Una suave caricia ayuda a mejorar la salud física, psicológica y emocional de las personas. Este acto, que es -de hecho- la primera manifestación de amor y de comunicación no verbal desde el nacimiento, genera sensaciones de placer y serenidad, disminuye el estrés y alivia dolores.
Hay quienes consideran que ninguna palabra podría describir mejor los sentimientos que una suave caricia. No es casual: muchas personas, tocan a otras para subrayar lo que dicen, para explorar lo que sienten, para reconocer miedos o, incluso, para intuir rasgos de su carácter.
El tacto como forma de comunicación se remonta al momento del nacimiento mismo. Al nacer, los bebés no tienen aún el oído desarrollado ni conocen el significado de las palabras; por tanto, aunque se les hable (o se les cante con arrullo), no entenderán. Son las suaves caricias de sus cuidadores, el contacto piel con piel y los abrazos, los que a tan temprana edad, les hace sentir calor, amor y protección.
Esta manifestación de apego a través del tacto no desaparece con los años. En la adultez, sigue presente de manera cotidiana, casi de manera inconsciente, por ejemplo en cada estrechón de manos que se ofrece al saludar a los demás.
Pero el tacto no es solo un mecanismo de comunicación no verbal entre niños y adultos; también es un escudo protector para la salud, capaz de reafirmar la seguridad, reforzar el sistema inmunológico y contribuir a prolongar la vida del receptor. Funciona similar tanto en humanos como en animales. El amor, la compasión y el cuidado que se expresan en las caricias de una madre a su hijo se reflejan, de igual forma, en la lamida de una perra a su cachorro.

La acción de acariciar a otros, además de ser un acto noble, posee un potente poder sanador científicamente comprobado.
Paola Andrea Cubides, neuróloga de Colsanitas, explica que estas estimulaciones sensoriales envían señales al cerebro que activan el sistema nervioso y favorecen que este libere placeres como la serotonina, las endorfinas y las oxitocinas; al tiempo reducen la producción de cortisol, (conocida como la hormona del estrés). “Este cóctel químico genera sensaciones de placer y serenidad, y contribuye a una reducción del estrés, lo que se traduce en una mejor calidad de vida”.
La neuróloga Cubides menciona que los primeros estudios al respecto se remontan a 1922. “Experimentos realizados en ratas y gusanos demostraron que la privación de estimulación sensorial afectaba su desarrollo conductual y molecular, causándoles bajo peso, alteraciones en el comportamiento maternal y emocional, así como déficits de atención”.
En iun estudio más reciente (2021) -añade la especialista- se analizó la influencia del tacto autoconsolador y de recibir abrazos como respuestas al estrés. Los resultados indicaron que se redujeron significativamente la secreción de cortisol y que el tacto autoconsolador fue percibido como más placentero y seguro que recibir abrazos, especialmente en personas socialmente aisladas y tímidas”.
Una estimulación que acompaña y sostiene
Andrea Cubides afirma que el contacto físico no es, por sí mismo, una cura para quienes padecen patologías crónicas o enfermedades graves. Sin embargo, aclara que estas prácticas pueden aportar beneficios significativos al bienestar general: “Por ejemplo, las caricias pueden reducir los niveles de estrés, aliviar la ansiedad y mejorar el estado emocional, lo cual impacta positivamente la calidad de vida y la percepción del bienestar. Además, el contacto afectivo puede fortalecer los lazos sociales, promover sentimientos de apoyo y seguridad, y favorecer la regulación emocional en personas que enfrentan largas etapas de enfermedad. En suma, aunque no sustituyen los tratamientos médicos, las caricias pueden complementar el cuidado y contribuir a una mejor salud mental y emocional en quienes viven con patologías crónicas”.

Las caricias también cumplen un papel terapéutico relevante en el campo de la psicología y la salud mental. Por eso, en la actualidad existen terapias basadas en el contacto físico que han sido ampliamente estudiadas y que han demostrado su efectividad en el abordaje de trastornos emocionales como la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático.
Paloma Carvajalino Suárez, psicóloga especialista en trastornos emocionales y del estado de ánimo, adscrita al Colegio Colombiano de Psicólogos, reafirma que el contacto físico favorece la liberación de hormonas fundamentales para el bienestar psico-emocional, como la oxitocina, que promueve la sensación de afecto, apego y conexión entre los seres humanos. Además, estimula la liberación de endorfinas, neurotransmisores que actúan como analgésicos naturales y generan una sensación de placer y agrado, logrando la reducción del estrés.
A partir de esto, Carvajalino concluye que el acto de acariciar ofrece beneficios que no sólo se reflejan en el cuerpo de quién los recibe, también en sus emociones. Y cita algunos de ellos:
Beneficios psico-emocionales de las caricias
- Reducen la ansiedad y el estrés.
- Fomenta y consolida vínculos afectivos.
- Refuerza la autoestima y la sensación de seguridad.
- Alivian la percepción del dolor.
- Contribuyen al fortalecimiento del sistema inmunológico.
- Aumenta la sensación de bienestar y felicidad.
- Favorecen la intimidad y la conexión emocional en las relaciones.
- Amplían la perspectiva emocional y promueven una actitud más positiva frente a la vida.
En Colombia no existen estadísticas sobre el número de personas que practican terapias sensoriales, debido a que estas no pertenecen al Sistema de Salud Pública. Sin embargo, el Ministerio de Salud y Protección Social registró, desde la consulta Gran Encuesta Integrada de Hogares, que el 66,3 % de los colombianos ha enfrentado alguna enfermedad de salud mental a lo largo de su vida.
Ante este panorama, Ana María Morales Rengifo, magister en intervención interdisciplinaria de violencia basada en género y representante regional en el campo de desarrollo humano y curso de vida del Colegio Colombiano de Psicólogos, recalca la importancia de la estimulación sensorial en la mayor cantidad de personas posible y desde edades tempranas, como una forma de fortalecer el desarrollo psicoemocional.
“Existen diversos tipos de terapias basadas en la estimulación sensorial. Una de ellas es la terapia del tacto consciente, que parte de la idea de que el cuerpo es un canal de sanación y, por lo tanto, el contacto debe ser respetuoso y consciente para liberar tensiones asociadas a experiencias traumáticas. También existe la terapia de vinculación afectiva, que busca generar una conexión a través del contacto físico cuidadoso como mecanismo para sanar heridas de apego. Por otro lado, existe la terapia de abrazos, la cual basa su teoría en que la falta de contacto afectivo puede generar emociones de soledad, ansiedad o trauma”, apunta Morales Rengifo.
La especialista en psicología señala que ninguna de las terapias anteriores incluye un contacto sexual y recalca que todo procedimiento, terapéutico o no, debe hacerse desde el afecto y el consentimiento, condiciones indispensables para que pueda ser verdaderamente beneficioso y efectivo.






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