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Los últimos guarnieleros de Jericó: una tradición que perdura

Fotografía
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Los guarnieleros de Jericó son los artesanos encargados de crear los icónicos carrieles antioqueños. Conozca sobre su origen incierto, la disputa entre los términos guarniel y carriel, y cómo esta tradición familiar se ha transmitido de generación en generación.

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Los orígenes

La cuna del guarniel o carriel antioqueño tiene un origen incierto. Al parecer, fue creado para satisfacer la necesidad de guardar a la mano los objetos personales que llevaban los arrieros, guaqueros, mineros, campesinos y ganaderos de finales del siglo XIX, que se movían por caminos aptos solo para mulas en plena colonización antioqueña. 

Sus orígenes más remotos lo asocian con una adaptación de las alforjas españolas que eran usuales desde la Colonia. De otro lado, se cree que puede ser una derivación de la burjaca: “Bolsa grande de cuero que los peregrinos o mendigos solían llevar debajo del brazo izquierdo colgando de una correa, cinta o cordel desde el hombro derecho”.

Sobre su origen, Jericó y Envigado son los municipios que se disputan su creación. El sociólogo Juan Marín, en su libro ¿Guarniel o carriel? (Historia mínima), asegura que al revisar la literatura al respecto “encontramos que hay un lazo común, o mejor aún, un guarnielero, o varios que tienen arraigo en los dos municipios. Hay un hombre que emerge como el pionero en la fabricación de carrieles en el inicio del siglo XX, el señor Luis Eduardo Calle Lotero, natural de Jericó y guarnielero de profesión”. 

Todo parece indicar que talabarteros de Envigado poblaron Jericó, en el suroeste del departamento, y esa simbiosis dio a luz el guarniel. Tanto así que a mediados del siglo pasado funcionaban en Jericó 22 talleres completamente equipados, que daban trabajo a más de 100 artesanos guarnieleros.

 

CARRIEL1 CUERPOTEXTO¿Carriel o guarniel?

La discusión no se limita al origen, sino también a su nombre, que ha llevado a dividir a estudiosos y folcloristas en dos bandos:  “guarnielistas” contra “carrielistas”. Al estudiar al asunto, se encuentra que primero apareció el vocablo guarniel que, se cree, es una derivación de la máquina guarnecedora que los producía: “Bolsa de cuero que traen los arrieros sujeta al cinto, con separaciones, para llevar papel, dinero, etc.”, “bolsa de cuero, especie de burjaca, pendiente del cinto y con varias divisiones”. 

Es más adelante cuando aparece la palabra carriel, que al parecer es una derivación del inglés carry (llevar) y all (todo) con el que nombraron al guarniel los extranjeros en Antioquia, y la españolización de este anglicismo derivó en la palabra carriel. Incluso, hay teorías que hablan de un origen francés, que vendría de galicismo cartier (bolso), y otras teorías más aspiracionales que le atribuyen ancestros hebreos: “Carr-I-El”, “cargar o llevar”, o “Guarn-I-El”: “guardar”. 

CARRIEL2 CUERPOTEXTO

Un oficio de familia

Rubén Darío Agudelo heredó de su padre el nombre, el talento y el oficio, y para él nunca ha existido tal discusión: primero fue guarniel, segundo guarniel y tercero, guarniel. Durante los últimos 50 años han pasado por sus manos guarnieles de los más antiguos artesanos, y está convencido que nunca ha visto alguno que tenga en el sello de marca la palabra carriel

Dejando la discusión a un lado, el guarniel o carriel nació entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y rápidamente se extendió por lo que se conocía como Antioquia La Grande, es decir los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y el norte del Valle. Y se convirtió en la prenda por excelencia para identificar al arriero y campesino de esta región del país, un distintivo como el sombrero de charro para los mexicanos. Juan Valdez se encargó de enseñárselo a todo el mundo.  

CARRIEL3 CUERPOTEXTO

Mucho antes de aprender a montar en bicicleta, Rubén Darío Agudelo ya había hecho su primer guarniel. “Yo comencé desde los siete años. Jericó era mucho más frío, en la mañana las calles se cubrían de neblina y yo de ruanita, me acuerdo, le llevaba al taller el portacomidas a mi papá todos los días: el desayuno, el almuerzo y la comida, todos los días, y fue ahí que me comencé a enamorar de este oficio”. 

