El cuidado en enfermería no es solo una labor técnica. También implica una carga física y emocional que se acumula en el cuerpo. Reconocer cómo se vive esa exigencia en el día a día permite entender mejor el alcance real de cuidar a otros.
El turno de un profesional de la salud empieza antes de llegar al hospital. Empieza en la casa, en lo cotidiano: alistarse, organizar el día, cumplir con la rutina propia y la de sus familiares. Después viene el cambio de ritmo: pasillos, puertas que se abren y se cierran, pasos que se aceleran, manos que organizan, ejecutan y sostienen. El cuerpo entra en modo trabajo y, con él, todo lo que implica cuidar.
En enfermería, el cuidado no es una idea abstracta ni un concepto que se queda en lo teórico, se vuelve físico. Se siente en la espalda que sostiene posturas repetidas, en los pies que recorren largas distancias, en las manos que trabajan y en la cabeza que se mantiene alerta, tomando decisiones y organizando tareas en tiempo real. Pero también se instala en el pecho, donde se acumula algo menos visible: la carga emocional de acompañar a otros en momentos de vulnerabilidad.
En la Clínica Sebastián de Belalcázar de Cali, las jornadas suelen organizarse generalmente en turnos de seis horas. Sin embargo, el tiempo no siempre define la intensidad. Hay momentos en los que la carga se concentra y el ritmo se acelera, haciendo que cada hora exija más atención, más movimiento y más capacidad de respuesta.

Un cuerpo en movimiento constante
La jornada en enfermería nunca es lineal. Varias tareas ocurren al mismo tiempo: atender pacientes, registrar información, movilizarlos y responder a sus familias, son solo algunas de las tareas que se cruzan entre sí y cambian según lo que vaya pasando. El ritmo es exigente y obliga a estar en movimiento casi constante. El cuerpo se adapta a esa dinámica para poder responder a cada situación.
Farid Chavarría, auxiliar de enfermería en pediatría en la Clínica Sebastián de Belalcázar, lo vive así todos los días. Para ella, cuidar es reaccionar de inmediato. “Cuando alguien llega con dolor yo soy de las que sale corriendo a ayudar”. Su trabajo exige rapidez, pero también cercanía, “atender a niños implica moverse, agacharse, hablar con calma y darles seguridad en medio del miedo”, afirma. Esa versatilidad define su forma de cuidar.
En pediatría, el cuidado tiene esa exigencia adicional de generar confianza. Los niños no siempre entienden qué va a pasar, por lo que la forma de acercarse es clave: ponerse a su altura, suavizar la voz y usar el juego como puente. “Siempre les hablo con mucho amor y eso funciona”, cuenta Farid. Antes de cualquier procedimiento, lo primero es lograr que se sientan tranquilos.
Esa dinámica constante termina pasando factura. La espalda se carga por las posturas repetidas, los pies resienten las horas de desplazamiento y las manos repiten movimientos precisos una y otra vez. A eso se suma la exigencia mental, “también duele la cabeza”, dice Farid. Es un cansancio que no siempre se nota, pero que se acumula a lo largo del turno.

La presión que no siempre se ve
En urgencias de la Clínica Sebastián de Belalcázar, donde trabaja Melisa Jaimes como enfermera profesional, la dinámica cambia de escala. El flujo de pacientes es variable y, en algunos momentos, impredecible. Hay jornadas en las que todo se intensifica: más personas, más decisiones y, por lo tanto, menos margen de error.
Cuando el servicio colapsa, el cuerpo entra en un estado de alerta sostenida. Cada acción debe ser precisa y cada segundo cuenta. No hay espacio para la distracción, esa presión no siempre se nota, pero se instala con fuerza y atraviesa toda la jornada. En su caso, se manifiesta en una zona en específico, “cuando estoy en momentos así, el dolor de cabeza es lo que más me afecta”.
En un entorno como la sala de urgencias, mantener la calma es parte esencial del cuidado. La clave es encontrar una forma de regularse dentro del mismo ritmo de trabajo, “me calmo, respiro y sigo con la motivación de hacer bien mi trabajo”, explica. Es una pausa breve, casi imperceptible desde afuera, pero suficiente para reorganizarse y continuar.
Aun en medio de ese nivel de exigencia, hay momentos que reconfiguran la experiencia. Ver a un paciente mejorar, notar el cambio en su expresión o recibir una palabra de agradecimiento, son instantes que no compensan el desgaste físico, pero sí le dan sentido a la labor. “Se van con esa cara de felicidad que me hace sentir que todo vale la pena”, afirma.

