Una afección autoinmune hace que el pelo se caiga temporalmente dejando parches redondos, del tamaño de una moneda. Descubrir esa piel expuesta despierta un conflicto con la autoimagen.
Era julio del 2023. Iba al cine con un grupo de amigas para ver el estreno de la película Barbie; se suponía que debíamos vestirnos de rosado y emular algún tipo de Barbie. El plan consistía también en ser niñas de los noventa otra vez, jugar a disfrazarse sin prejuicios. Me dije: “Voy a disfrutar esto”. Elegí ser la Barbie rasta, o algo así, o la Barbie caribeña. Me vestí de rosado, mostrando el ombligo, y me fui a trenzar el pelo con la popular Peinado ‘e Coco en Barranquilla, con la esperanza de verme como Li Saumet versión Barbie, o Barbie versión Li Saumet, o Estefanía versión Barbie versión Li Saumet.
Desde la silla de Shirlene —así se llama la artesana peinadora de Peinado ‘e Coco— hubo un silencio cuando empezó a trazar las particiones para las trenzas.
—Nena —me dijo—, ¿qué te pasó?
—¿Qué me pasó de qué? —respondí sin mirarla mientras me tomaba fotos ante su espejo.
Ella tomó un espejo de mano y lo puso detrás de mi cabeza, de modo que vi el reflejo de la parte posterior. Le faltaba pelo a la corona.
Sentí los latidos del corazón descompasarse por un segundo cuando toqué esa parte de mi cabeza con la yema de los dedos. La piel estaba tierna y expuesta, como en las cabezas calvas de los bebés recién nacidos. Con el espejo de mano noté que ese parche redondo estaba enrojecido, irritado; de hecho, me ardía un poco.
Me puse a llorar.
El sistema inmune contra los folículos pilosos
Mi dermatólogo fue Ramiro Quintero. Me diagnosticó alopecia areata, una afección autoinmune que hace que el sistema inmunitario ataque por error a los folículos pilosos y el pelo se caiga en parches redondos, del tamaño de una moneda. Como toda afección autoinmune, el porqué se desata es un misterio; pero Ramiro me dijo: “Esto es emocional. Imagina que un rayo te cayó en la cabeza”. Me recetó un corticosteroide tópico, Clobezan, que reduce la inflamación sistémica y se usa también para la psoriasis y el eccema, y medicina para el acné.
—Estás estresada —añadió—. Se te nota en la piel.
Ramiro Quintero, además de ser un dermatólogo reputado de Barranquilla, es el padre de una de mis amigas de la universidad. Su esposa y sus hijas me siguen en las redes sociales. ¿Hasta qué punto sabía él de los vaivenes de mi vida personal? Hacía un año que había regresado a Colombia, después de varios años de vivir en Noruega, para refugiarme en mi Caribe natal tras el fracaso de mi matrimonio. Tenía 34 años, un retorno migratorio, un divorcio, estrés académico y los miedos de una pandemia acumulados en el cuerpo, acontecimientos que quería dejar atrás para vivir lo mejor que pudiera con los recursos mentales y emocionales que me quedaban. Según yo, estaba bien.
Sentí los latidos del corazón descompasarse por un segundo cuando toqué esa parte de mi cabeza con la yema de los dedos.
En el 2020, el día que sustenté mi tesis de maestría, mostré una foto en Instagram con el texto: “Para mi próximo truco, borraré casete…”, acompañado de emojis de celebración. Fue en el campus de la Universidad de Oslo; la temperatura era bajo cero y yo sonreía mirando a la cámara como quien logra cosas por arte de magia. Detrás de la imagen, lo cierto es que fue complejo establecer rutinas afectivas, de estudio, trabajo y vida social en un hemisferio tan alejado de mi origen tropical. Iba a sesiones de terapia para hablar de mi autoexigencia con el idioma, del duelo migratorio y de mis incipientes problemas de pareja. Hoy, intentando hilar toda esta historia para escribir sobre mi alopecia areata, pienso que quizás deba dejar de decir “para mi próximo truco…” y empezar a admitir abiertamente que me he esforzado mucho.
Pero odio que me vean sudar.