Aprendió el oficio en el taller más grande que tenía Jericó. Pertenecía a Lito Velásquez, y este le dijo que  por enseñarle le cobraría 100 pesos de la época, una fortuna para un niño campesino y con pocos estudios. Pero el muchacho estaba empecinado. Trabajó seis meses como panadero, ahorró hasta el último peso y regresó al taller. Allí, el maestro guarnielero se llamaba Rafael Velázquez y fue quien le enseñó todos los trucos y secretos. 

A los seis meses, don Lito vio el primer guarniel hecho por sus manos y le dijo: “Este es para usted, su primer guarniel”. El muchacho corrió donde su padre y se lo entregó como un trofeo, era su diploma de grado. Su padre hizo oficial el anuncio familiar: llamó a su esposa y señalándole al niño y el carriel que había terminado, le dijo: “Vea, mija, Rubén es el nuevo guarnielero de la familia”. Esa noche, confiesa, fue tanta la emoción que no durmió ni un minuto. 

Pasados pocos meses, con solo 15 años, ya era el jefe de la guarnielería. Es por eso que los miembros de la familia Agudelo pareciera que nacen no con una arepa debajo del brazo, sino con un guarniel cruzándoles el pecho. Además de don Rubén, su padre también les enseñó el oficio a sus hermanos y a sus hijos, y ahora son los nietos los que comienzan la cuarta generación de guarnieleros. 

Incluso, las hijas de don Rubén fueron las primeras guarnieleras de Jericó, pues al principio no era bien visto el oficio para las mujeres. Ahora ellas han incorporado nuevos diseños y técnicas como el aerógrafo y la talla en cuero. Esta labor de transmitir su conocimiento y ser la memoria viva de esta tradición, les ha valido múltiples reconocimientos. Su padre, por ejemplo, recibió en el año 2000 el premio Medalla a la Maestría Artesanal en la categoría Legado, y don Rubén es poseedor de la Maestría Artesanal en la categoría Tradicional, que le fue entregada en 2016. Ambos galardones los entrega Artesanías de Colombia: “Ser Maestro Artesano es el esfuerzo de toda mi vida trabajando en lo que me gusta. Y hasta el día que me muera voy a trabajar en lo mismo que mi padre, ser artesano”. 

CARRIEL4 CUERPOTEXTO

El taller guarnielero de don Rubén siempre está en movimiento, hay tres mesones donde se trabajan las distintas etapas, dos máquinas de coser Singer 12W de 1915, reglas de guía, muelles para golpear y pegar, cuchillos afilados, compases, tenazas, leznas, sacabocados y agujas. Con estas herramientas don Rubén hace un guarniel en día y medio, según el modelo y su complejidad. 

El guarniel tradicional tiene 12 compartimientos en forma de fuelle que se dividen entre bolsillos visibles y “secretos”: bolsillos escondidos donde los arrieros guardaban cartas de amor, la foto de la novia, escrituras o documentos valiosos, y el dinero. En los bolsillos visibles, cuentan las crónicas que los arrieros llevaban una verdadera miscelánea: peine, barbera, espejo, vela de cebo, pañuelo, cuerdas de tiple, dados, yesquero, naipes, aguja capotera, tabacos, camándula, navaja, libreta y lápiz, cancionero, aguardiente, clavos de herrar y jabón de tierra. 

Hoy en día, los carrieles modernos contienen entre 116 y 118 piezas, un máximo de nueve bolsillos y un par de “secretas”. La tapa del guarniel siempre va forrada en cuero, actualmente se usa piel de ternero, lo que permitió un descanso a nutrias, tigrillos y hasta jaguares, que eran perseguidos y cazados años atrás para usar sus pieles en la confección de guarnieles. Tiene un decorado amarillo y rojo, la “mora”, colores que representan la bandera jericoana, y el hilo verde se usa en el “pespunte” y representa el verde las montañas. 

Los guarnieleros fueron noticia en 2021, cuando se aprobó un proyecto de ley que reconoció el carriel antioqueño como Patrimonio Cultural de la Nación. Se proclamó el 15 de agosto como el Día Nacional del Carriel Jericoano y se anunció la pronta aparición de una emisión de monedas conmemorativas al guarniel por parte del Banco de la República. Para don Rubén, estas medidas son halagüeñas y sueña con que la idea del Museo del Guarniel en Jericó se concrete y ayude a preservar su legado. Por ahora, él sonríe tranquilo: sabe que la semilla de su oficio ha caído en tierra abonada, y según él, “el que entre el guarniel anda, algo se le pega”.  

 

*Periodista, director de cine y televisión y, últimamente, encargado de la primera librería de Jericó, La Danta y la Nutria.

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Javier Mejía

Director de cine y televisión, periodista.