Cómo mantener una relación sana con su terapeuta

Por: / Ilustración: Camila López / Septiembre 2022

Aunque la tarea de un terapeuta profesional es ayudarnos a transitar nuestras emociones, en algunos casos esa relación puede convertirse en un nuevo problema emocional. Le contamos cómo evitarlo.

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Tomar la decisión de asistir a terapia puede resultar difícil porque implica exponerse emocionalmente frente a otra persona y hablar de temas personales como el trabajo, las relaciones sociales y la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos. Significa aceptar que necesitamos ayuda profesional y debemos buscarla. También atemoriza la incertidumbre de no saber si el terapeuta será una persona amable, confiable, cercana o alguien más bien distante, antipático o imponente.

Según el director de la especialización en psicología clínica de Unisanitas, el psicólogo Óscar Castro, una relación terapéutica depende de los estilos de personalidad tanto del terapeuta como del paciente. A pesar de que hay manuales para determinar el comportamiento adecuado en terapia, no se debe desconocer la humanidad que hay en cada profesional. Es imposible negar la empatía que se va generando en el espacio terapéutico y la facilidad con la que permite llevar a cabo el proceso. 

Por otro lado, es importante saber que a pesar de que la consulta clínica con un psicólogo está muy ceñida a la subjetividad, existen límites que permiten que el proceso de recuperación avance y se dé con transparencia, uno de ellos es la ley 1090 del Código Deontológico y Bioético de Psicología del 2006. Esta normativa reconoce al psicólogo como un profesional de la salud que debe cumplir con los mismos requisitos del gremio; su labor tiene un impacto directo en el bienestar de los consultantes al desempeñarse en áreas como la evaluación, diagnóstico, intervención, asesoría y docencia.

La ley 1090 hace referencia a las condiciones para el ejercicio profesional relacionadas con la toma de decisiones, los límites y las condiciones del Secreto Profesional que tienen que ver con la edad del paciente, si tiene alguna discapacidad cognitiva, si está en un proceso judicial, si hay un riesgo de autoagresión o heteroagresión, o si se encuentra bajo un estado de consciencia alterado; y los procesos disciplinarios ante el incumplimiento de lo estipulado por la ley. 

El Colegio Colombiano de Psicólogos es la entidad que además de dar respaldo a la profesión, se encarga de regular y garantizar el cumplimiento de las leyes pertinentes. También existe el Código de Beneficencia y no Maleficencia, que plantea la importancia de hacer el bien actuando en beneficio de cada paciente, curar el daño y hacer todo lo necesario para que los pacientes estén sanos, realizar únicamente aquello para lo que se está capacitado, conocer las propias limitaciones y permanecer actualizado en conocimientos y habilidades. Todos estos planteamientos protegen tanto al paciente como al terapeuta y contribuyen al desarrollo de un vínculo positivo entre ambos.

Terapeuta

Es fundamental comprender que más allá de las reglas básicas como el Secreto Profesional o la Beneficencia y la no Maleficencia, cada espacio terapéutico es único porque, en palabras del psicólogo clínico, se trata de una construcción entre ambas partes en la que siempre hay un diálogo abierto mediante el cual se manifiestan acuerdos, objetivos terapéuticos, pero también diferencias y necesidades que permiten que el profesional vaya haciendo ajustes a medida que avanza la terapia. 

En consulta debe quedar claro que lo que se busca no es generar dependencia, sino adquirir herramientas de autonomía y agencia sobre sí mismos. A su vez es clave ir poniendo límites de tiempo, por ejemplo,“vamos a vernos una vez a la semana y cuando cumplamos el objetivo nos vemos cada 15 días, después cada mes hasta que cerremos el proceso”. 

Además, el terapeuta debe identificar los patrones de personalidad, conducta, actitud o comportamiento, para evitar que la relación tenga efectos contraproducentes para el proceso psicológico. Este efecto puede presentarse en dos vías:

La transferencia: desde el enfoque psicoanalítico, hace alusión al hecho de transferir al terapeuta una serie de sentimientos que no tienen origen en la terapia necesariamente. En general puede suceder porque el terapeuta se vuelve una figura importante en la vida del paciente, al ser quien escucha activamente, demuestra interés en lo que sucede y ayuda en la búsqueda de soluciones o estrategias de afrontamiento. 

La contratransferencia: sucede cuando el terapeuta transfiere aspectos de su propia vida al paciente. En ambos casos, es fundamental que el terapeuta se mantenga alerta para establecer una conversación al respecto y, si es preciso, remita al paciente a otro profesional que pueda darle continuidad al proceso.

Terapia grupal

Además de la consulta de psicología existe la terapia ocupacional, que se realiza de manera grupal y busca lograr que la persona sea funcional en áreas del desempeño como el autocuidado, el trabajo o estudio, y el ocio; para ello utiliza la ocupación o las actividades como un medio terapéutico de rehabilitación, acompañamiento e identificación de las necesidades de cada paciente para plantear un programa de tratamiento. 

Según Leidy Castro, terapeuta ocupacional del Instituto del Sistema Nervioso de Risaralda, “el terapeuta debe tener un proceso de introspección previo para facilitar un ejercicio profesional idóneo, una reflexión que le permita identificar cómo le da manejo a sus emociones, cómo libera sus malestares emocionales, cómo asume sus vivencias personales, de manera que pueda descargar su propia carga psicológica y asumir un rol de terapeuta más sano, desde el propio bienestar”. En terapia grupal se debe tratar a todos los pacientes por igual y no asumir como personal una actitud o comportamiento de un paciente, de proponer las mismas posibilidades a todos y todas y partir de ahí para un análisis más individual.
Con el ánimo de propiciar espacios terapéuticos funcionales desde el enfoque clínico de la psicología, se pueden dar las siguientes recomendaciones:

Como terapeuta:

1. Hablar con la verdad, conectarse con las emociones, tener en cuenta que la actitud no verbal tiene una relación directa con lo que se está sintiendo y pensando. Cuando el paciente percibe que hay una barrera por parte del terapeuta, disminuyen las probabilidades de tener una relación de confianza.

2. Ser compasivo con el paciente, comprender su tristeza y ponerla en contexto. Cuando se dan respuestas como: “ah bueno, pero eso se mejora”, se invalida la emoción de la persona. 

3. Propiciar una comunicación abierta y flexible para que el paciente pueda decir cuando se siente incómodo o necesita modificar el objetivo inicial a sus nuevas necesidades.

4. Comprender que algunas personas son más selectivas con los temas que quieren tratar. Si alguien omite ciertos temas, es porque probablemente esa decisión está relacionada con la situación que está atravesando. Debe haber aceptación inicial para luego empezar a abordar esos aspectos más delicados.

5. Reconocer las herramientas positivas y construir en conjunto con el paciente. El terapeuta no puede ser impositivo porque eso invalida los procesos individuales de construcción de cada ser humano. 

Como consultante:

1. Sentirse en un espacio libre de juicio, pues el paciente se debe comunicar con su propio lenguaje y ser honesto con lo que piensa y siente.

2. Preguntar y solucionar cualquier duda sobre las tareas le asigna el terapeuta, la importancia de las reflexiones que propone y el tiempo que se tomarán para cumplir el objetivo.  

3. Cumplir los acuerdos, dedicarle el tiempo necesario a la consulta, hacer las tareas y ver en su terapeuta una posible ayuda.

 

 

*Comunicadora Social y Periodista.

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