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Bienestar Colsanitas

La dejadez

Ilustración
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Perder el interés por el aspecto y la higiene personal es uno de los miedos del autor, quien le pide a sus seres queridos que nunca lo dejen caer en esta apatía.

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N

o nos digamos mentiras. Pocas cosas son más tristes y deprimentes que la dejadez. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la dejadez es sinónimo de “pereza, flojera, negligencia, abandono de sí mismo o de sus cosas propias”, y puede interpretarse como el autoabandono.

Todos nos hemos encontrado alguna vez con personas que han perdido las ganas y el entusiasmo por sentirse bien con ellos mismos y, por añadidura, hacer sentir bien a las personas que los rodean. Más deprimente y agobiante les resulta a las personas obligadas a vivir a su lado o a pasar bastante tiempo junto a ellos, ya sea por un vínculo familiar, laboral o, sencillamente, porque les pagan por cuidarlo.

Uno entiende que caigan en la dejadez personas afectadas por razones de salud mental o física, que se encuentren en graves dificultades económicas o en la indigencia. Pero en más de una ocasión he visto personas que, sin perder ni un ápice de su lucidez mental ni de su ánimo por adelantar nuevos proyectos de vida, de pronto comienzan a desentenderse de sí mismas, a no prestarle aten- ción a su aspecto, a su higiene e incluso a su salud. Personas que huelen a sudor, a orines, se ponen camisas percudidas y se les nota que no se lavan el pelo hace semanas. Personas sin afeitar, no porque se estén dejando la barba sino porque les da pereza afeitarse. Personas que prefieren quedarse todo el día en piyama sin moverse del cuarto, sin salir de la cama. Personas que de pronto comienzan a sorber, a comer con la boca abierta.

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A menudo se da el caso de que le celebren la dejadez a algún ser querido: “Tan chistoso el tío Alberto que está en plan rebelde y lleva como tres días sin bañarse porque hay que ahorrar agua y eso de bañarse todos los días se lo inventaron los gringos que son unos consumistas derrochadores. Es que de viejo le dio por volverse hippie”.

Pero a mí todo lo anterior me genera un susto tremendo. Y no por una cuestión teórica. Le tengo pánico a la dejadez porque estoy en riesgo de moderado a medio de caer en ella. De niño andaba siempre con las manos manchadas de tinta, con media camisa por fuera de un pantalón saltacharcos que tendía a escurrirse por falta de cinturón. Jamás aprendí a amarrarme bien los zapatos, así que es normal que todavía ande por ahí pisándome los cordones. A veces me pongo ropa que no está en muy buen estado porque la tengo desde hace 25 o hasta 30 años. Ando con un par de gafas colgadas que suelen andar sucias porque hacen las veces de servilleta. Si me detuvieran en un aeropuerto y le echaran a mis lentes un par de gotas de tiocinato de cobalto, muy seguramente darían positivo para clorhidrato de jugo de naranja, clorhidrato de arepa rellena de queso o clorhidrato de pollo apanado.

Por el lado de la limpieza del pelo y del cuerpo no tengo problema. Además odio quedarme en la cama y estar en piyama, bata y pantuflas todo el día. Pero no puedo negar que corro algún riesgo de caer en la dejadez. Y más si se agrega a lo anterior que la dejadez no es sólo de ropa o de ausencia de agua, jabón y crema dental. También está la dejadez que se manifiesta bajo la terrible forma de platos con comida que llevan dos días en el cuarto, ropa sin lavar amontonada en un sillón, camas que no se tienden ni se ventilan nunca. O, peor aún, casas que se caen a pedazos, que se vuelven depósitos de objetos acumulados a lo largo de las décadas. Casas en las que los olores de las mascotas son dueños absolutos del espacio aéreo.

Lo único que le pido a mis seres queridos es que, por favor, no me dejen caer jamás en la dejadez. Duérmanme, momifíquenme, criogenícenme, hagan todo lo que esté a su alcance para que yo nunca coma con la boca abierta ni huela a berrinche (Continuará).


*Periodista y escritor. Miembro del consejo editorial de Bienestar Colsanitas.

SEPARADOR

Eduardo Arias

Periodista y escritor. Miembro del consejo editorial de Bienestar Colsanitas.