Johana Bahamón: “Trabajar en la cárcel me ha hecho mejor persona”

Por: / Fotografía : Pablo Salgado / Diciembre 2019

Dejó la actuación para dedicarse a trabajar por la población carcelaria del país. Creó la Fundación Acción Interna y un modelo de intervención que busca hacer de las cárceles lugares productivos, para que los penados puedan reinsertarse en la sociedad.

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a primera vez que Johana Bahamón pisó una cárcel tenía 30 años y disfrutaba de una productiva carrera como actriz. Era una de las protagonistas de Tres milagros, y no le faltaba trabajo. Pero luego de atravesar la puerta de la cárcel del Buen Pastor en Bogotá, adonde la invitaron para ser jurado de un concurso, algo se movió dentro de ella. A la curiosidad por querer conocer cada historia de quienes estaban allí se sumó el deseo de querer volver no una, sino muchas veces.

Entonces aprovechó las vacaciones entre un proyecto televisivo y otro para dedicarse tres meses a montar una obra de teatro en esa cárcel. Doscientas internas de todos los patios, es decir, de todos los delitos, se presentaron a la audición. Eligieron a doce. Luego de muchos ensayos y preparación, presentaron La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.

El milagro ocurrió frente a sus ojos: trabajar por un objetivo, tener la posibilidad de ser otras, ser aplaudidas por el resto de sus compañeras, hizo que a estas mujeres les volviera el brillo a los ojos. Y Johana quiso mostrar el poder transformador del teatro. Así nació el Festival Nacional de Teatro Carcelario, que ya tiene tres ediciones.

Desde ese momento Johana supo que quería dedicarse a las cárceles. Canceló contratos, renunció a la fama, y en 2013 creó la Fundación Teatro Interno, que luego se transformó en un proyecto más ambicioso: Fundación Acción Interna. Junto a los privados de libertad (Johana nunca habla de “presos”), diseñaron una metodología de intervención, construida sobre la base de sus gustos y motivaciones.

"No hay una persona que no haya cometido algún error, que no haya pedido una segunda oportunidad, que no le hayan dado una segunda oportunidad".

Así se fueron perfilando las tres líneas de acción: Crecimiento interno, que se ocupa del crecimiento personal y espiritual, rehabilitación de adicciones y apoyo psicosocial; Arte interno, que es toda la exteriorización de sus sentimientos por medio del arte, del teatro; y Trabajo interno, que son los proyectos enfocados en la productividad, para que las cárceles no sean solo centros de reclusión sino espacios productivos, que apuesten por una verdadera reinserción.

Uno de esos proyectos, quizás el más visible, es el restaurante Interno, que abrió en diciembre de 2016 y funciona adentro de la cárcel distrital de San Diego en Cartagena. Las internas se encargan de la cocina, siembran algunos productos y atienden a los comensales: tiene capacidad para 60 personas. Más que un restaurante, Interno es un modelo de reinserción en el que la población carcelaria se forma y puede tener una oportunidad laboral luego de salir en libertad. Además, las ayuda a reducir su pena: por cada dos días que trabajen o estudien se les reduce un día de condena.

En 2018, la revista Time seleccionó a Interno como uno de los 100 mejores lugares del mundo para visitar. A principios de 2020 la Fundación abrirá en Bogotá Externo, un restaurante donde todos los trabajadores son pospenados. Bajo este mismo concepto se crearon una barbería en la Cárcel Modelo de Bogotá y una agencia publicitaria. Ambas funcionan como un centros de capacitación dentro de la cárcel.

Johana estudió administración de empresas y actuación, pero su profesión no se aprende en ninguna universidad: ella se define como “gestora de segundas oportunidades”. Hasta ahora su trabajo a llegado a 30 cárceles del país, y su sueño es poder llevar su fundación a las 107 restantes. “Caprichitos”, su apodo en el colegio, ha sabido usar su terquedad y rebeldía para enfocarse en un objetivo: esto es lo que quiere hacer el resto de su vida.

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¿Cómo llegó a la actuación?

A los 15 años. Todo empezó a fluir. No era lo que yo soñaba ni lo que quería, pero la vida me fue llevando por el camino y ahí estuve 15 años, feliz, actuando, hasta que llegué a la cárcel. No fue algo planeado sino que llegó, igual como llegó la cárcel. Y gracias a la actuación llegué a la cárcel.

¿Extraña algo de la televisión o de actuar?

