El hígado es el órgano interno más grande y su buen funcionamiento es fundamental. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que hace por nosotros en silencio: casi 500 funciones activas que ocurren sin que lo notemos.

El hígado está situado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, debajo del diafragma y por encima del estómago, el riñón derecho y los intestinos. Es un órgano de color marrón rojizo con forma de triángulo, que pesa alrededor de tres libras.
Entre todas sus funciones, la principal es mantener el equilibrio químico en la sangre. Básicamente hace limpieza y filtra la sangre, dejando que lleguen nutrientes sanos a cada célula, y eliminando sustancias tóxicas como el alcohol y los desechos de medicamentos. Para ello produce bilis, un líquido que descompone las grasas de los alimentos en partículas diminutas. También es el encargado de reservar energía para los momentos en que el cuerpo no recibe alimento, desde las horas de sueño hasta ayunos prolongados.
“El hígado es un juez del cardiometabolismo”, explica el cardiólogo Juan Camilo García, médico de la Clínica Iberoamérica en Barranquilla. En otras palabras: recibe lo que comemos, evalúa qué necesita el cuerpo y decide qué almacenar, qué transformar y qué poner a circular. Lo que ocurre allí también puede impactar el corazón, los vasos sanguíneos y el metabolismo en general.
El hígado no es indestructible
El hígado es un órgano silencioso, pocas veces anuncia cuando está fallando, por eso los chequeos hepáticos no suelen ser tan frecuentes. Es por eso que el doctor García es contundente al decir que no se debe esperar a que aparezcan síntomas para actuar. “Entre más temprano impactemos, mejor. No hay que esperar a los 40 o 50 años: desde los 20 se debería hacer al menos una primera consulta de colesterol y glucemia, y repetirla anualmente o cada dos años según los factores de riesgo”

Las principales patologías que se presentan en el hígado siguen una progresión:
Hepatitis viral: inflamación causada por virus, contraída por ingerir alimentos contaminados, transfusión de sangre o relaciones sexuales sin protección.
Esteatosis hepática: enfermedad que incluye diversas causas de acumulación de grasa en el hígado. De esta se desprenden dos variantes:
- Disfunción metabólica asociada a esteatosis hepática: esteatosis relacionada con obesidad, sobrepeso o diabetes tipo 2, en ausencia de consumo nocivo de alcohol. Puede acompañarse de inflamación o no.
- Disfunción metabólica y alcohol asociados a la esteatosis: esteatosis con disfunción metabólica causada por una ingesta aumentada de alcohol.
Inflamación: la hinchazón del hígado que ocurre cuando este se lesiona o infecta y puede comprometer su funcionamiento normal.
Fibrosis: la acumulación de tejido cicatricial como respuesta a un daño persistente. El órgano intenta repararse, pero cuando la lesión es constante, ese tejido se acumula y afecta procesos vitales.
Cirrosis: el tejido sano es reemplazado lentamente por bandas de cicatrices, transformando su superficie en una estructura rígida que ya no puede cumplir sus funciones normales.
Hepatocarcinoma: el tipo más frecuente de cáncer que se origina directamente en las células del hígado. Ocurre principalmente en personas que ya presentan cirrosis.
Solo cuando hay inflamación se puede regresar a un hígado sano. Si bien este órgano tiene una gran capacidad de regeneración e inclusive puede hacerse un trasplante, hay estados en los cuales el avance de la enfermedad imposibilita estas opciones.

Algunas señales del cuerpo que deberíamos atender con un especialista
- Fatiga o comezón, pérdida de apetito.
- Hinchazón en abdomen o extremidades inferiores como tobillos y pies, tono amarillento en piel y ojos, orina oscura.
- Náuseas, vómitos, confusión, olvidos y desorientación.
- Hígado graso (esteatosis hepática)
El hígado graso se puede presentar de dos maneras:
- Hígado graso no alcohólico (esteatosis hepática): provocada por condiciones como el sobrepeso, el sedentarismo, el exceso de grasa abdominal y la diabetes. “La obesidad va de la mano con el hígado graso hasta que no se demuestre lo contrario”, dice el doctor García. Y aquí aparece algo que suele sorprender: el hígado graso no solo afecta al hígado, el paciente con hígado graso tiene un riesgo cardiometabólico. Esto ocurre porque la acumulación de grasa desencadena procesos inflamatorios que favorecen la formación de placas en arterias y aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
- Hígado graso alcohólico (esteatosis hepática alcohólica): ocurre cuando el hígado genera sustancias dañinas en el intento de limpiar el alcohol del cuerpo, dañando las células hepáticas en el proceso. En sus primeras etapas puede dar señales que se confunden con un malestar general: cansancio, falta de apetito, molestias digestivas o dolor en el lado derecho del abdomen. Cuando el daño avanza, aparecen síntomas más específicos: la piel y los ojos se tornan amarillos, la orina se oscurece y el abdomen se hincha por acumulación de líquido. En estos casos la solución va más allá de la dieta: requiere acompañamiento psicológico para tratar el alcoholismo.
No hay que esperar a los 40 o 50 años: desde los 20 se debería hacer al menos una primera consulta de colesterol y glucemia.
Cuidados y prevención
- Alimentación: la dieta juega un papel central en su tratamiento: más proteínas magras como pollo y pescado, verduras, legumbres y carbohidratos saludables, y menos grasas saturadas, embutidos, azúcar y harinas refinadas. Un plato ideal debería ser 50 % verduras, 25 % carbohidratos (arroz, papa, ñame) y 25 % proteína.
- Actividad física: mínimo 150 minutos semanales de caminata (30 minutos de lunes a viernes es suficiente, no es necesario un gimnasio). Combinarlo con ejercicios de resistencia para mantener la masa muscular que se pierde con la edad.
- Sueño: entre 7 y 9 horas de sueño reparador. Todos los órganos, incluido el hígado, necesitan ese tiempo para recuperarse.
- Alcohol y otras sustancias: reducir o eliminar el alcohol, el vapeo y las sustancias psicoactivas, porque son factores de daño hepático y cardiovascular.
- Chequeos médicos: para personas con sobrepeso u obesidad: pruebas de función hepática (transaminasas) y ecografía abdominal para detectar hígado graso antes de que dé señales.




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