Nunca es tarde

Por: / Ilustración: Luisa Martínez / Marzo 2021

Una vida distinta empieza a los 60. Y no necesariamente es una vida más lenta, más achacosa, menos intensa que la que se ha llevado hasta el sexto piso.

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n vista de que mi nieta Joaquina se acerca a los seis meses y arranca un nuevo año, miremos hacia adelante con optimismo y esperanza. Una manera de rendirle tributo al futuro que aún nos queda a los del sexto piso es con un breve recuento de personas que alcanzaron la notoriedad después de los 60 años, y de personajes que a esa edad y más crearon una obra digna de pasar a la posteridad.

Es normal que un dirigente político siga vigente a estas alturas de la vida, así que el listado se centra en deportistas, científicos y artistas, de quienes suele decirse que comienzan a decaer en su creatividad después de pasar por los 30 o los 40.

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Un caso que reta a quienes suponen que la tercera edad es para echarse a leer o a morir en una silla mecedora o una hamaca es el deportista sueco Oscar Swahn. En los Juegos Olímpicos de Londres de 1908 ya contaba con 60 años de edad y ganó dos medallas de oro en tiro. Cuatro años más tarde, en Estocolmo, volvió a ganar oro. En 1916 no se celebraron los Olímpicos a causa de la Primera Guerra Mundial, pero eso no le impidió reaparecer en Amberes 1920. Allí, con 72 años de edad, ganó medalla de plata. Y si no se hubiera enfermado, habría participado en los juegos de París de 1924, evento al que ya estaba clasificado.

En la disciplina de los disparos también se dieron otros casos dignos de mención. Como el de Lida Peyton Pollock, de Estados Unidos, quien ganó una medalla de oro y dos de bronce en tiro con arco en los juegos de St. Louis de 1904, hazaña que logró a los 63 (casi 64) años de edad. El irlandés Joshua Milner, de 61, ganó medalla de oro en tiro en los juegos de Londres de 1908, en representación de Gran Bretaña, de la que Irlanda aún formaba parte en aquel entonces. Es el medallista dorado más longevo de toda la historia de las olimpiadas. Y no todas las hazañas deportivas de personas mayores se dieron a comienzos del siglo pasado: el jinete canadiense Ian Millar ganó oro en equitación en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Tenía 60 años de edad.

Personas de muy avanzada edad también realizaron hazañas deportivas por fuera del calendario olímpico. El equilibrista William Ivy Baldwin cruzó 88 veces el cañón de Eldorado Springs, en Colorado, y lo hizo por última vez en 1948, cuando tenía 82 años. En 2013, Diana Nyad, de 64 años, nadó desde Cuba hasta La Florida. Gladys Burrill terminó la maratón de Honolulu de 2010 cuando contaba con 92 años de edad. Teiichi Igarashi comenzó a escalar el monte Fuji a los 89 años de edad y coronó su cima por última vez a los 100. Y el escritor León Tolstoi aprendió a montar en bicicleta a los 67.

Y ya que hablamos de escritores, el portugués José Saramago comenzó su carrera literaria en firme cuando ya contaba con 60 años de edad, y escribió hasta el final de su vida, en 2010, cuando tenía 87 años. En 1996 Frank McCourt, que acababa de cumplir 65 años, publicó Las cenizas de Ángela, su exitosísimo libro debut.

En el caso de los músicos también hay varios casos dignos de mención. Dos grandes compositores de ópera y dramas musicales estuvieron activos hasta bien entrados en años. Giuseppe Verdi compuso una de sus obras cumbres, Otelo, en 1887, cuando ya tenía encima 74 años. Richard Wagner terminó su magistral Parsifal en 1882, cuando rondaba los 65 años. A esa misma edad Bach compuso nada menos que El arte de la fuga, mientras que Igor Stravinski seguía siendo un compositor activo varios años después de haber atravesado el umbral de los 80. El cantante cubano Francisco Repilado, más conocido como Compay Segundo, inició su carrera musical en firme al jubilarse a los 63 años, y obtuvo la fama mundial en 1997, cuando cumplió 90. Y qué tal el caso de Alan Tripp (102 años) y Marvin Weisbord (88), quienes viven en una comunidad de pensionados en Pennsilvania y a finales de 2019 decidieron lanzar un álbum con las canciones que escribieron y grabaron en los últimos dos años.

Todavía queda mucha tela para cortar, porque historias de pintores longevos y prolíficos las hay por montones. Y los científicos también los quedé debiendo. (Continuará)

*Periodista y escritor. Miembro del consejo editorial de Bienestar Colsanitas.

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