El artista lleva más de 30 años cantándole al amor, pero su verdadera obsesión ha sido impedir que los recuerdos se desvanezcan. Con su música quiere rescatar las canciones que marcaron su vida y compartirlas con nuevas generaciones. En una época de éxitos fugaces, el cantante ha convertido la nostalgia en su acto de rebeldía.
Andrés Cepeda aprendió desde muy chiquito a convertir las adversidades en inspiración. Las palabras no afloraban de su voz como fluyen hoy en sus conciertos. Andrés era un niño tartamudo y por eso decidió tomar clases de canto desde chiquito. Y ya sabemos en qué terminaron esas clases.
Su casa estaba llena de instrumentos musicales, por eso su primer gran amor fue el piano. Pero, tras ganar un concurso de talentos con Poligamia, la banda que había formado con sus compañeros de colegio, llegó la oportunidad de grabar el primer álbum. Ese día el cantante líder de la banda se enfermó y Andrés, que era el pianista, tuvo que reemplazarlo. Desde entonces lo hemos visto frente al micrófono.

Ese es solo el principio de las muchas casualidades con las que el destino decidió ponerlo a prueba. Él no se ha acobardado nunca. Juega con las cartas que le tocan y ha salido muy buen jugador. Tampoco ha tomado caminos cortos. En él existe un sentido de rebeldía infinita que lo ha hecho seguir siendo fiel a los sonidos que escuchó en casa: baladas, boleros, ritmos tropicales y colombianos, rock. Sin duda, en una era de géneros urbanos y tendencias cambiantes, podrían considerarse de muy vieja guardia. Pero la honestidad que le imprime a sus canciones ha hecho que sea querido también entre los jóvenes.
“Mi brújula ha sido crear piezas que me llenen, que me reten, así estén de moda o no. Por eso le agradezco mucho a la gente dentro de la industria que me ha regalado libertad y me ha dejado decir lo que quiero decir. Esa es la única forma que conozco de llegar al corazón de la gente que me escucha”, dice.
Cambiar el formato, no el corazón
Andrés Cepeda decidió cantarle al amor, cueste lo que cueste. Ha construido su historia musical a base de recuerdos, de volver a los lugares donde fue feliz, de escuchar viejas canciones y reinterpretarlas, de desempolvar discos de estrellas legendarias, de noches de bohemia bogotana con sus amigos y de enamorar a sus novias de juventud con serenatas bajo el balcón. Andrés encontró en la nostalgia y en la memoria dos armas infalibles para sus creaciones.
De ahí que canciones como “Tengo ganas”, “Besos usados”, “Día tras día” o “Lo mejor que hay en mi vida” se hayan convertido en clásicos del cancionero romántico colombiano, tan potentes como los boleros y las baladas que lo cautivaron en su infancia.
“Mi brújula ha sido crear piezas que me llenen, que me reten, así estén de moda o no. Por eso le agradezco mucho a la gente dentro de la industria que me ha regalado tanta libertad”.
“En días tan complejos, tan intensos y tan violentos, este tipo de emociones son precisamente las que nos abstraen un poco de tanta locura... es música diseñada para acompañar a las personas en sus momentos importantes”, dijo a principios de este año en una entrevista para El Sol de México.
Lo que sí ha cambiado y mucho son sus formatos. Andrés puede pasar de una gira a dúo con su compadre Fonseca a un concierto mucho más íntimo acompañado de una orquesta sinfónica. O de una puesta en escena sobre las tablas a un cuarteto de jazz o, como en su nuevo lanzamiento, a un disco entero en formato de big band.
“Para mí es muy importante poder ser versátil y creativo a la hora de presentar mi música. No solo porque me parece divertido y retador, sino también porque quiero que alguien que asiste hoy a mi concierto pueda venir en dos años y ver algo totalmente diferente. Creo que es una forma de tener al público cautivo, que siempre quiera ver cuál es la narrativa, la puesta en escena, el formato musical y que encuentre todas las veces un acto interesante para disfrutar en vivo”.
Música para curar
El poder sanador de la música ha sido una constante en su vida. El canto no solo terminó con su tartamudez, sino que lo ha ayudado a navegar con éxito romances y tusas por igual.
Para conocer más sobre cómo los conciertos y el sonido estimulan nuestro sistema nervioso, descubra cómo la música en vivo conecta con las emociones y el cerebro.
Fue también el canal de comunicación que encontró para recuperar a su padre en los momentos oscuros en los que el alzhéimer lo apagaba. “Siempre he creído que el poder de la música es infinito. La música es el sistema operativo de los seres humanos y aún existen muchos secretos acerca de sus posibilidades. Así que cuando mi papá estaba muy enfermo, la música se convirtió en un puente. A través de sus canciones favoritas lográbamos encontrar a ese ser que, por momentos, parecía desvanecerse. La música nos permitía, a mí y a mi familia, encontrarnos con su lucidez, su personalidad, sus recuerdos y su carácter”.
De la incertidumbre pandémica y de esta experiencia trascendental nació un álbum muy íntimo que se llamó Me estás haciendo falta. Las canciones que le gustaban a mi papá (2020), el cual abarca varios géneros como tango, vallenato, son y bolero.
La magia y el corazón que le puso Cepeda a este proyecto lo llevaron a presentarse en lugares soñados como el Carnegie Hall de Nueva York. Pero no es lo único. Más de 30 años en la música le han dado a Andrés Cepeda giras y escenarios icónicos, más de 20 álbumes como solista, varias portadas de revista alrededor del mundo, la publicación de un libro con Planeta, 19 nominaciones en los Latin Grammy, cinco estatuillas, varios premios Nuestra Tierra y una nominación en el 2026 a los Grammy como Mejor Álbum Pop Latino con su disco Bogotá.
Además, estuvo durante 11 temporadas como jurado de La Voz Colombia, compartiendo su experiencia y ayudando a cientos de participantes a encontrar su camino hacia la música. Y después de todo esto, Cepeda va por más.

