En 2025 surgieron dos nuevos conceptos para hablar de la obesidad que buscan mejorar su diagnóstico y tratamiento: obesidad clínica y obesidad preclínica. La propuesta, presentada por la revista médica The Lancet, abre una conversación necesaria sobre cómo entendemos esta condición, cómo se diagnostica y por qué sigue siendo un tema difícil y muchas veces estigmatizado en salud pública.
A comienzos del 2025, la reconocida revista médica The Lancet presentó el informe Definición y criterio diagnóstico de la obesidad clínica, resultado de un consenso científico sobre un tema siempre controversial: la obesidad. 58 expertos globales en la materia se reunieron para desarrollar una nueva definición de esta condición, basada en la evidencia más reciente sobre el exceso de peso y en criterios más precisos para su diagnóstico y tratamiento.
Conscientes de la dificultad de abordar este tema y de la complejidad de cerrar el debate, los expertos que participaron en el informe reconocen que definir la obesidad como una enfermedad tiene implicaciones no solo para la práctica médica sino para la salud pública y para la sociedad en general.
Existen argumentos sólidos a favor y en contra de considerar la obesidad como una enfermedad. Según el consenso, quienes respaldan esta postura sostienen que las personas con exceso de peso enfrentan mayores barreras para acceder a servicios de salud y deben enfrentar además el estigma social relacionado con el sobrepeso. Para quienes apoyan esta idea, reconocer la obesidad como una enfermedad le otorgaría mayor legitimidad médica y cultural, y facilitaría el acceso a tratamientos
Del otro lado, están quienes argumentan que definir la obesidad como una enfermedad podría tener un impacto negativo porque se podría asumir que esta es una condición que no depende de los hábitos de vida saludables de las personas y por esta razón, podría llevar a que los pacientes no tomen medidas para cuidar su salud. Entre los críticos también están quienes consideran la obesidad como un fenómeno de salud complejo y heterogéneo que no necesariamente puede afectar la salud porque, argumentan, existen personas con exceso de peso que no presentan signos de enfermedad crónica.
Con este debate como contexto la comisión de expertos de The Lancet se inclinó por definir la obesidad como una enfermedad y propuso una clasificación nueva para esta condición.

Obesidad clínica y obesidad preclínica
La Organización Mundial de la Salud ha definido la obesidad como una enfermedad crónica compleja que se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud y dictamina que su diagnóstico debe realizarse calculando el índice de masa corporal (IMC) que se obtiene de dividir el peso de una persona en kilogramos por su estatura en metros al cuadrado.
La comisión de The Lancet, en cambio, propone una definición más amplia: entiende la obesidad como una condición caracterizada por un exceso de adiposidad, con o sin distribución o función anormal del tejido adiposo, y con causas multifactoriales que aún no se comprenden por completo. Además, plantea una nueva clasificación en dos etapas. La obesidad clínica se define como una enfermedad crónica sistémica, caracterizada por alteraciones en la función de tejidos u órganos del individuo en su conjunto o una combinación de estos debido al exceso de adiposidad. La obesidad preclínica, por su parte, no se considera una enfermedad, sino un estado de grasa corporal con función preservada de tejidos y órganos, asociado a un riesgo variable, aunque generalmente mayor, de desarrollar obesidad clínica y otras enfermedades no transmisibles.
En palabras más sencillas, la obesidad clínica aparece cuando hay daño o mal funcionamiento de órganos y tejidos causados por el exceso de grasa. La obesidad preclínica, en cambio, corresponde a un estado de exceso de adiposidad que no ha afectado todavía la función y las condiciones de órganos y tejidos, pero que podría hacerlo si no se toman medidas para mitigar el riesgo. Más que el tamaño o la apariencia física de las personas, la clave está en la cantidad de tejido graso que está asociada a la aparición de enfermedades como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedades metabólicas y algunos tipos de cáncer.
En el nuevo consenso, la comisión de The Lancet también cuestiona el uso del IMC para diagnosticar la obesidad, pues esta medida solo contempla el tamaño, pero no la composición corporal que incluye el tejido graso, la masa muscular y la masa ósea. El doctor Andrés Ospina, coordinador del programa de cirugía bariátrica de la Clínica Reina Sofía lo explica con un ejemplo claro: “un fisicoculturista puede tener un IMC alto porque ha desarrollado una gran cantidad de masa muscular que lo hace ver más grande, pero esto no significa que pueda considerarse una persona con obesidad, pues el IMC no permite identificar la cantidad de tejido graso, que es el componente cuyo exceso se asocia con problemas de salud”.
Este ejemplo también funciona al contrario: una persona con IMC bajo puede verse delgada y podría considerarse sana, pero presentar otros indicadores de riesgo, como un perímetro de cintura elevado, que la expone a los efectos nocivos del exceso de adiposidad.
La comisión concluye que el IMC es inexacto para diagnosticar de forma individual a las personas y que deben considerarse otras medidas para obtener un resultado más fiable. Sin embargo, existe consenso en que un IMC mayor a 40 corresponde a obesidad clínica y debe ser tratada como un paciente con una condición crónica.
Las otras medidas que sugiere el consenso para diagnosticar la obesidad son el análisis de composición corporal mediante un escaneo DEXA, que a través de rayos X permite diferenciar la masa grasa, la masa muscular y la masa ósea, y que se utiliza con mayor frecuencia especialmente en países industrializados y del norte global. Cuando este examen no está disponible, como ocurre en Colombia, se pueden tomar medidas antropométricas como la circunferencia de la cintura, el índice cintura-cadera o

