Quitarse un peso de encima

Por: / Ilustración: Luisa Martínez / Junio 2020

Los índices de obesidad están disparados en el mundo, y Colombia no es la excepción. Por eso, cada día más personas acuden a la cirugía bariátrica. Expertos explican en qué consiste y quiénes son candidatos para hacérsela.

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no de cada tres adultos en Colombia sufre de sobrepeso, y uno de cada cinco es obeso. Según la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional, ENSIN, eso significa que más de la mitad de la población adulta, el 56,4 %, tiene exceso de peso. Y la tendencia va en aumento.

Por eso no es extraño que cada día más personas acudan a las cirugías bariátricas. De acuerdo con el presidente de la Asociación de Obesidad y Cirugía Bariátrica de Colombia, Eduardo Silva, en 2018 se practicaron 17.000 cirugías de ese tipo en el país.

Pero no cualquier persona con sobrepeso es candidato a una cirugía bariátrica. Primero, porque no se trata de un procedimiento estético; y segundo, porque la obesidad es considerada una enfermedad en sí misma, que se diagnostica y a la que se asocian otras como la hipertensión arterial, el síndrome de apnea del sueño, la enfermedad coronaria, la diabetes tipo 2 o el colesterol y los triglicéridos altos.

Además, según el Cancer Reaserch UK, organización que se dedica a investigar y divulgar información sobre el cáncer en el Reino Unido, la obesidad es la segunda causa de la enfermedad después del tabaquismo. Y para algunos tipos de cáncer como el intestinal, el renal, el hepático y el de ovario, la obesidad es la causa número uno, inclusive por encima del tabaquismo.

De acuerdo con el doctor Andrés Ospina, cirujano bariátrico de Colsanitas, cuando un paciente con kilos de más llega a su consulta, lo primero que hace es clasificarlo para definir si es candidato a cirugía. Eso se hace midiendo el llamado Índice de Masa Corporal o IMC, una fórmula utilizada mundialmente que consiste en dividir el peso en kilos por el cuadrado de la altura en metros (kg/m2). Los resultados se leen así:

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Según el doctor Ospina “en principio, todos los pacientes con obesidad 3 son candidatos a cirugía, tengan o no enfermedades asociadas. Los obesos 2 son candidatos a cirugía si tienen alguna enfermedad asociada, y los obesos 1, en principio, no son candidatos a menos que tengan diabetes tipo 2 de difícil control o el llamado síndrome metabólico”. Este síndrome consiste en un grupo de factores de riesgo que aumentan la posibilidad de desarrollar enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular o diabetes tipo 2.

El doctor Ospina aclara que es “en principio” porque cada caso es diferente y cada persona debe ser valorada de forma independiente. Por ejemplo, un fisicoculturista puede tener un IMC altísimo, que lo clasifica como obeso, pero no es candidato a una cirugía bariátrica pues no tiene grasa de sobra y seguramente ninguna de las enfermedades asociadas.

Hasta ahí el primer paso. Una vez el paciente es clasificado como apto para cirugía, es remitido a otros especialistas: inicialmente un internista, un nutricionista y un psiquiatra. El primero hace los diagnósticos clínicos, es decir, revisa si la persona tiene enfermedades asociadas. El segundo toma los cuidados previos y posteriores en cuanto a la dieta, y el psiquiatra revisa que el paciente tenga capacidad para entender la cirugía, con sus ventajas y sus riesgos, que no tenga problemas de drogadicción o alcoholismo y que esté comprometido a cambiar sus hábitos de vida.

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"17.000 cirugías bariátricas se practicaron en 2018".

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Antes de aprobar una cirugía bariátrica se convoca a una junta médica, a la que llegan las conclusiones de ese grupo multidisciplinario de médicos. Solo entonces se da luz verde para hacer la operación.

El doctor Silva hace énfasis en el rigor que debe haber alrededor de las cirugías bariátricas, porque hoy existe lo que él llama la “charlatanería de la obesidad”: médicos poco profesionales que ofrecen fórmulas mágicas o cirugías estéticas para reducir más de 20 kilos en un solo día, cosa que es absurda, imposible y además anti ética.

Lo más probable es que después de uno de esos tratamientos “mágicos”, incluso dietas con control médico, la gente recupere su peso rápidamente. “La estadística es esta: de cada 100 personas que lograron perder peso de forma importante con un manejo médico, al cabo de dos años 99 han recuperado el mismo peso o más del que tenían”, dice Silva. Con la cirugía bariátrica las estadísticas cambian: “de cada 100 pacientes operados de cirugías para obesidad en el mundo, después de 10 años, entre 30 y 40 vuelven a subir de peso, y entre 60 y 70 se mantienen”.

Ahora bien, el término “cirugía bariátrica” abarca varios tipos de procedimiento quirúrgico para reducir peso corporal. Hoy en día todos se realizan vía laparoscopia, es decir, con pequeñas incisiones de más o menos medio centímetro, por las que se introduce una lente óptica que permite operar sin tener que abrir al paciente.