Hablemos del álbum Big Band 2, que es un disco grabado en vivo completamente y que se lanza próximamente…
Sí, es un proyecto largo que merece varios álbumes. El primero se concentró en boleros de la etapa del filin cubano. Este segundo hace un recorrido por el formato del big band, que nació en Estados Unidos, con la llegada del jazz a principios del siglo XX en ciudades como Nueva York, y que después fue viajando por el mundo, principalmente por el Caribe, tocando las fronteras de Cuba, Puerto Rico, México, Colombia y Venezuela, fusionándose con la música de estos países para crear canciones que son atemporales. Un tesoro absoluto de nuestra música latina.
Un género que le dio al mundo también grandes estrellas, como Celia Cruz, quien está presente en este álbum de una forma muy especial…
Sí. Por cosas de la vida tuve la oportunidad de incluir en este álbum las voces de dos grandes figuras de nuestra era: Celia Cruz y Benny Moré. En el caso de Celia, tuve la fortuna de trabajar como asistente en un estudio de Bogotá donde ella grabó, durante los años noventa, una cumbia muy bonita del maestro Barros que se llama “Las pilanderas”. Como yo me acordaba de esa grabación, me puse en la tarea de conseguir esa cinta con su voz original y las autorizaciones correspondientes, para poder incluirla en este álbum que busca ser un homenaje a esa época dorada de la música latina. Y algo similar pasó con la canción en la que incluyo la voz de Benny Moré. Son dos leyendas que me honra muchísimo poder tener en este proyecto.
¿Cómo es tu proceso de creación? Cada álbum es muy distinto, por los géneros musicales que eliges, por la forma en que lo grabas o por la manera en que lo llevas al escenario…
Siento que cada proceso creativo y cada proyecto musical que emprendo necesita un tiempo y por eso siempre estoy haciendo cosas que van a salir varios años después. Por ejemplo, lo que estoy publicando hoy empecé a trabajarlo dos o tres años atrás. Y así, a cada proyecto le doy su tiempo de maduración y no lo publico hasta que no estoy seguro de que está realmente terminado. Eso, por supuesto, también depende de un trabajo en equipo muy grande, con compositores, músicos y productores, que nos da la tranquilidad de poder trabajar cada disco con holgura y sin afán.
Respecto a la composición, hay muchas formas de crear canciones. Algunas salen en solitario, otras en grupo o en pareja. Pero todas son válidas y van llenando un baúl de ideas que uno va depurando, poco a poco, hasta quedarse con lo mejor de esas canciones. Algunas nunca ven la luz, porque hay otras mejores que merecen más esa oportunidad.

“Mi música está diseñada para acompañar a las personas en sus momentos más importantes”.
¿De dónde nace esa casi obsesión por la música vieja?
Muchas de las canciones que toco y casi todas las de este álbum hacen parte de un legado que nos han dejado generaciones anteriores y que yo quiero traerlas a las nuevas generaciones para que las podamos seguir bailando y tocando. Quiero enseñarlas a nuestros hijos para que permanezcan como lo que son, un tesoro muy especial. Además, es música deliciosa para la fiesta y para el romance.
¿Ayudar de alguna manera a esa inmortalidad de la música latina puede ser parte de tu éxito?
Creo que sí. Yo pensaba al principio que quizás el éxito era que la gente conociera mis canciones, que tuviera un reconocimiento, que las canciones se volvieran populares, que la gente las cantara y las quisiera escuchar; pero, con el paso del tiempo, he ido descubriendo que el éxito es hacer lo que más te gusta y poder vivir de hacer eso que te da tanto placer; en mi caso, con una libertad artística enorme, sin grandes presiones por parte de la industria. Quiero pensar que mi legado será haber logrado que varias generaciones encuentren en las canciones que interpreto, aunque no sean mías, un refugio.
¿Qué otras prácticas en tu vida te dan bienestar y felicidad?
Sin duda, apreciar la música también como espectador, como oyente. Disfruto coleccionar vinilos, conocer la historia de los artistas y de las canciones. Me gusta pasar tiempo en familia, con mis amigos y aprovechar cualquier oportunidad para viajar por el mundo y conocer lugares diferentes. A veces, cuando estoy de gira, me gusta escaparme y quedarme algunos días más para conocer una ciudad. Otra cosa que me produce mucha paz e inspiración es la navegación a vela. Trato de hacerlo en mi propio velero o, si estoy en otro país, rento uno y me pierdo algunos días en el mar.

“Quiero pensar que mi legado será haber logrado que varias generaciones encuentren en las canciones que interpreto, aunque no sean mías, un refugio”.
Uno de tus momentos icónicos durante este año será tu presentación como cabeza de cartel en el Festival Cordillera, que, además de ser uno de los más importantes del país, tiene también ese toque nostálgico tan tuyo…
Sí, es una oportunidad muy especial porque además de poder presentarme como solista también voy a tocar con mi banda Poligamia. Es un regalo de la vida poder reunirme con mis amigos de infancia, con quienes empecé este camino y me enamoré de la música, y tocar con ellos algunas canciones nuevas y por supuesto, también, nuestras canciones más importantes. De verdad que será una noche muy especial, un recorrido a través de todo este sueño que ha sido mi carrera musical.

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Este artículo hace parte de la edición 207 de la revista impresa Bienestar Colsanitas.





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