Actitud, divino tesoro

Por: / Ilustración: Luisa Martínez / Junio 2021

Hacer ejercicio, leer una novela o apoyar a otros que lo necesitan son algunos actos sencillos pero efectivos para combatir el abatimiento y la desazón de este tiempo tan incierto.

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E

n estos tiempos tan dramáticos e inciertos ha habido días en los que quisiera no despertar. O quedarme en la cama boca arriba, inmóvil, mirando el techo mientras pienso una y otra vez en todas las desgracias del mundo. Mañanas en las que cualquier tarea que deba hacer, por sencilla que parezca, se convierte en un obstáculo que me deprime aún más.

Es una sensación de desazón que me paraliza, y sé que no debo darle alas. Así que me levanto y poco a poco comienzo a recuperar algo de energía. Intento que el día no transcurra en vano, que no sea un interminable río de horas que atravieso sin pena ni gloria pegado a Twitter y a WhatsApp.

Es normal, dicen, que las personas de mi edad empecemos a flaquear. Esta es una etapa de la vida en la que hay más tiempo disponible para pensar. Y es una época en la que el concepto del tiempo es muy diferente a cuando se tienen 20 o 30 años, cuando uno piensa en el futuro como si fuera una era geológica. Es una época en que muchas cosas pueden aplazarse porque el concepto de largo plazo se mide en décadas. Pero cuando se pasa de los 60 es a otro precio. Por lo general hay más tiempo libre, pero es mucho más grande el pasado que la expectativa de futuro. Además, la sensación del paso del tiempo se hace cada vez más rápida y la idea de la muerte ya no es una abstracción sino una idea más concreta.

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Es importante tener en cuenta que el concepto de vejez es una construcción cultural. Aunque es evidente que con los años la condición física decae, la sociedad declara quién es viejo. A manera de anécdota, me divierte mucho que en el laboratorio de la Clínica Pediátrica de Colsanitas ya soy de la tercera edad por haber pasado de los 60 pero en las droguerías Cruz Verde lo seré cuando cumpla 65. Hace algunas semanas algún noticiero de televisión de España tituló que a partir de determinada fecha vacunarían a los ancianos entre 50 y 59 años de edad. Y, al mismo tiempo, cuando muere alguien que no alcanzó a llegar a los 80, el comentario recurrente es “pero estaba muy joven, apenas tenía 78 añitos”. Y si las sociedades no se ponen de acuerdo en determinar cuándo comienza la tercera edad, cada quien decide a partir de qué momento se declara viejo.

Todo lo anterior para decir (como en la canción de Fito Páez) que es cuestión de actitud, para lo cual propongo lo siguiente. Convertir el lamento nostálgico de “juventud, divino tesoro” en “actitud, divino tesoro”.

Actitud. Una palabra cargada de fuerza. Cuántas veces no hemos oído que un equipo de fútbol inferior a su rival logró ganar por actitud. Actitud. Lo que me ha faltado en esas mañanas de abatimiento.

Pero no hace falta ganar la etapa reina del Giro de Italia para volver a sentirse vivo. La actitud puede tramitarse (si se me permite la expresión) en actos muy sencillos. Puede ser algo tan básico y obvio como una rutina de ejercicios. O imponerse leer al día un determinado tiempo. En Hombre lento, novela del escritor sudafricano J. M. Coetzee, se describe una costumbre común en Australia. Los jubilados desempeñan labores sencillas sin ninguna remuneración. En este caso, un jubilado se encarga una tarde a la semana de llevar al protagonista a su sesión de fisioterapia.

Otra posibilidad de sentirse vital y útil es aprovechar los grupos de amigos que proliferan ahora en las redes a causa de la pandemia para emprender tareas comunes. Por ejemplo, apoyar con dinero o tiempo a personas que lo necesitan. En últimas, tratar de darle algún sentido a la mayor parte de los días.

Difícil no sentirse abatido y decaído en estos tiempos tan confusos. Pero vale la pena intentarlo. “Es sólo una cuestión de actitud/ Recibir los golpes, no tener miedo/ Es sólo una cuestión de actitud/ Y no quejarse más de todo, por cierto/ Es sólo una cuestión de actitud/ Atreverse a atravesar el desierto”, canta Fito Páez. De acuerdo. Actitud, divino tesoro (Continuará).


*Periodista y escritor. Miembro del consejo editorial de Bienestar Colsanitas.

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