Un diagnóstico más preciso
Con estas nuevas definiciones y el uso de pruebas que permiten determinar con mayor precisión la cantidad de tejido graso, es posible hacer un diagnóstico de la obesidad que vaya más allá del tamaño corporal o del IMC. De nuevo, un ejemplo que da el doctor Ospina: “tomando como referencia el perímetro de cintura, que debe ser menor a 90 centímetros en hombres y menor a 80 en mujeres, si una persona tiene un IMC de 37, más hipertensión —una enfermedad asociada a la obesidad— y un perímetro de cintura de 100 centímetros, se puede considerar como un paciente con obesidad clínica. En cambio, si ese mismo paciente no presenta síntomas de alguna enfermedad vinculada a la obesidad su caso se puede considerar como obesidad preclínica.
Ospina también señala que quienes reciben el diagnóstico de obesidad clínica, además del exceso de tejido graso, un IMC y unas medidas antropométricas elevadas, suelen presentar diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, dislipidemia, apnea del sueño, enfermedades articulares en caderas, rodillas y columna, así como limitaciones para realizar actividades cotidianas como bañarse, amarrarse los zapatos y caminar. Todas estas condiciones están directamente relacionadas con el exceso de adiposidad.El informe de la comisión de The Lancet también sugiere formas diferentes de tratar estas dos etapas. En los casos de obesidad clínica, recomienda un manejo farmacológico o quirúrgico, cuando sea indicado por especialistas, que ayude a mejorar o remitir las manifestaciones clínicas. En los casos de la obesidad preclínica la comisión sugiere un seguimiento del estado de salud y ajustes en el estilo de vida como una alimentación balanceada y actividad física para evitar que la condición progrese. “Este nuevo enfoque trata de encender las alarmas y hacer seguimiento oportuno a los pacientes con obesidad preclínica para mitigar el riesgo de que su condición se convierta en obesidad clínica y, de ser así, las personas estén bajo supervisión médica”, concluye el doctor Ospina.

El injusto estigma de peso
Una novedad que trae el informe de la comisión de The Lancet es la reflexión sobre el estigma de peso que viven las personas que tienen obesidad o exceso de adiposidad. Este estigma no solo impacta su vida cotidiana, sino que también puede convertirse en una barrera para recibir atención médica adecuada, al responsabilizarlas injustamente de su condición de salud. Según la comisión, entre el 19 % y el 42 % de las personas adultas con IMC alto han reportado experiencias de discriminación por su peso, una situación que afecta con mayor frecuencia a las mujeres.
En la nueva definición de obesidad se explica que esta condición es multifactorial y se deben tener en cuenta variables como la genética, el sexo, la pertenencia étnica y el contexto de cada paciente, pues estos factores tienen un efecto significativo en el exceso de la adiposidad. Según el médico Ospina, entre el 40 % y 70 % del peso de una persona adulta puede estar mediado por factores genéticos y estos necesitan además un ambiente propicio para poderse expresar.
Si a la carga genética le añadimos las condiciones propias de la vida contemporánea, como la alta disponibilidad de alimentos ultra procesados y el sedentarismo, las probabilidades de que los genes relacionados con la obesidad aumentan. Esto confirma que la obesidad es un fenómeno de salud complejo, que no puede reducirse a la idea simplista de que se trata de una consecuencia de comer en exceso o de la falta de voluntad, como suele pensarse.
La comisión de expertos concluye que el término obesidad clínica permite visibilizar la gravedad de este problema de salud y entenderlo como algo más que un estilo de vida. En esto también coincide el doctor Ospina, quien señala que definir la obesidad como una enfermedad protege a las personas del estigma y y favorece un abordaje más ético, respetuoso y efectivo de su salud.






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