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Cuidado con las silenciosas hernias

Cuidado con las silenciosas hernias

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Las hernias son relativamente comunes y muchas veces inofensivas, pero en algunos casos pueden causar dolor, e incluso incapacitar a la persona para sus actividades cotidianas.

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Muchas personas conviven con las hernias sin saberlo y sin notarlas, y solo hasta que ocurre un evento fuera de la rutina, como un embarazo o un examen médico, se percatan de su existencia. Otras las descubren porque encuentran un bulto blando en el abdomen o en la ingle que puede ser doloroso al toser o al levantar un objeto pesado; y otros las detectan cuando ya se convierte en una urgencia médica. El doctor Marco Fidel Chala, médico cirujano adscrito a Colsanitas, explica los tipos de hernias y sus posibles tratamientos.

¿Qué son? 

Una hernia es una debilidad en una pared muscular, usualmente la abdominal, que hace que los órganos, tejidos o la grasa puedan salirse por ahí (se hernien), dando lugar a la aparición de un bulto. 

Puede asemejarse a un suéter al que se le abre un agujero en el codo, y al doblar el brazo este se sale por ahí. La forma de corregirlo es coser la tela, y cuando el hueco es muy grande, se le pone una codera para reforzar el tejido dañado y evitar que se vuelva a abrir. 

Tipos 

Las hernias se clasifican según su lugar de aparición.

Cuidado con las silenciosas hernias - Luisa Reyes

Hernia umbilical 

Es la más frecuente. Ocurre después del nacimiento, cuando el músculo alrededor del ombligo no se cierra completamente. Como explica el doctor Chala, “en el momento del nacimiento, el acto de llorar hace que las fibras que están alrededor del conducto umbilical —que naturalmente vienen abiertas porque por ahí pasa el alimento durante la gestación— se cierren, pero no a todo el mundo le sucede; muchas personas conviven con su hernia y nunca se dan cuenta hasta que, por ejemplo, hacen un esfuerzo y aparece el dolor”.

Normalmente, las hernias umbilicales de los niños se cierran durante los primeros dos años de vida, pero pueden no hacerlo y el tratamiento dependerá de las molestias que cause. Si hay que corregir, se hace con cirugía.

Los adultos también pueden desarrollar hernias umbilicales debido a la obesidad, a un embarazo o a una cirugía abdominal. Son fáciles de identificar, pues aparecen como un bulto que sobresale en el ombligo. Normalmente no tienen ninguna complicación y en caso de ser asintomáticas no se operan, pero existe el riesgo de que, por ese huequito que es la hernia, pueda introducirse contenido del abdomen: si es grasa no es grave, pero si es un fragmento del intestino, se trata de una urgencia que puede terminar en la muerte si no se trata a tiempo. Este es el desenlace menos frecuente. 

Hernia inguinal

De acuerdo con el doctor Chala, es la segunda hernia más común y se encuentra dentro de las cinco cirugías ambulatorias más practicadas en Colombia. De cada 1.000 habitantes, 15 padecen una hernia inguinal. La prevalencia es más alta en hombres, quienes tienen un 27 % de posibilidades de presentarlas, frente a las mujeres, en quienes ese riesgo es del 3 %. 

Este tipo de hernia ocurre cuando una parte del contenido del abdomen (normalmente grasa o una parte del intestino) sale hacia la ingle a través de un punto débil en la parte inferior de la pared abdominal. Se puede detectar porque aparece un bulto en la ingle, que así como puede no molestar, también puede ser incómodo y doloroso. En todo caso, una vez diagnosticadas, todas las hernias inguinales deben operarse, pues tienen un riesgo alto de complicarse y convertirse en una urgencia quirúrgica.                            

En general, cualquier situación que genere presión dentro del abdomen puede favorecer la aparición de una hernia inguinal: la obesidad, la tos crónica, un tumor, el embarazo e incluso el estreñimiento. Según el doctor Chala, la causa de estas hernias también está asociada con las etapas de la vida. En los niños puede deberse a un trastorno de maduración de un conducto que, al igual que el umbilical, a veces no se cierra y es donde se establece la hernia. 

