Ortorexia y vigorexia, el límite de lo saludable

Por: / Ilustración: Jhon Yalanda / Septiembre 2021

La alimentación balanceada y la actividad física son hábitos importantes para tener una vida sana. Pero cuando se convierten en una obsesión, lo saludable deja de serlo.

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s innegable que el ejercicio y una alimentación balanceada son claves para alcanzar la plenitud y el bienestar. Pues más allá de un cuerpo ideal, son hábitos que permitirán alcanzar a corto y largo plazo una calidad de vida óptima. Sin embargo, dejarse llevar por dietas restrictivas, estereotipos corporales, falsas promesas de lo que es saludable y sobre todo, obsesionarse con ese estilo de vida puede desencadenar graves problemas de salud física y mental.

Esclavos del gimnasio

Para Juliana Manjarrés, comunicadora social de 22 años, el gimnasio siempre representó el lugar donde podía dejar todas sus preocupaciones, entrenar la hacía sentir conforme consigo misma y la llenaba de satisfacción. Pero esa satisfacción era algo efímero e instantáneo que rápidamente pasaba a convertirse en un problema: “Yo sentía que en el momento en que dejaba de ir al gimnasio todo me dejaba de interesar, nada más me motivaba en la vida”. Juliana entrenaba mínimo tres horas al día, faltaba a clases si su horario de la universidad no se ajustaba a su entrenamiento y no se iba de vacaciones si primero no contaba con una suscripción al gimnasio local.

La vigorexia es por definición un trastorno mental basado en una alteración de la imagen corporal, caracterizada por una preocupación excesiva por la forma y la figura del cuerpo. Según la doctora Nidia Yineth Preciado, coordinadora de la maestría de Psicología Clínica en Unisanitas, la preocupación está más enfocada en la ganancia de volumen corporal y la marcación de musculatura y no tanto en la reducción de grasa como pasa con los trastornos de alimentación. En los casos más extremos de esta patología, las personas pueden llegar a tener una malformación muscular ocasionada por implantes y uso excesivo de sustancias estimulantes que llevan a una pérdida de la forma natural de la anatomía humana.

Según estudios científicos, la vigorexia tiende a darse más en hombres que en mujeres, sin embargo, la vulnerabilidad de desarrollar un trastorno mental como este es muy similar en ambos géneros. En cuanto a edad, es más común entre los 18 y los 40 años.

Este trastorno pertenece al grupo de los trastornos dismórficos corporales que están categorizados por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. En su DSM-5 Guía para el diagnóstico clínico, James Morrison describe algunos aspectos que caracterizan la vigorexia:

Preocupación excesiva por uno o más defectos, imperfecciones u otros elementos que observa la persona en su cuerpo aún cuando son normales.

Tendencias a observar características fisiológicas propias que no corresponden con su ideal o su expectativa y querer cambiarlas de cualquier forma.

Comportamientos repetitivos-compulsivos como mirarse al espejo excesivamente, o medirse los músculos identificando las diferencias, incluso milímetros o centímetros, de su masa muscular.

Alteración emocional y psicológica de la autoestima.

Pérdida del interés por los espacios sociales, laborales y familiares.

La infinita cuenta de calorías

Para Juliana el domingo era el día de planear cada una de las comidas que consumiría en la semana siguiente, ese plan incluía pesar cada gramo de proteína, carbohidratos y grasas que comería con el fin de llevar un control estricto. Juliana salía de su casa cargada de contenedores herméticos que llevaba a la universidad y a cualquier lugar. No había espacio ni lugar para una salida a comer con su novio, ni mucho menos para un antojo distinto a lo que estaba en el plan de cada día.

La ortorexia es una alteración mental específica definida por una tendencia obsesiva, lo que quiere decir que está en el orden del pensamiento. Aún cuando no está catalogado como un trastorno mental, son ideas, sentimientos, preocupaciones y comportamientos llevados al extremo, que tienen que ver con cuidar la alimentación para que sea sana y equilibrada. Según la doctora Preciado, es una preocupación que la persona muchas veces no puede controlar, sino que viene de manera automática y que genera un profundo malestar.

Esta alteración no se debe confundir con ser vegetariano, vegano o con tener una alimentación saludable, pues va más allá de un estilo de vida o una creencia espiritual. La obsesión está centrada en las características y composición de los alimentos y en evitar un daño o cambio corporal que se puede producir por los mismos.

