Tras el sismo, la emergencia cambia de frente. Entre escombros, afectaciones en el agua y hospitales con capacidad reducida, la prevención epidemiológica es ahora la barrera más importante para salvar vidas.
Pasada una semana de la catástrofe natural que sacudió a Colombia en sus principales zonas afectadas —Quibdó, Cali y Pereira —, la atención debe estar puesta en el cuidado y las precauciones que exige esta nueva fase. Con 308 hospitales afectados directamente por el terremoto, según indicó el Ministerio de Salud el pasado 18 de agosto, seguir las indicaciones no es solo una recomendación: es lo que evita que la asistencia colapse aún más.
Porque la información también cambia semana a semana, y con ella los cuidados que se deben tener en cuenta. Esta emergencia sanitaria entra ahora en un siguiente filtro, uno de tipo epidemiológico, marcado por la alta exposición a escombros, polvo y las afectaciones en tuberías y agua.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) advierte que tras una catástrofe natural el verdadero peligro aparece con la escasez y el acceso limitado a agua potable, y la interrupción de los esquemas de vacunación. A esto se suma un riesgo a vigilar en las próximas semanas: la humedad, el calor y los cambios repentinos de clima en las zonas afectadas podrían favorecer el regreso de mosquitos transmisores como el chikungunya y el dengue, además de influir en problemas respiratorios por el polvo que deja el clima seco.

Riesgos específicos según la zona
Según explica el doctor Carlos Álvarez, vicepresidente Científico y de Innovación de Clínica Colsanitas, la destrucción del terremoto no fue uniforme, por lo que el mayor peligro de transmisión de enfermedades infecciosas depende de las condiciones particulares de cada zona. El experto identifica tres ejes de riesgo: la contaminación de las fuentes de agua, el acceso real a agua potable y la transmisión por vectores —que aumenta cuando hay viviendas dañadas, pues facilitan la exposición a picaduras de insectos—.
Ese último punto tiene matices geográficos concretos: en Chocó y otras zonas del Pacífico, el riesgo apunta hacia la malaria; en el resto de zonas afectadas, hacia el mosquito Aedes aegypti, transmisor de dengue, zika y chikungunya, un riesgo que podría intensificarse si coincide con el fenómeno de El Niño.
Frente a esto, el doctor Álvarez es enfático en dos medidas: mantener los esquemas de vacunación sin pérdida de continuidad una prioridad que comparten el Ministerio de Salud y las aseguradoras y evitar en lo posible las picaduras de insectos —con repelente, ropa que cubra la piel y toldillo al dormir— a medida que los vectores empiecen a aumentar en las zonas afectadas.

¿Qué hacer en esta etapa?
Hay un impulso natural ante una emergencia: querer ayudar donando lo que se tiene a la mano, incluyendo medicamentos. Pero el doctor Álvarez advierte que esto, lejos de ayudar, puede ser contraproducente. No es conveniente donar medicamentos —ni antibióticos ni vitaminas— directamente a las personas afectadas. Si se quiere donar, debe hacerse a través de un centro médico o del sistema sanitario, nunca de mano en mano, porque no hay garantía de que se conserven en condiciones adecuadas, y el uso de antimicrobianos sin fórmula médica termina siendo contraproducente para quien los recibe.

Pasada ya la etapa de búsqueda y rescate en la mayoría de las ciudades afectadas, las medidas que siguen son de cuidado y restauración:
- Poner al día los esquemas de vacunación, no solo en niños y niñas. La Circular Externa 0028 de 2026 del Ministerio de Salud prioriza también a adultos mayores, mujeres gestantes y personas con enfermedades crónicas o discapacidad dentro de la atención en salud tras el terremoto.
- Verificar la calidad del agua de forma constante, no solo al inicio: una tubería rota o un alcantarillado averiado pueden convertirse rápidamente en un problema de salud pública si no se detectan a tiempo.
- Prevenir picaduras de insectos en zonas con viviendas dañadas, especialmente a medida que avanzan las condiciones de humedad y calor que favorecen a los vectores.
- No interrumpir los tratamientos médicos en curso. Las EPS están obligadas a garantizar la continuidad de la atención a pacientes crónicos, gestantes, adultos mayores y personas con tratamientos activos, según la misma circular del Ministerio.
- Acudir a los puntos de atención habilitados, más que a hospitales que aún operan con capacidad reducida, para consultas que no sean urgencias.
- Prestar atención a la salud mental, tanto propia como de quienes te rodean. El miedo, el insomnio y la irritabilidad son reacciones esperables una semana después de un evento así, no señales de que algo anda mal contigo. Los primeros auxilios psicológicos son una herramienta que cualquier persona puede aplicar.
- Cuidar la higiene en los albergues, donde el hacinamiento y el uso compartido de espacios elevan el riesgo de brotes. La ministra de Salud ha señalado que este es justamente uno de los focos de mayor riesgo sanitario en esta etapa: familias que permanecen en alojamientos temporales, con acceso limitado a agua potable y servicios médicos aún restringidos.
La salud, después de un terremoto, no se resuelve en una semana ni depende sólo de la voluntad individual. Depende de que las instituciones sostengan la atención en el tiempo, y de que como comunidad sepamos qué hacer —y qué no hacer— mientras Chocó, Cali, Pereira y las demás zonas afectadas avanzan hacia la reconstrucción. Mantente informado a través de fuentes oficiales: Cruz Roja, UNGRD, tu EPS y la Secretaría de Salud de tu región.





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