Es el momento de sembrar

Por: / Enero 2020

La jardinería y la horticultura urbana no están tan avanzadas en Colombia como en otros países. Pero es muy necesaria para la salud de las personas en las ciudades, y una gran herramienta para construir comunidad.SEPARADOR

A

unque parezca una obviedad, hay que repetirlo: el contacto con la naturaleza es muy importante para los seres humanos, porque la naturaleza constituye nuestro hábitat natural. Expertos consideran que el sistema nervioso de los humanos no está diseñado para vivir lejos de la naturaleza, y estar en contacto con ella puede incluso prolongar nuestra vida.

Por eso las zonas verdes en las ciudades resultan de vital importancia, y las actividades de siembra urbana pueden ayudarnos a suplir nuestra necesidad natural de contacto con la tierra.

De hecho, hoy en día es usual usar la jardinería y horticultura como terapia para tratar afecciones mentales y emocionales. La Asociación Americana de Terapia Horticultural documenta sus beneficios desde el siglo XIX, especialmente en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado para tratar a las secuelas emocionales que les quedaron a los veteranos de la primera y segunda guerras mundiales.

Andrea Miranda, una joven profesora de ciencias naturales de Ibagué, puede dar cuenta de ello: nunca imaginó que el trabajo en una huerta escolar era lo que la iba ayudar definitivamente con su cuadro de depresión.

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Los síntomas aparecieron cuando recién llegada a Medellín, empezó a trabajar en una escuela de un barrio muy violento. “Yo no estaba preparada para eso”, cuenta. “Una vez hasta presencié cómo le disparaban a un estudiante, y eso detonó en mí un cuadro depresivo al cual seguramente yo tenía una propensión natural”.

Después de lidiar por un tiempo con síntomas como ansiedad, ataques de pánico, baja energía e insomnio, Andrea pidió un traslado y en la escuela de Vallejuelos se encontró con una huerta escolar que en ese tiempo coordinaba el Jardín Botánico de Medellín.

En esta nueva escuela en un barrio más tranquilo, con la ayuda del trabajo en la huerta con sus estudiantes, Andrea comenzó a mejorar. “Los episodios se hicieron menos intensos y menos frecuentes y poco a poco fui dejando los medicamentos”. Andrea cuenta que en un momento llegó a tomar hasta 35 medicamentos diarios, pero ahora solo toma uno.

El trabajo en la huerta le resultó muy terapéutico. “Requiere mucha concentración. Cuando lo haces solo puedes hacer eso”.

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En nuestro país hay un déficit de zonas verdes por habitante. Mientras que la OMS recomienda al menos 10 metros cuadrados por persona, en Bogotá, apenas hay 4; en Medellín, 3,65; en Cali, 2,68, y Barranquilla no alcanza ni al metro cuadrado de zona verde por habitante. Y a diferencia de otros países como Alemania, Noruega e Israel, los espacios públicos para cultivar no son comunes.

Con algunas de estas falencias en mente, los amigos barranquilleros, Erwin Hasselbrinck, Samuel Casseres y Diego Marín se unieron para crear Batis, un proyecto de siembra comunitaria en una parcela de tierra en Puerto Colombia, a media hora de Barranquilla. A los tres les preocupaba la poca relación del hombre moderno con la naturaleza. “Ahora hay un desequilibrio en la mentalidad y en la vida, porque nos hemos creído siempre la punta de la pirámide” dice Erwin, “cuando en realidad hacemos parte del todo un ecosistema”.

"Hoy en día es usual usar la jardinería y horticultura como terapia para tratar afecciones mentales y emocionales".

Juntos querían promover que la gente volviera a la tierra y se reconectara con la naturaleza. Por eso abrieron al público las puertas de su finca los domingos de 7 a 11 de la mañana, para que cualquier persona que quisiera fuera a sembrar en los cultivos de yuca, frijolito guajiro, guandul —que es como una lenteja local— y tubérculos como el ñame y la malanga que hay en la parcela.

Con el tiempo, han observado cómo el trabajo en el campo influye en la gente. En primer lugar, además de fortalecer su conciencia ambiental, las personas se vuelven más pacientes y agradecidas con los alimentos que da la tierra. “Cuando la gente viene a la finca y se entera de que hacen falta cinco años para que una semilla de coco dé fruto, se asombra”, cuenta Diego, “porque en la ciudad uno va y compra el coco en el supermercado”.

Y en segundo lugar, la gente comienza a sentirse conectada con el proyecto, porque también crea lazos de amistad alrededor de la siembra. Como explica el biólogo ambiental Samuel Casseres, las zonas verdes en las ciudades son fundamentales porque ayudan a refrigerar el calor que conserva el cemento y a limpiar el aire, pero además porque facilitan el encuentro entre las personas para crear comunidad.

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La presión que ejerce la vida urbana y el continuo uso de la tecnología en nuestro estilo de vida son especialmente nocivos para los niños.

En 2005, el periodista Richard Louv acuñó el concepto de Trastorno por Déficit de la Naturaleza en su libro El último niño del bosque. En él demostraba que la falta de contacto de los niños con la naturaleza les produce ansiedad, falta de concentración, estrés y hasta obesidad. Y que para combatir estos síntomas hacía falta despegarlos de las pantallas y, literalmente, untarlos de tierra.

En sus talleres de jardinería para niños Paula Medina, una comunicadora social de Bogotá, ha podido comprobar lo mucho que beneficia a los chicos ese contacto con la naturaleza, con las plantas y la tierra.

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Al observar que su hija y sus sobrinos eran muy hábiles con las tabletas y celulares pero se asustaban con algunos animales, comenzó a enseñarles principios básicos del trabajo con la tierra, y se dio cuenta de lo mucho que les hacía falta. Porque les encantaba.

Así nacieron los talleres de jardinería y horticultura urbana para niños de “El Jardín de Alicia”, un emprendimiento ubicado en Cajicá, donde también se realizan asesorías y actividades para adultos y empresas. “Vi que los niños le perdían el miedo a ensuciarse y se volvían más activos”, cuenta Paula. “La actividad al aire libre los ayudaba a salir de su cascarón”.

María Fernanda Rodríguez Gómez, la coordinadora Académica de la Escuela Taller de Cali, concuerda con Paula. Las actividades de siembra son muy efectivas en la formación de los niños y jóvenes. Especialmente si están en situación vulnerable, como los jóvenes que asisten a la Escuela Taller.

Además de promover la actividad física al aire libre, el curso de jardinería de la Escuela Taller ha ayudado a los jóvenes a mejorar su autoestima, y a reconectarse con ellos mismos y con los demás.

“El hecho de trabajar con seres vivos es muy importante”, explica María Fernanda. “Los ayuda a dejar de sentirse aislados y a sentir que tienen un propósito”. Algo que es fundamental para los jóvenes y niños, pero también, para todos los seres humanos.

Algunos clubes de jardinería y horticultura

• BARRANQUILLA

Batis.

311 6955301.

Universidad del Norte. Centro de Educación Continuada.

(5) 350 9509.

• BOGOTÁ

El Jardín de Alicia.

316 6268362.

(1) 886 1206.

Organizmo.

313 6640925.

320 4937011.

Jardín Botánico de Bogotá.

(1) 437 7060

Club de Jardinería.

310 2565327.

 • CALI

Escuela Taller de Cali.

318 3083636.

• MEDELLÍN

Madre Tierra Permacultura.

311 6307081.

Jardín Botánico.

(4) 444 5500 Ext. 107.

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