No… Creo que ahora seré un canal para que ellos sean los protagonistas de sus historias. De hecho, escribí un libro sobre eso: Historias privadas de la libertad. Lo vamos apresentar en la próxima Feria del Libro de Bogotá.

¿Qué le dejó la actuación?

Todos los roles que no se parecían a mí me dejaron muchas enseñanzas. La versatilidad... y poder meterse en los zapatos del otro, que es lo que hago ahora.

¿Cómo describe esa pasión por lo que hace?

La encontré en la cárcel desde el primer día que fui. Ese día conocí la realidad de una cárcel, porque una cosa es verlo por los medios de comunicación y otra diferente estar ahí y, sobre todo, conocer a los seres humanos. Mi pasión es trabajar por esta población, fomentar segundas oportunidades, para personas que en su mayoría no han tenido ni la primera oportunidad. Eso es lo que me apasiona.

La primera vez que fue a la cárcel una mujer le contó una historia que fue determinante en su decisión de cambiar de vida...

Esa mujer estaba ahí porque había matado al esposo. Luego me dijo la razón: lo había encontrado violando a su hijo. En ese momento mi hijo Simón tenía tres años, así que pude entender, ponerme en su situación. Ese día agradecí que no me hubiera tocado un esposo como el de ella, porque si no, seguramente yo estaría en su lugar. Esa historia fue crucial y definitiva en mi decisión de dedicarme a esto.

Es normal que juzguemos sin saber qué han hecho quienes están ahí. ¿Cómo ha sido el aprendizaje de mirar más allá de lo que hicieron, y ver a los seres humanos?

Son muchas historias que uno no conoce. Aunque hayan cometido el error que sea, son seres humanos. Y también merecen una segunda oportunidad, como todos. Debemos entender la situación de las otras personas antes de ser cómodos y juzgar desde nuestros privilegios. Hay que ser más empáticos y considerados con las personas que no han tenido oportunidades.

¿Le sigue interesando saber por qué están ahí o ya no es tan importante cuál fue el delito que cometieron?

Al principio quería saber todo y preguntaba mucho. Todas las historias me importan, me conmueven, me interesan, pero ya no estoy preguntando como al principio. Pienso: hay 16 delitos… es alguno de esos. Prefiero no saber y centrarme en la solución. Ya están aquí, tienen una condena, entonces, cómo hacemos para que este tiempo sea productivo, útil, que se reconcilien con ellos mismos, con su entorno, su familia y después con la sociedad.

¿Cómo hace para que no le afecten esas historias que pueden ser tan duras?

Sigue siendo duro. Al principio era peor porque como preguntaba mucho, me involucraba sentimentalmente más de lo que debía y llegaba a mi casa mal, llorando. Pero aprendí a canalizar ese dolor y volverlo algo positivo.

No es nada frecuente que alguien renuncie a la vida glamorosa de la televisión para dedicarse al trabajo social…¿Cómo se siente con ese cambio tan radical?

La esencia sigue siendo la misma, pero la forma de ver la vida es otra totalmente diferente. ¡Fueron suficientes tres horas en la cárcel para cambiar la forma de ver la vida! Empecé a ser más agradecida con lo que tenía. Valoro mucho más y necesito mucho menos. Trato de no juzgar, que es algo muy habitual en el ser humano. Siempre digo que muchos de los que estamos afuera vivimos más encarcelados mentalmente que muchas de las personas que están privadas de la libertad, porque tenemos estigmatizaciones, prejuicios, críticas. Y ver que esas personas que están ahí pueden ser más libres que nosotros es un gran aprendizaje.

¿Qué es lo que más le gusta de trabajar con personas privadas de la libertad?

Que ellos se sientan útiles. No hay nada más devastador para cualquier ser humano que abrir los ojos y sentir que no es útil para nada. Volver a sentirse útil es un buen primer paso, y cuando se da el primer paso es difícil echarse para atrás. Trabajar con estas personas es muy satisfactorio porque viven agradecidos con lo que uno hace por ellos. Pero ¿le digo una cosa? Más agradecida estoy yo de que me hayan dejado trabajar con ellos, que me hayan abierto los ojos a esta realidad que yo desconocía, a estas situaciones, a estos valores.

¿Cómo ha cambiado su entorno? ¿También ha logrado que gente cercana cambie su forma de ver las cárceles?