Por eso se consideran cirugías poco invasivas, y según el doctor Ospina, de bajo riesgo. Según él, entre las posibles complicaciones están un trombo pulmonar, que se presenta en el 0,2% de los casos, o falla de alguna de las suturas internas, que puede derivar en infección y que se presenta en menos del 0,3% de los casos.

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Si bien es el médico quien debe determinar qué tipo de cirugía es la que más conviene a su paciente, estas son, a grandes rasgos, las que realiza el grupo de especialistas de Colsanitas:

1. La manga gástrica

Esta es la más frecuente en el mundo. Consiste en sacar del cuerpo parte del estómago y dejar otra con una menor capacidad de recibir comida. En esta cirugía no se tocan los intestinos, por lo que no afecta la capacidad de absorción de calorías y nutrientes.

2. Bypass gástrico

Es la segunda más usada. Tiene dos partes: en la primera, se crea un pequeño saco en la parte superior del estómago que será el encargado de recibir alimentos. El resto del estómago seguirá dentro cuerpo, pero sin recibir alimentos. La segunda parte consiste en cortar el intestino apenas por debajo del estómago y conectarlo al nuevo saco. Así, los alimentos circulan directamente desde el saco hasta esta parte del intestino, sin pasar por la primera parte de éste —que continúa unida al estómago principal— y que se reconecta más abajo para que los jugos digestivos circulen hasta encontrarse con el alimento que viene del saco (ver ilustración).

Un estómago más pequeño, sumado al hecho de que los alimentos evitan una parte del intestino delgado —lo que hace que se dejen de absorber nutrientes y calorías— es la razón por la que los pacientes adelgazan. Pero como hay menos absorción, el paciente debe tomar suplementos el resto de su vida.

A diferencia de la manga, en la que parte del estómago es extraído del cuerpo, el bypass es reversible, pues el saco y el resto del estómago pueden ser reconectados nuevamente.

3. Derivación biliopancreática de una sola anas- tomosis o SADI-S (por sus siglas en inglés)

Se trata de una cirugía creada en 2007 en España para personas con obesidad severa. En Colombia se empezó a practicar en 2017 y de acuerdo con el doctor Ospina, a la fecha se han hecho 55 en pacientes súper y súper súper obesos.

Al igual que con la manga gástrica, se extrae del cuerpo una gran parte del estómago, pero no la válvula que libera comida hacia el intestino delgado, que es sometido a un bypass o derivación, para que el tramo por el que pasa la comida sea más corto.

Como resultado de estos cambios, se evita que la comida pase por gran parte del intestino delgado, lo que limita la absorción de calorías y nutrientes. Esto, junto con el tamaño reducido del estómago, provoca el adelgazamiento. Al igual que en el bypass, los pacientes deben consumir suplementos por el resto de su vida.

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Cuidados pre y pos

• Una vez aprobada la cirugía, el paciente debe realizar una dieta preparatoria de tres semanas, que por lo general consiste en dos semanas de proteína y verdura, sin carbohidratos, y una semana de dieta líquida clara.

• En el post operatorio, el paciente también debe someterse a una dieta muy estricta que consiste en sólo líquidos por varios días, para luego ir reintroduciendo los alimentos, primero en sopas y papillas, y después los sólidos. El tiempo de cada etapa lo determinará el nutricionista de cada paciente.

• No se recomienda consumir alcohol hasta después de un año, y el ejercicio se puede reiniciar de forma progresiva después del primer mes de la cirugía.

• Para muchos pacientes, las dietas son la parte más difícil del proceso, aún más que la cirugía. Por eso, antes de someterse a una de ellas deben estar preparados psicológicamente, no solo para los cambios momentáneos de dieta, sino para en adelante cambiar sus hábitos alimenticios, pues un paciente de cirugía bariátrica no puede volver a comer las cantidades que comía antes, debe cuidarse de los azúcares y las grasas, además de hacer ejercicio habitualmente, para no ser parte de ese 30 % de personas que recupera su peso inicial.

Hablan dos pacientes

José Ángel Riveros

Antes de hacerme la cirugía SADI-S yo pesaba 188 kilos. Medía 1,75, o sea que estaba en la categoría más alta de obesidad: la de súper súper obeso. Pero más allá de categorías, el problema es que vivía agotado, me dolía todo el cuerpo y no dormía bien por la apnea del sueño. Pararme cada día era un esfuerzo enorme que hacía por mi familia, pero en mis días libres me quedaba acostado todo el día. Además, tenía diabetes tipo 2. Todo esto con 39 años de edad.

Aunque siempre fui el gordito del curso, no era una gordura excesiva, pues me la pasaba jugando fútbol y eso ayudaba a que no me pasara de la raya. El problema vino cuando llegaron las responsabilidades, los hijos y el trabajo duro para sostenerlos. Reemplacé el ejercicio por largas jornadas de trabajo, estrés, desorden en las horas de comida y unos tragos los fines de semana. Todo eso produjo un corto circuito en mi metabolismo, que me llevó a un punto de no retorno: o hacía algo o no iba a vivir para ver crecer a mis dos hijos.

