La vida de Héctor Montejo se entrelaza con la historia de nuestra revista, ha coleccionado y empastado cada edición con sumo cuidado, haciendo del Bienestar una guía para atravesar diferentes momentos de su vida.
Hablar con Héctor Montejo y su esposa Amanda es abrir una ventana al pasado. Es como tomar un café con nuestros abuelos y escuchar la historia de sus vidas, para que no caiga en el olvido. En su hogar, el tiempo parece detenerse; sus corazones narran la historia de una familia que hizo del cuidado de los demás su razón de ser.
Cada tanto, entre cientos de páginas encuadernadas, Héctor pasa las tardes observando y leyendo los artículos publicados de la revista Bienestar, mientras toma apuntes sobre las ediciones que le faltan a su vasta colección. Su historia comienza en la Imprenta La Avisadora, en la Avenida Jiménez de Bogotá, antes del boom tecnológico del siglo XXI. La imprenta, negocio de sus padres, era reconocida por sus avisos del Teatro Colón, la Plaza de Toros y los combates de boxeo. Héctor creció entre el olor a tinta y la prensa adornada con un águila de bronce que llegó a lomo de mula desde la costa colombiana.

A sus 95 años, Héctor tiene los ojos bien abiertos para detallar la tipografía, los colores y la diagramación de cada página, porque para él una revista es el resultado de un proceso artesanal. Héctor lee Bienestar y la escanea con el rigor de un maestro impresor.
El coleccionista perdió a su madre a los 12 años, y su padre, médico y cabeza de la imprenta, lo educó con disciplina. A los 18 años, la familia decidió buscar nuevos horizontes en Estados Unidos, por eso Héctor vivió cuatro décadas lejos de Colombia, pero la enfermedad y muerte de su padre lo trajeron de vuelta.
Fue entonces cuando Héctor y Amanda se reencontraron. “Un primo de él era primo de un pariente mío”, cuenta Amanda, recordando cómo, tras 40 años de ausencia, sus caminos se cruzaron en medio del duelo. Con humor, llaman a esa etapa “las negociaciones”: Amanda, de 50 años, había pasado por un proceso de separación y tenía hijos que proteger; y Héctor, a sus 60 años, tuvo la determinación de quien había encontrado su puerto, decidió no volver a marcharse. Se instaló en Colombia con la convicción de que su lugar estaba al lado de Amanda.
El duelo se intensificó tras el fallecimiento de la hija mayor de Amanda mientras formalizaban su relación. “Era bióloga y amaba el mar. Dirigía un laboratorio que producía camarón en Ciénaga, Magdalena. Murió en un accidente de tránsito, estando embarazada”, recuerda Amanda. En esa oscuridad, Héctor se convirtió en su apoyo total: “Me sacó de aquí, me llevó a Estados Unidos para que pudiera respirar, para que mi cabeza estuviera en otro lugar”. Adoptó sus dolores y a sus hijos como propios, demostrando que la familia no es de sangre, sino de quienes deciden quedarse cuando todo se derrumba.

El espíritu trabajador de ambos los llevó a fundar su propia agencia de servicios de Colsanitas: Amasalud, un nombre que combina “ama de amor y Amanda”, dice Héctor. Empezaron de cero. “Él venía de cambiar el carro cada año en Estados Unidos, mientras que aquí yo lo montaba en las busetas y caminábamos cuadras enteras para visitar a un cliente”, recuerda Amanda. No solo buscaban vender pólizas o medicina prepagada, más bien crearon vínculos con sus clientes; conocían a cada usuario por su nombre, sabían de sus enfermedades y de sus vidas. “Éramos parte de sus familias”, cuenta Amanda. Esa dedicación continúa hasta el día de hoy en manos de su hijo menor Juan Pablo, quien heredó la actitud de servicio que sus padres sembraron.
Aquí es cuando la vida de Héctor se cruza con las páginas de esta revista. Héctor colecciona la revista Bienestar por su respeto a la excelencia. “Desde el inicio, me parecían muy buenos artículos, y no solo de médicos, sino de muchos temas e historias”, dice. Cada dos meses, cuando llega la revista, él la estudia. Luego, con minuciosidad las agrupa en orden de ejemplares y las lleva a un taller de encuadernación en Chapinero. Allí, las convierte en tomos empastados con letras doradas. “Le gusta la calidad de la impresión, el papel, pero sobre todo el contenido”, añade Amanda. Para él, estas revistas son un refugio, pues las páginas de Bienestar le hablan de un mundo que sigue siendo bello, interesante y digno de preservar.
El 23 de agosto del 2023, Héctor sufrió un accidente cerebrovascular que le quitó la fluidez del habla. A pesar de ello, su mente permaneció intacta, y su presencia sigue siendo el motor de la casa. Con una disciplina admirable, utiliza su celular y su computador para comunicarse, para imprimir documentos y para seguir presente en la operación de la agencia.
Con su vida, Héctor nos enseña que hay que vivir cada momento con intensidad y escribir con valentía nuestra propia historia, pues la vida es una edición limitada. Su colección de revistas, cuidadosamente empastada, es su forma de decir que lo valioso merece permanecer. Como su amor por Amanda, que después de 34 años sigue teniendo la frescura de la primera página.








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