Sí. No lo tengo como objetivo, pero creo que sí. Mi equipo de trabajo, que es el mejor, están conmigo porque creen en esto, se entregan de cuerpo y alma. Porque entrar a una cárcel no es fácil. Pero una vez adentro, cuando puedes trabajar, es muy satisfactorio. Sí creo que el amor por este trabajo se contagia. Así como hay muchos que no lo harían, porque no es fácil y los entiendo, los que se quedan es porque tienen el corazón puesto en eso.

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"Mi pasión es fomentar segundas oportunidades, para personas que en su mayoría no han tenido ni la primera oportunidad".

¿Cuánto influyó su mamá como ejemplo? ¿Qué otras personas han sido determinantes en este rumbo que tomó su vida?

Mi mamá fue muy importante sin yo saberlo. Ella nunca intentó llevarme hacia ese lado social donde ella trabajó siempre: darle créditos a las personas de estratos 1, 2 y 3. Siempre he estado muy orgullosa de mi mamá. Siempre me dio libertad para que hiciera lo que yo quisiera. Gracias a esa libertad que siempre tuve, terminé haciendo lo mismo que ella: darle oportunidades a personas que no las han tenido. Mis hijos también: desde que trabajo en las cárceles ellos tienen esa sensibilidad, conocen una realidad de lo que es la vida. Desde que trabajo en las cárceles soy un poquito mejor mamá. Y los penados: son 120.000 mentores que he tenido durante siete años. Agradezco todos los días por haberlos tenido en mi vida. Trabajar en la cárcel me ha hecho una mejor persona.

¿Cómo quiere influir en sus hijos?

Me he dedicado a educar desde el ejemplo en vez de con palabras. También enseñarles que todo tiene una solución. Todo, todo, todo. Enseñarles el respeto por las diferencias es muy importante. Y aprender de los errores. Demostrarles que los errores se pueden convertir en oportunidades. Pero también que todos los actos tienen consecuencias. Como mamá soy muy estricta...y siempre me piden una segunda oportunidad.

¿Cómo reaccionó su mamá cuando le dijo que dejaba la actuación para dedicarse a las cárceles?

Como cualquier mamá, al principio le daba un poco de temor. Pero como siempre, me apoyó en todo, aunque pareciera una locura. A mí familia tampoco les gustaba que fuera actriz, pero también me apoyaron. Siempre me dieron libertad. La primera sorprendida de todo este cambio fui yo. Esa libertad que yo tuve es la que trato que tenga la gente en la cárcel, ellos están privados de su libertad física, pero no de la libertad de crear, de pensar, de amar, de crecer, de soñar, de reconciliarse con su familia. Esa libertad no se la puede quitar a uno nadie.

¿Fue un impulso para la Fundación venir de la actuación, ser conocida?

Como todo: tiene su parte positiva y su parte negativa. Al ser una figura pública, de pronto fue al revés: no me iban a tomar tan en serio porque quién iba a pensar que alguien que estaba en su mejor momento se iba a dedicar a hacer un trabajo social en la cárcel. Pero por el otro lado, algunas personas que me conocían fueron importantes para abrir puertas, para que nos conocieran.

¿Por qué cree en las segundas oportunidades?

No todo el mundo se las merece... Las he tenido y yo ni siquiera me había dado cuenta. Por ejemplo, me echaron del colegio por indisciplina y me volvieron a recibir. Y me pude graduar con mi grupo. En la universidad igual: me echaron y me volvieron a recibir. En el amor: me he casado dos veces, el amor me dio una segunda oportunidad con mi esposo actual. Todo el mundo tiene segundas oportunidades todo el tiempo, pero no nos damos cuenta porque lo damos por sentado. No hay una persona que no haya cometido algún error, que no haya pedido una segunda oportunidad, que no le hayan dado una segunda oportunidad. Pero sí hay quien no ha dado segundas oportunidades. Por eso tenemos que empezar nosotros. Desde que uno quiera cambiar y hacer algo mejor, se merece una nueva oportunidad.

Usted ha dicho que servir es un talento que todos tenemos… Sin embargo, pocos hemos explorado ese talento. ¿Alguna recomendación?

Querer, no es nada más. Hay que intentar una vez. Hacer algo por otra persona se siente bien. Como el amor de un padre o una madre con su hijo: uno prefifiere el bienestar de ellos antes que el de uno. Es algo parecido: hacer algo por otra persona y no pensar solo en uno, acabar con el egoísmo, preferir el bien común ante el bien individual...es imposible que eso no te haga feliz. No soy la diferente. Todos pueden hacerlo.

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