Cuidar también es sostener emociones
Más allá de lo físico, hay una dimensión que atraviesa todo el trabajo de enfermería: la emocional. Cada paciente llega con una historia, con miedo, con dolor o con incertidumbre, y quien cuida entra en contacto directo con todo eso. No es algo que ocurra de forma aislada, sino de manera constante a lo largo de la jornada.
En el área de hospitalización de la Clínica Sebastián de Belalcázar, la auxiliar de enfermería Marisol Villota Pérez enfrenta esa carga todos los días. Para ella, cuidar implica involucrarse, “ponerse en los zapatos del otro, atenderlos como a uno le gustaría que lo atendieran”. Esa cercanía permite acompañar mejor, pero también supone una mayor exposición emocional.
Hay procesos que avanzan y terminan en recuperación, momentos que traen alivio y marcan el sentido del trabajo. Pero también están los otros, los más difíciles, en los que no hay mejoría o el desenlace es la pérdida. “Ver a una familia con dolor porque fallece su ser querido es una de las experiencias más retadoras que vivimos en esta profesión”, afirma.
Ese tipo de situaciones no se quedan en el momento. Muchas veces se prolonga más allá del turno y exige encontrar formas de tramitarlo. Ahí aparecen estrategias de gestión emocional que son necesarias y que se adaptan a cada profesional: la respiración consciente, la espiritualidad, las pausas breves y los espacios de apoyo entre compañeros.
Un cuerpo que también necesita cuidado
Cuando el turno termina, el cuerpo no se desconecta de inmediato. El cansancio físico permanece, y la carga emocional tarda un poco más en acomodarse. Por eso, el autocuidado es una necesidad implícita: dormir bien, alimentarse, hacer ejercicio y compartir con sus seres queridos son algunos de los hábitos de autocuidado claves para el balance.
Cada una construye ese equilibrio desde su realidad. Farid lo encuentra en lo cotidiano: descansar, leer, compartir con amigas, darse pequeños espacios que le permitan soltar el ritmo del hospital. Melisa lo integra como parte de su rutina: alimentación consciente, ejercicio diario, tiempo de calidad con su hijo como forma de recarga emocional. Marisol combina la actividad física con una base espiritual que le ayuda a recargarse diariamente.
No se trata de rutinas perfectas, sino de decisiones prácticas que permiten sostener el día a día más allá del trabajo. Al final de cada jornada, quien cuida también tiene que volver a sí: salir del ritmo del hospital, recuperar energía y reconectar con la familia, los amigos y los espacios propios. Son formas de equilibrio que no responden a una idea idealizada del sacrificio, sino a una necesidad de mantenerse bien para ejercer la profesión que con amor escogieron. Porque cuidar a otros, todos los días, también implica aprender a cuidarse.

Zonas del cuerpo donde se concentra la carga del cuidado
El trabajo de enfermería involucra al cuerpo de forma constante. Estas son las zonas donde más se concentra el desgaste:Espalda: soporta posturas prolongadas, movilización de pacientes y esfuerzo físico repetido.
Pies: sostienen largas jornadas de pie y desplazamientos continuos durante el turno.
Manos: realizan procedimientos con precisión y mantienen contacto permanente con los pacientes.
Cabeza: concentra la presión mental, la toma de decisiones y los efectos del estrés.
Corazón: representa la carga emocional del cuidado: la empatía, el acompañamiento del dolor, la frustración ante la falta de mejoría y también la satisfacción cuando un paciente se recupera.
Cuidar en enfermería va más allá del conocimiento. Es sostener el ritmo, la presión y las emociones de otros en el propio cuerpo.






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