Luego de participar en MasterChef Celebrity y dirigir la obra de teatro Respira, protagonizada por Cristina Umaña y Juan Pablo Raba, Nicolás se ha tomado un tiempo para descansar. Aunque eso no significa “hacer nada”. Grabó dos series de televisión que se estrenarán en 2026 y pasó por aquí para decirnos qué piensa sobre el bienestar.
Nicolás Montero llegó a MasterChef por una causa noble: quería hacer feliz a su mamá, quien ha sido por años una fan enardecida del programa. Sin embargo, estando allí descubrió dos nuevas razones que lo motivaron. Por un lado, se dio cuenta de que, a través de sus platos, sin demasiadas pretensiones, podía hacer un homenaje a Chapinero, el barrio bogotano que lleva en el corazón. Y, por otro, entendió que había algo más valioso que ganar la competencia: portarse bien. “Porque siempre es importante ser una buena persona, incluso en los momentos más complicados”. Y, seamos honestos, en medio de un reality de concurso eso puede convertirse en un desafío mayor. “Descubrí que al final era mejor llegar juntos que llegar primero”, afirma, recordando el buen sabor que le dejó su paso por las cocinas.
Parece una regla sencilla, pero es el gran faro en la vida de Nicolás. “No me preocupa mucho si Dios existe o no, pero si al final de mis días resulta que Dios es real, pues me gustaría caerle bien y tener la tranquilidad de haber estado a la altura”, dice con algo de risa, porque, aun cuando suelte una frase así de filosófica, él prefiere no tomarse muy en serio.

Mi escena de bienestar incluye…
Llegar a la casa, verme en el espejo y estar tranquilo con el reflejo. También tiene que ver con las personas que uno quiere y esperar que les vaya bien, que estén felices. Y, por supuesto, el tener proyectos interesantes y cierta tranquilidad económica.
Si pudiera aliviar el dolor de alguien…
Sería, primero, el de las personas cercanas; no hay nada más doloroso que ver sufrir a las personas que uno quiere. En la vida, hay que hacer un ejercicio colectivo y entender que el bienestar de todos es el de uno mismo.
Siempre que puedo le dedico tiempo a…
Conversar. No soporto que me digan ‘rápido, rápido, sin tanta filosofía’. No, a mí me gusta diseñar estrategias que nos permitan ser justos con los procesos de reflexión. También le dedico tiempo a caminar, a viajar, que es casi como ir a la universidad, y a leer.
Las batallas que estoy dispuesto a dar…
Uff, ¡la que se aparezca! Es decir, no siempre son las mismas. En un tiempo hice actividades con el grupo de memoria histórica porque me parecía importante saber lo que ha sido la violencia. Creo que no podemos vernos como colombianos si no entendemos lo que hemos vivido. Siempre me ha parecido que tener una reflexión sobre la educación es importante y también sobre el medio ambiente. Estuve involucrado con Greenpeace y con la protección de páramos. Y hay dos que tenemos pendientes como colombianos: tratar de educar nuestras emociones y la corrupción, que se ha vuelto una moneda de cambio. Insisto, ser decente es importante.
A la gente que quiero la sorprendo con…
Mira, en MasterChef aprendí que la cocina no es tan difícil, siempre y cuando uno no quiera cocinar con nitrógeno. Pero creo que la dignidad de una familia está en comer bien, en tomarse el tiempo y coger unas hierbitas y cocinar con ellas el arroz y luego ponerle unos tomates y darle un muy buen sabor. Creo que es eso; los sorprendo con una comida sencilla, pero con muy buenos sabores.

Mi salud la cuido…
Bueno, ahí me rajo. Trato de comer bien, pero no estoy haciendo mucho ejercicio. Tal vez ando un poco descuidado con ese tema.
Los momentos de soledad los valoro porque…
Bueno, ahí me rDisfruto mucho el silencio y tener tiempo para mí. Ir a la montaña y toda la cosa poética. Ahora bien, la soledad conceptual no me parece buena idea. Al final del día, uno no puede hacer todo solo, se necesitan otras personas y otras miradas.
Siempre regreso a…
Londres, porque alguna vez me gané una beca y lo pasé muy bien. Gracias al Consejo Británico pude ir a estudiar, pero también a disfrutar muchísimo. Recuerdo que iba a ver obras de teatro fantásticas y luego a tomarme un vaso de whisky en un barcito y conversar sobre la obra. Entonces uno vuelve siempre a los lugares donde fue feliz.
Me hace llorar…
Cuando hablo de mi hijo o de mi mamá, me conmuevo muy rápido. También lloro con las ausencias, las despedidas que no son justas y con las típicas películas y series gringas como Ted Lasso.

Los triunfos los celebro…
Si son los de la Selección Colombia, con gritería; pero si son triunfos personales es probable que sea un poco más parco. Creo que de niño tuve tanto cariño y tantos elogios que ahora no soy muy proclive a ellos.
Me he repetido muchas veces…
Varias películas: Fanny y Alexander me encanta. Y hay tres que no puedo dejar de ver cada vez que me las encuentro: Cuando Harry conoció a Sally, Notting Hill y Buscando a Nemo.
La banda sonora de mi vida incluiría…
Un sancocho el verraco: mucho jazz, mucha música clásica, pero también Fly Me To The Moon de Tonny Bennet; Tania, de Fruko y sus Tesos; Plástico, de Willie Colón y Rubén Blades, o I say a Little Prayer, escrita por Burt Bacharach.





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