La actriz bogotana protagoniza la película Susana y Elvira, sin plan B, una historia sobre el valor de la amistad y la madurez, dos fuerzas presentes en un momento de su vida que ha decidido vivir a un ritmo más lento, priorizando el valor del tiempo libre y de la libertad creativa.
Mabel Moreno y Manuela González asumieron un reto artístico poco convencional: darle vida a dos personajes que ya habían interpretado en su juventud, Elvira y Susana. Tuvieron que ir casi 20 años atrás para recordar la esencia de esas dos mujeres atravesando los 20 y configurarlas como dos mujeres en sus 40, afrontando los cambios que significa transitar la vida, crecer y madurar. Esa travesía no es solo parte de la ficción de Mabel, es también su realidad.

“Estoy pasando por un momento de encontrar una nueva identidad. Me estoy despidiendo de muchas maneras de vivir antiguas. Eso es bonito y a la vez muy incómodo, pero siempre bienvenido”, explica Mabel sobre esta etapa de su vida. Hoy se siente confiada y muy atenta, sabe que su intuición es la brújula de su vida. Confiesa que antes le daba muchas vueltas a los problemas y olvidaba escucharse, pero en su presente vale más su propia voz que el ruido exterior.
Con esa determinación pudo darle vida de nuevo a Elvira, una mujer ingenua, torpe e inocente pero que ha logrado cierto grado de sabiduría, esa inherente al paso de los años. Elvira se reencuentra con Susana, su ex mejor amiga, y juntas deben sacar adelante un proyecto con escasas probabilidades de éxito. La película le hace honor a la amistad. Como afirma Mabel: “Muchas veces pensamos que nuestra alma gemela es una pareja, pero, ¿y qué tal que sea tu mejor amiga? Aquí estamos celebrando eso, la amistad, esa familia que uno escoge y que siempre va a estar ahí”. Hablamos con la artista a propósito de este lanzamiento y de su carrera actoral.

Tu papá fue un gran aliado en tu carrera como actriz, ¿qué tanta influencia ha tenido en tu profesión?
Sí, mi papá me llevaba desde los 7 años al cine, a las salas alternativas que había en Bogotá. Cine Hollywood, Cinema Paraíso… eran los lugares donde traían películas de todas partes del mundo y eso a mí me estimula un montón. Yo ya sabía que quería ser actriz. Empecé modelando a los 15 años, hice varias campañas y luego me llamaron para hacer un casting de mi primera novela: La jaula, y me lo gané. Acababa de salir del colegio y tenía el apoyo completo de mi familia. Ahí entendí que eso era lo mío y decidí estudiar. Me formé con Laura García, también estudié en Estados Unidos, trabajé con La Maldita Vanidad y empecé a hacer obras de teatro, improvisación, hice formación en improvisación teatral y fueron llegando personajes en producciones como Susana y Elvira, La ley del corazón, La reina del flow, entre muchos otros.
¿Qué papel ocupa la rebeldía en tu vida?
Para ser actor se requiere cierta rebeldía. Y yo, en general, he sido más rebelde porque no he chequeado las casillas tradicionales de lo que se espera de una mujer a esta edad: hijos, familia, marido. Yo, por ejemplo, nunca tuve un llamado a ser mamá. Respeto muy profundamente la maternidad pero nunca escuché esa intuición en mí. Sé que a muchas mujeres les pasa igual. La maternidad no es lo que les da significado a sus vidas y eso también está bien. No nos pueden “dar palo” porque escogimos algo diferente y porque disfrutamos de otra manera nuestra libertad, esa que no tenían nuestras madres, por ejemplo.


