda que los perros tengan nociones básicas de obediencia para hacer más sencillo su entrenamiento.

“Yo he sentido que Cosmo es más obediente ahora, sobre todo con los trucos. Se vuelven menos violentos y menos propensos a hacer cosas que no deberían hacer”, dice Angie López, estudiante de Juan Carlos desde hace tres meses y jugadora de ultimate aficionada, un deporte similar al fútbol americano que también se juega con discos. “La práctica de disc dog me ha ayudado mucho a mejorar mis lanzamientos, pero también mi vínculo con Cosmo”, afirma.

Si le interesa explorar otras disciplinas deportivas para ejercitarse junto a su mascota y fortalecer la salud de ambos, descubra más en: Canicross: beneficios de correr en equipo con su perro.

No hay que olvidar que, a fin de cuentas, este es un deporte de equipo y la responsabilidad de un buen desempeño cae en el conjunto. Mientras que el lanzador debe aprender a leer la trayectoria, la velocidad y el ritmo de su compañero, el atleta canino está obligado a controlar sus impulsos, esperar las órdenes y decidir el momento para atrapar mientras resuelve los errores que dejó su guía, y esto se logra con mucha práctica.

En relación con esto, nadie como Diana para ejemplificarlo: “Los perros aprenden a conocer tus gestos, te huelen, oyen tu frecuencia cardíaca, y se dan cuenta cuando estás cansado o frustrado. Terminan conociéndote y tú a ellos, todo gracias al disc dog”.

Para cuidar de forma integral la salud y seguridad de su compañero durante la actividad física, lea también: Primeros auxilios para mascotas: qué hacer ante una emergencia.

Este artículo hace parte de la edición 207 de la revista impresa Bienestar Colsanitas.

Esteban Piñeros Martínez

*Periodista, colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas.