La inteligencia financiera: ¿cómo es tu vida ideal?

Por: / Ilustración: Raúl Zea / Febrero 2022

“No son ni la cantidad de dinero que generes, ni tu capacidad de trabajo las que te permitirán ser rico. Son las habilidades para manejar el dinero las que lo podrán hacer.” Robert Kiyosaki, Escuela de negocios.

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La inteligencia financiera es, en pocas palabras, generar y administrar dinero para que él trabaje para ti, y no al revés.

Una de las características más destacadas de la inteligencia financiera es su directa relación con la inteligencia emocional. Ambas requieren, y promueven, la capacidad de auto observarse, validarse y regularse mental y emocionalmente para tomar decisiones. Porque la inteligencia financiera comienza en tu interior, en la auto observación de tu programación mental.

Estamos llenos de creencias que determinan nuestra relación y experiencia con el dinero, y son ellas las raíces de todos los resultados de nuestra vida. Lo dice claramente uno de los más leídos escritores sobre este tema, T. Harv Ecker, en su libro Los secretos de la mente millonaria: “La única manera de cambiar tu mundo externo (realidad) es cambiar primero tu mundo interno”.

Y ¿para qué desarrollar inteligencia financiera? El objetivo principal es lograr libertad financiera, es decir, tener ingresos pasivos suficientes que cubran tu estilo de vida sin la obligación de trabajar. Ingresos pasivos son aquellos dineros que entran a tus bolsillos sin mucho esfuerzo laboral, como rentas de propiedades, rentas de acciones, rentas de negocios, etc. Son esos ingresos que siguen generando dinero aun cuando estés haciendo otras actividades.

¿Para qué construir libertad financiera mediante la inteligencia financiera? “Para poder hacer lo que quiera”, dirán algunos. He concluido que para construir mi libertad financiera es mucho mejor hacerlo trabajando en lo que me apasiona. Así, no sentiré como una lucha el trabajo que me tome construir esa libertad financiera. Y de esta manera viviré mi vida con sentido.

Descubrir tus pasiones te lleva a descubrir tu misión o sentido de vida. Cuando uno está apasionado por lo que hace trabaja fluidamente. Cuando uno está apasionado por lo que hace el trabajo no es una carga o una obligación: es un gusto, un placer. La energía, vitalidad, amor, persistencia, disciplina, compromiso y todas las demás habilidades internas necesarias para alcanzar metas (incluso las económicas) salen sin esfuerzo desde tu interior, con el impulso de tus pasiones.

Lo primero que tienes que hacer es definir con claridad qué quieres verdaderamente en tu vida. Esto lo haces aclarando tus pasiones. “La razón #1 por la que las personas no consiguen lo que quieren es porque no saben qué quieren”, dice T. Harv Eker.

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Luego de encontrar tu sentido o misión de vida debes educarte en los términos y conceptos del mundo financiero. Pero primero debes saber dónde estás, luego a dónde quieres ir y a partir de ahí diseñar tus estrategias. Para saber dónde estás es fundamental que elabores un presupuesto de tus gastos mensuales detallado al máximo. Cada ítem, por eventual que sea, debe quedar incluido en el listado del presupuesto. Luego debes controlarlo mes a mes, es decir, confrontar los gastos ejecutados con el presupuesto. Cada gasto que hagas debe tener su soporte, como una contabilidad empresarial. Dejarle a la memoria los gastos de hoy o de ayer es mal negocio. Es mejor pedir recibo de todo y al llegar a casa asentarlos en la columna de “ejecutado” en el presupuesto. De ahí sale una radiografía de dónde estás. Sabrás en detalle en qué te gastas el dinero y por dónde puedes evitar gastos innecesarios, es decir, podrás simplificar.

Simplificar es reducir gastos sin que mermes tu calidad de vida. Una de las maneras que yo encontré de simplificar fue cuando me di cuenta de lo que me gastaba en los cafecitos en la calle. Decidí llevar mi termo con café y mis rosquitas o mi fruta. Otra manera fue mercar a domicilio, así no me antojaba de tanta cosa y el costo del domicilio era igual a la propina de quien me llevaba el mercado al carro. Controlar tu presupuesto te permite darte cuenta dónde simplificar fácilmente.

Hacer y controlar un presupuesto, si no lo has hecho nunca, puede generarte altos niveles de estrés, porque al verlo te preguntarás ¿y de dónde saco yo toda esta plata para todos los gastos? Pero luego verás que las ideas para simplificar llegarán y te sentirás más inteligente y con el control de tu vida. Es necesario pasar por este primer paso, no es negociable si quieres llegar a tu libertad financiera.

Y cuando encuentres dónde simplificar, tu primera meta con lo que simplifiques debe ser salir de deudas. Todo lo que puedas simplificar debe abonarse a tus deudas. Haz un plan detallado de abonos extras para liberarte rápidamente de los lastres, que no dejan construir tus ingresos pasivos.

Ahora bien, hay deudas “buenas” y deudas “malas”. Y esto es tema de discusión entre varios teóricos. Según algunos, las “buenas” son las que pueden ganar valorización en el tiempo, como la casa. Sin embargo, hay quienes dicen que tener el dinero invertido en la casa en que se vive no es inversión, es gasto.

Mejor sería tener ese dinero invertido generando más dinero, dicen ellos. Yo pienso que aquí entra a jugar la inteligencia emocional, que finalmente es la que toma las decisiones: si no tener casa propia te genera sentimientos de pobreza o inseguridad, y en tus habilidades no están los negocios, no sé si será muy inteligente arriesgar el dinero del patrimonio familiar en otras cosas.

Lo que sí es claro para todos es tener control de las tarjetas de crédito y de los pagos a plazos. Si no sumamos en un listado de presupuesto todas las deudas, esos 20.000 “pesitos” nos parecerán fácilmente pagables, como si no valieran la pena. Lo que no nos damos cuenta es que andamos de veinte en veinte, y que al final podríamos usar ese dinero para ir creando libertad financiera. Esto es trabajar para el dinero, lo contrario a la inteligencia financiera. El ideal es pagar todo de contado, o a una cuota para aprovechar los beneficios de las tarjetas de crédito. Y esforzarse al máximo por no endeudarse, a menos que sea absolutamente necesario.

Luego de establecer dónde estás (control del presupuesto) y a dónde quieres llegar (claridad de tu vida ideal, identificación de tus pasiones), diseña una estrategia. Necesitarás hacer un paso a paso que debes seguir con disciplina y constancia. Para ello tendrás que crear nuevos hábitos en tu vida. Desde el hábito de la autoobservación y cuestionamiento de creencias y pensamientos (que te llevan a tomar decisiones), pasando por el control de tu presupuesto, estudiando los términos y conceptos del mundo financiero hasta la separación de tus ingresos en cuentas nominadas según tus metas.

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Simplificar es reducir gastos sin que mermes tu calidad de vida.

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Separar tus ingresos en cuentas es una estrategia muy útil para visualizar metas y mantener la disciplina. Esta es una propuesta de repartición de tus ingresos:

1. 10% Fondo de libertad financiera (ahorro para invertir).

2. 10% Ahorro gastos diferidos (seguros, impuestos, etc.).

3. 10% Dar.

4. 10% Educación (tu desarrollo personal, financiero, profesional) 5. 10% Diversión (es la válvula de escape, el premio por tu buena gestión).

6. 50% Necesidades del diario vivir.

Lo importante es comenzar la separación, aunque no se haga en las proporciones propuestas. “Lo más importante de la separación es el hábito, no la cantidad”, dice T. Harv Eker.

Compromiso es la base de todo esto. Por eso cuando hablamos de inteligencia financiera, de trabajar y administrar el dinero para construir libertad financiera, es necesario que tu motivación sea fuerte y te mantenga persistente y enfocado. Esto se consigue aclarando qué quieres verdaderamente para tu vida… ¿Cuáles son tus pasiones? ¿Cómo es tu vida ideal? Empieza haciéndote esas preguntas, y respondiéndolas con toda la sinceridad posible.

Por último, aquí está la fórmula para la libertad financiera:

Ingresos laborales + simplificación + ahorros + inversiones + ingresos pasivos = libertad financiera.

 

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