Durante la juventud y la adultez, la hernia inguinal suele ocurrir por esfuerzos mal ejecutados, como levantar un objeto muy pesado. Y en los adultos mayores, es más frecuente en los hombres y normalmente ocurre producto de un esfuerzo permanente asociado con problemas de próstata, en los que ésta va aumentando de tamaño, lo que hace que se genere un pujo al momento de orinar, pujo que va debilitando las paredes y aparecen hernias. 

Hernia femoral o crural 

Es muy parecida en todas sus características a la hernia inguinal e incluso físicamente se ubica muy cerca de ella, en el llamado canal femoral, con la diferencia de que esta es más común en las mujeres y por lo general duele. “Un dolor que se irradia por la cara interna de las piernas y que usualmente se presenta de pie o caminando, y mejora cuando los pacientes se acuestan boca arriba” señala el doctor Chala. El tratamiento, al igual que en la hernia inguinal, es quirúrgico. 

Hernia epigástrica 

Este tipo de hernia también se presenta en la pared abdominal y aparece entre la región que va desde el ombligo hasta el pecho. Son muy frecuentes, pero muchas veces pasan desapercibidas porque no producen síntomas. En ese caso, no necesitan tratamiento. Si empiezan a doler o a generar alguna molestia, se corrigen con cirugía. 

Hernia hiatal

La hernia hiatal es la que aparece cuando la parte superior del estómago empuja hacia arriba y sale hacia el tórax a través del diafragma, que es el músculo de la respiración que divide el tórax del abdomen. Se identifica como un bulto que sobresale en lo que habitualmente llamamos la boca del estómago. 

Cuidado con las silenciosas hernias - Luisa Reyes

En general no produce síntomas, pero si es muy grande puede causar reflujo o acidez. También puede producir anemia, por sangrado crónico, o dolor en el tórax fuerte, que puede llegar a confundirse con el dolor de un infarto.  En ocasiones la hernia es tan grande que todo el estómago y hasta parte del colon se pasan hacia el tórax. En este caso es necesario hacer una cirugía.

Hernia discal

Esta hernia es diferente a todas las anteriores porque no se presenta en la región abdominal sino en la columna vertebral, cuya estructura se compone de 33 huesos llamados vértebras, que se articulan y amortiguan entre sí por una especie de almohadillas llamadas discos. Gracias a ellos nuestra columna tiene movimiento y no es un conjunto de huesos que chocan entre sí. 

La hernia discal ocurre cuando un disco se sale de su lugar o se rompe a causa de una lesión, haciendo que su interior, llamado núcleo pulposo (una especie de gelatina), se salga. Y así como hay hernias discales asintomáticas, también las hay dolorosas, cuando tocan uno o varios de los nervios que atraviesan la columna. En este caso la persona puede sentir hormigueo en brazos y piernas, entre otros síntomas. 

Cuidado con las silenciosas hernias - Luisa Reyes

Entre los factores de riesgo se encuentran levantar objetos pesados, mala postura, una vida sedentaria, accidentes automovilísticos, golpes o caídas, la obesidad (porque genera más presión en los discos) y también la edad, pues con los años los discos se van volviendo menos flexibles y más propensos a desgarrarse o romperse. 

La hernia discal debe ser tratada por un ortopedista o un neurocirujano. Si los exámenes no evidencian un daño nervioso, normalmente los médicos recomiendan fisioterapia, medicamentos y en algunos casos inyecciones de esteroides. La cirugía solo se utiliza cuando hay un daño en un nervio o cuando el dolor interfiere con las actividades cotidianas de la persona. 

Recomendaciones

Cualquiera sea el tipo de hernia que padezca, la principal recomendación es bajar de peso, no solo porque el sobrepeso puede ser el causante de la aparición o empeoramiento de una hernia, sino porque si una persona se opera y sigue con obesidad, tiene más probabilidades de que la hernia vuelva a salir. 

Para las personas que tienen trabajos de esfuerzo o practican deportes que involucran mucha fuerza, es importante protegerse con cinturones diseñados para aislar la cavidad abdominal. 

 - Este artículo hace parte de la edición 189 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí

Luisa Reyes

Periodista. Colaboradora frecuente de Bienestar Colsanitas