¿Tener tiempo es un tesoro para ti hoy?
Sí. Para mí el éxito es el tiempo. Yo estuve clavadísima muchos años en un set. Haciendo una novela, otra y otra… Y cuando llegó la pandemia tuve una crisis y dije: ¿me voy a pasar la vida en un set?. Yo quiero viajar más, construir más recuerdos y que el trabajo me financie eso sin que me coma viva. El tiempo es eso que nadie me va a devolver. Entonces tomé la decisión de hacer máximo dos proyectos al año. Le bajé al ritmo, a la televisión, pero empecé a ser más activa en redes. Eso me ha mantenido muy vigente. Soy una marca personal, mi propia empresa.
¿Qué quieres reflejar en tus redes sociales?
Quiero usar mis redes para hablar de bienestar, de cómo salirse del molde. Quiero invitar a las mujeres a que se escuchen y que tomen decisiones distintas o simplemente quiero conectar con mujeres que se quieren reír. Estoy próxima a lanzar Ela, una serie de una actriz en sus 40, es mi alterego con el que me burlo un poco del medio actoral, de todo lo que nos pasa a las mujeres a esta edad. Yo la escribí, son capítulos muy cortos que van a estar alojados en mi Instagram. Me alegra mucho poder brindar contenido de calidad en las redes.
¿Dónde encuentras tu bienestar y paz interior?
En mi casa. Sin duda ese es mi lugar seguro, mi lugar feliz, donde me recargo. Si no es mi casa es el mar. Y también acudo mucho a la meditación, a la conexión con mi esencia. Trato de encontrar ese lugar donde no hay ruido porque ahí están las mejores respuestas. Creo que el camino espiritual es simplemente poder apagar el ruido alrededor para llegar más rápido a ese lugar que es interno, que es solo tuyo.

Y ¿cómo has logrado esa conexión tan profunda con tu esencia?
Llevo muchos años trabajando en eso, como quince; buscando, preguntándome, meditando, hablando con maestros, siguiendo un camino espiritual. Y ahora siento que tengo una información valiosa después de tantos años de búsquedas. Siempre digo: “Dios por delante”, y si estoy atravesando situaciones difíciles pienso en su propósito. Me pregunto qué debo aprender de eso que me está atravesando. Por ejemplo, con la muerte de mis abuelos en la pandemia. Fue un momento durísimo que me cambió la vida, para bien. Yo antes estaba más presa de las emociones diarias y cuando se murieron me di cuenta de que podía elegir. Y eso es un poder muy grande, que a pesar de lo que pase afuera, yo puedo estar en paz. Es una elección. Creo firmemente que hay algo superior que nos protege, llámale Dios, universo, energía divina. Hay algo sí o sí más poderoso que nosotros, más grande, más inteligente, más lógico que nos guía.
¿El amor de pareja hace parte de tus prioridades ahora?
Me encantaría tener una pareja para toda la vida. Yo fui criada por mi abuela y siento que cargo esa herencia de amor más tradicional que ella sembró en mí. En esta nueva etapa, justamente, estoy reconciliándome con el término “para toda la vida”, porque antes le daba más prioridad a mi trabajo, a mi libertad, a viajar, y la pareja era algo secundario. Pero en este momento deseo una pareja estable y es hora de darle prioridad a ese anhelo.

¿Cuáles son tus herramientas o rituales de autocuidado?
Son todas las que me llenen de felicidad. Entonces, si una persona se levanta y hace toda su rutina de skincare y eso le genera felicidad, yo creo que eso es positivo, pero si lo está haciendo para tapar algo o para luchar contra algo pues lo veo muy distinto. Todo lo que tú haces para darte amor es bienvenido y todo lo que sea en contra de lo que eres, por pelear con el paso del tiempo, la altura, la talla, pues no te va a hacer bien, no es bienestar. Entonces yo me paro, hago ejercicio, luego mi meditación, duermo ocho horas, porque cuando no he dormido bien el día se me hace eterno. Y cuido mi pelo. Afortunadamente, a los 13 años una tía me explicó que yo era crespa y me enseñó a manejar mi pelo. Desde que ella me enseñó nunca más me volví a alisar el pelo. Ahora no le pongo nada de calor, solo lo hidrato. Una mujer de pelo crespo debe hidratarlo muchísimo con acondicionador, mascarilla, un shampoo muy hidratante y aceite cuando está seco o el día después de lavarlo.



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