Disciplina vs. obsesión

Según la doctora Preciado, condiciones como la ortorexia y la vigorexia se dan por una influencia del entorno, las redes sociales, la publicidad, etcétera, que proponen un modelo “ideal” de hábitos, figuras y dietas que pueden llegar a ser perjudiciales. Si a esto se suma una personalidad de rasgos obsesivos o neuróticos, se incrementa el riesgo de desarrollar estas alteraciones. Sin embargo, es importante aclarar que todos los seres humanos somos vulnerables a experimentar un trastorno mental.

El problema de este tipo de trastornos, según Juliana, es que se toman por una intensa disciplina y no por lo que son realmente: una obsesión. “Mis papás son médicos y ninguno se dio cuenta. Sin saber, ambos reforzaron esa idea obsesiva exaltando lo juiciosa y disciplinada que era por llevar una vida saludable”.
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El problema de este tipo de trastornoses que se toman por una intensa disciplina y no por lo que son realmente: una obsesión.

¿Cuándo lo saludable deja de ser saludable?

Los tratamientos para este tipo de alteraciones mentales se dan según el nivel de gravedad en el que se encuentre el paciente. Según la doctora Preciado las opciones de tratamiento deben ir siempre dirigidas por un profesional en salud mental ya sea un psicólogo o un psiquiatra, y no por otras personas que se muevan en la industria del bienestar como coaches, asesores o entrenadores personales. Además de la terapia psicológica, se pueden recomendar distintos medicamentos o incluso una hospitalización preventiva para evitar lesiones mayores.

Juliana comprendió que algo malo pasaba consigo misma después de episodios de atracones de comida causados por la ansiedad de una vida tan restrictiva. “Buscaba comer a escondidas porque no podía con la vergüenza de que yo, la niña que sabía todo sobre el fitness, tuviera ese impulso incontrolable por comer. Cuando llegué al punto de llorar por el dolor de barriga después de estos episodios, entendí que necesitaba ayuda”

Cuando Juliana acudió al psicólogo para indagar por su condición fue diagnosticada con vigorexia y ortorexia, dos condiciones que se pueden dar por separado pero que muchas veces están estrechamente relacionadas, como en su caso. A partir de ahí, su recuperación se dio junto a un equipo multidisciplinario de profesionales en salud mental, nutricionista y deportólogo. “Uno de los momentos más frustrantes del camino fue darme cuenta de que yo estaba dejando mi vida de lado por conseguir un objetivo muy drástico y que no era necesario todo lo que había hecho”. Juliana entendió que sus rutinas de tres horas y la restricción alimenticia a la que se había sometido sólo la habían estancado y generado un efecto rebote producido por la ansiedad. “Entendí que podía ser saludable aún si comía pizza con mis amigos, que no era necesario restringirme hasta de comer la torta de mi cumpleaños y que podía entrenar la mitad del tiempo de lo que alguna vez entrené”.

Para Juliana, es clave preguntarse cuántas cosas se dejan de hacer o de disfrutar por llevar ese estilo de vida. Si se ven afectadas otras áreas de la vida, significa que hay un problema. “Para mí la parte más dura es saber que no voy a recuperar el tiempo que perdí excediéndome y haciéndome daño, no voy a tener de nuevo las cosas de las que me privé en el pasado”.

Según la doctora Preciado, lo saludable deja de serlo cuando trasciende del bienestar al malestar, o cuando hay una imposición propia o externa de una supuesta fórmula para la vida saludable. “No creo que haya una receta mágica para vivir la vida, precisamente las orientaciones muy rígidas son las que dan lugar a este tipo de alteraciones”, aclara la especialista.

La mejor recomendación para no vivir en ningún extremo es fortalecer la autoestima tanto como los músculos. La vida sana no debe ser satanizada bajo ninguna circunstancia, pero sí se debe apostar por trabajar en el cuerpo y en la mente de forma paralela, esto se logra a través de hábitos sanos y permitirse un estilo de vida basado en el autoconocimiento y la reflexión.

Señales de alarma

Debido a la difusa línea que hay entre vivir una vida saludable y obsesionarse con una, la identificación de este tipo de trastornos puede ser complicada. Sin embargo, la doctora Preciado apunta algunas señales a las que se puede estar alerta si se sospecha que algo no está funcionando del todo bien:

Sobrepasar los límites convencionales de lo saludable, hacer cambios drásticos en la alimentación y el ejercicio y que estos cambios sean notados por las personas cercanas como familia, pareja o amigos.

Alteraciones físicas como fatiga muscular, desmayos o desregulación hormonal.

Uso de sustancias estimulantes potencialmente peligrosas para aumentar la musculatura o el rendimiento.

Aislamiento social e interrupción de actividades cotidianas. Malestar emocional y frustración al no alcanzar las metas deseadas con la alimentación y el ejercicio físico.

* Periodista de Bienestar Colsanitas.

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