Dos formas de vivir con alopecia areata
Yo (37) no estaría contando esta historia en primera persona si no fuera por Elizabeth Builes (39), quien ilustra estas páginas. Ella, desde su cuenta de Instagram, mostró un día una foto de su melena a la que le faltaba pelo en la base de la nuca. “Ay —le comenté—, yo también sufro de eso”. Yo, que le advertí a una peluquera “no te vayas a asustar” cuando me fui a cortar el cabello, no hablaba mucho de mi diagnóstico ante desconocidos si no era necesario. Pero Elizabeth —en un raro ataque de exhibicionismo, tengo que decir— se tomó una foto de su círculo lampiño y la mostró en sus redes sociales desde su casa en Medellín.
En nuestra videollamada de hace unos días, cuando nos sentamos a conversar de nuevo sobre la alopecia areata, me decía que el estrés de la pandemia y el encierro (entre otros factores emocionales) se la cobraron por el lado de la imagen, de la identidad; y que mostrar la calva en Instagram fue su manera de liberarse de un peso. No pudimos precisar cuál peso, pero mencionamos desde los estándares de belleza hasta pensar en si a las mujeres del Neolítico les habría importado perder un mechón de pelo, estresadas porque se les dañó la cosecha.
Para conocer más sobre los tipos de caída y su diagnóstico, consulte estas preguntas y respuestas sobre la alopecia.
Gracias a ese ataque de exhibicionismo suyo me sentí acompañada. Para la escritura de este texto dije que yo no quería fotos de mi calva en ninguna revista y que necesitaba que Elizabeth Builes me tomara de la mano hasta estas páginas.
Para la ilustración le mandé la carta de El Sol del tarot de Marsella.
—Me gusta porque salen dos personas similares, como las dos Fridas, y esa dualidad me parece clave aquí —me dijo.
Ella pensaba en el sistema inmune contra el propio cuerpo, y yo pienso en nosotras: en una que se hace la que no tiene nada y otra que lo cuenta.
La alopecia y sus variantes
Tres formas comunes en que se manifiesta la pérdida de pelo.

- Alopecia areata
Afección autoinmune en la cual el sistema inmunitario ataca los folículos pilosos. Genera parches calvos circulares de forma repentina, comúnmente vinculados a picos de estrés o duelos.

- Alopecia androgenética
De origen genético y hormonal, es la causa más frecuente de pérdida progresiva. Muestra un afinamiento y pérdida de densidad concentrada en la parte superior del cuero cabelludo.

- Alopecia por tracción
Ocurre por peinados muy tensos o el uso constante de extensiones. Si no se corrige a tiempo, la tensión sostenida puede causar un daño permanente a los folículos pilosos.
El pelo vuelve a crecer
La alopecia areata es un drama pasajero; así como llega de golpe, se va y el pelo, en unos meses, vuelve a crecer.
Según la tricóloga de Colsanitas, Adriana Gómez Collazos, la clave de este proceso radica en entender el disparador: “La alopecia areata es reversible. En consulta vemos que gran parte de los casos —seis o siete de cada diez— se deben a situaciones emocionales como duelos o estrés. Al abordar estos factores y evaluar la parte nutricional u hormonal, el proceso de inflamación del folículo se frena y el pelo vuelve a crecer”.
Mientras Elizabeth y yo intentábamos no estresarnos para recuperar nuestro pelo, otras mujeres lidiaban con un diagnóstico progresivo: la alopecia androgenética.
La alopecia androgenética femenina es un proceso genético y hormonal que va menguando la densidad del cabello en la parte superior de la cabeza y puede extenderse mucho más que la alopecia areata. Verónica Wünderlin (43) se enteró de que la sufría en sus veintes: “En mi familia hay historia. Mi tía materna también la sufre, pero el diagnóstico, igual, me dio durísimo. El minoxidil tomado en dosis bajas ha sido mi salvación y me devolvió mi pelo”.
El pelo y la autoimagen
¿Para qué queremos el pelo en la cabeza? Porque proyecta salud; estéticamente, personalidad y belleza. Pensar en perderlo da miedo porque una se pregunta: ¿estoy enferma?, ¿si me quedo calva, qué cambiará en mí?
El día del plan del cine, aunque estaba triste, mi segundo impulso después de llorar —por pura inercia— fue terminar lo que había empezado. Le pedí a Shirlene unas trenzas de boxeadora y ella moldeó figuritas curvas y planas con el pelo que enmarcaba mi cara. Salí así, peinada como la Barbie con alopecia areata, a ver la película con mis amigas.
Si te interesa seguir explorando este tema, lee también Reducir el estrés para prevenir la alopecia
Este artículo hace parte de la edición 207 de la revista impresa Bienestar Colsanitas.




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