Aunque había intentado varias dietas, nada me había servido. En la última que hice bajé 30 kilos, pero al poco tiempo subí 55. En ese punto entendí que por más que comiera bien, por más que le dijera no a los dulces, las harinas y las grasas, tenía una enfermedad, y fue entonces cuando en un control médico me hablaron sobre la cirugía bariátrica.

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"No cualquier persona con sobrepeso es candidato a una cirugía bariátrica. No es un procedimiento estético sino que busca mejorar la salud del paciente".

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Han pasado apenas 6 meses de la operación y ya me he bajado 41 kilos. La meta en el año y medio que viene es poder llegar a 90 kilos, aunque con llegar a 100 yo estaría feliz. La diabetes desapareció, así como la apnea del sueño: ya no uso medicinas ni aparatos para dormir. Siento que mi cuerpo pasó de ser una volqueta vieja a un Mercedes Benz, porque aunque todavía me falta mucho por bajar, me siento como nuevo, ligero, con energía para todo.

El proceso es fácil cuando uno tiene toda la información, un buen equipo médico y es consciente de a qué se está sometiendo y por qué. Yo duré un año en exámenes antes de entrar al quirófano. Nutricionista, fisioterapeuta, internista, cirujano y hasta psiquiatra me revisaban cada dos meses hasta que mi caso fue enviado a junta médica para que aprobara la operación.

El reto ahora es mantenerme, ver cambios reales en mí es lo que me incentiva a seguir comiendo bien, a ir al gimnasio y en general a seguir todas las indicaciones médicas. Es probable que en dos años me tenga que hacer una cirugía para reducir piel, pues si bajo 98 kilos, que es la meta, va a quedar bastante piel sobrando. Lo veo como parte del proceso, un proceso que me ha regalado lo más preciado en la vida: tiempo en este mundo para poder seguir disfrutando con mi familia.

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Carolina Romero Villalobos

Renacer. Esa palabra resume muy bien lo que significó el bypass gástrico para mí. Aunque desde niña tuve obesidad, nunca se me pasó por la cabeza hacerme una cirugía bariátrica. Como la mayoría de la gente, yo creía que era un procedimiento riesgoso e invasivo, que no volvían a dar ganas de comer, que uno se podía quedar calvo, sin uñas y desnutrido de por vida, y que igual para qué, si uno se iba a volver a engordar.

Si no fuera por todos esos mitos, yo no hubiera perdido tanto tiempo y dinero en masajes, pastillas, malteadas, mesoterapias, inyecciones, balines y todo lo que ofrece el mercado, muchas veces con falsedades, para lograr un milagro que solo es posible con la cirugía. Y digo milagro porque yo sufría de apnea del sueño, de colon irritable, de las rodillas, de cansancio y fatiga constante. Estaba a punto de volverme diabética y hasta de que mi tiroides fallara. Pero todo eso se acabó con la operación.

Fue hace un año. Unos meses antes, llegué al consultorio del doctor Andrés Ospina pesando 116 kilos y con la moral en el piso, pues aunque tengo una autoestima alta, ser gordo no es fácil de llevar. No caber en una silla o entrar a un almacén y que de entrada te digan que no tienen tallas para ti, cuando simplemente ibas a buscar un regalo, son ejemplos cotidianos de lo incómodo que es. Y a eso se suma el rechazo en todos los ámbitos, incluso en el laboral, pues aunque no es mi caso, conozco personas a las que les han negado trabajos por ser obesos.

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"Hay que cuidarse de médicos poco profesionales que ofrecen fórmulas mágicas o cirugías estéticas milagrosas".

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Pero más allá de eso es el cansancio, es no poder subir una escalera sin quedar agotado, es la sensación de que se te están acabando las millas de la vida y no tienes forma de recuperarlas, es una lucha contra reloj todo el tiempo.

Por eso cuando el doctor Ospina me dijo que lo que tenía era una enfermedad metabólica llamada obesidad, que no es curable pero sí controlable con cirugía, por fin vi una salida real al problema. Entendí que los beneficios superaban los riesgos, y en el proceso más consciente y responsable que he hecho en mi vida, decidí operarme.

Hoy peso 74 kilos. No soy 90-60-90 pero nunca pretendí serlo, pues siempre tuve claro que la cirugía no era estética, y que lo que yo buscaba era mejorar mi salud. Aunque claro, el físico empieza a cambiar muy rápidamente y eso hace que uno se sienta tan bien por fuera como por dentro, con ganas de arreglarse, de salir, de entrar a esos almacenes en los que nunca imaginé que algo me pudiera quedar. 

Con todo esto no quiero decir que sea un proceso fácil. No lo es. El pre y el postoperatorio son duros, muy duros, hay que hacer dietas muy estrictas, semanas enteras de solo líquidos o comida blanda. Y después, cuando uno puede comer de todo, tiene que medirse en las cantidades porque pasarse produce un malestar horrible. También hay una etapa en la que se cae bastante pelo, pero es algo controlable con vitaminas si se siguen correctamente las indicaciones.  

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