Prepararse para la jubilación

Por: / Ilustración: Sako Asko / Enero 2022

La jubilación es un momento especial en la vida de las personas, pues trae consigo una serie de cambios en todos los ámbitos, con la consiguiente carga emocional.  

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odos, o casi todos, pensamos en la jubilación: sea porque anhelamos ese lejano momento o porque nos estamos acercando a él. Sin duda, la principal motivación es el descanso y el tiempo libre para hacer todo lo que no se pudo antes, cuando las responsabilidades laborales dejaban poco espacio para hacer otras cosas. Pero ¿qué pasa cuando no tenemos suficientes semanas cotizadas o no queremos dejar nuestros trabajos? Estas situaciones suelen llevar a las personas a trabajar de más, cuando ya el cuerpo no está preparado para asumir ritmos de trabajo muy extenuantes con la misma vigorosidad con que se hacía en otros momentos de la vida.

Las experiencias en torno a esta etapa de la vida son diversas. Están los que aprovechan el tiempo disponible y se dedican a viajar o a practicar su hobby de toda la vida, los que se enferman porque no soportan la idea de abandona el trabajo al que le dedicaron todo su tiempo y esfuerzo, los que siguen en la búsqueda de algo que le dé sentido a su vida después de la “etapa productiva”, los que deben seguir trabajando porque no han cotizado las semanas necesarias, los que encuentran una manera de trabajar a un ritmo menos acelerado, o los que, a pesar de haber cumplido con todos los requisitos, no quieren jubilarse. Teniendo en cuenta esto, ¿ha pensado qué tipo de jubilado va a ser usted?

Según Wilson Daniel Ossa, director del Programa de Adulto Mayor de Keralty, uno de los principales fenómenos que ha observado en sus consultantes, y que quizás responde a la época actual es que “Las personas ahora se casan y tienen hijos en edades más avanzadas, y cuando están en edad de pensionarse todavía tienen hijos en la universidad o deudas con bancos”.

En cualquier caso, es importante prepararse para la jubilación, que no significa otra cosa que encontrar focos de acción pensados para potenciar el desarrollo humano, dejando atrás la idea de que cada decisión que uno toma implica ganar dinero. Para eso se recomienda tener en cuenta que durante toda la vida adulta nos estamos preparando para la jubilación, o al menos deberíamos hacerlo.

El doctor Ossa recomienda identificar tres momentos clave para pensar en ella como un plan de vida, que no se reduce únicamente a la mesada que se va a recibir en la vejez, así ese sea el objetivo final.

La juventud, cuando se inicia la vida laboral

Durante esta etapa, que va entre los 20 y los 30 años aproximadamente, se forman las bases de ahorro y buen uso del dinero que probablemente se tendrán el resto de la vida. Astrid Velandia, abogada y especialista en derecho del trabajo, explica que “Al comienzo de la vida laboral es cuando más debemos ahorrar, porque es cuando menos obligaciones tenemos, en el caso de las personas que a esa edad todavía no tienen una familia que mantener”. Por esto aconseja que, en la medida de lo posible, los jóvenes ahorren entre el 25 y 30 % de su salario pensando en su calidad de vida en el futuro. Si pueden ahorrar más, mejor.

La adultez

Durante el principio de esta etapa, las personas suelen adquirir mayores obligaciones como comprar una casa, un carro o pagar la universidad de los hijos, y esto hace que ahorrar se convierta en una tarea difícil. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, según el doctor Ossa, “Cuando estamos acostumbrados a un estilo de vida acorde con nuestros ingresos y de un momento a otro tenemos que afrontar ese mismo estilo de vida con menos recursos, se presenta una descompensación muy grande”. Por eso, la etapa de vida entre los 40 y los 60 años es un buen momento para pensar en otras maneras de ahorro, como los fondos de inversión de mediano plazo y de bajo y mediano riesgo, en el caso de que no se decida por una vida más austera durante la vejez.

Frente a esto, la abogada Velandia añade: “Después de pasar por el momento de mayores obligaciones, las personas llegan a cierta edad, alrededor de los 50 años, donde suelen estabilizarse económicamente y se puede retomar un ahorro alto”. Y además explica que durante esta edad, las personas suelen hacerse más conscientes de lo que viene.

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Es importante prepararse para la jubilación, que no significa otra cosa que encontrar focos de acción pensados para potenciar el desarrollo humano.

A mediano plazo también se debe pensar en un ajuste del estilo de vida que ayude a hacer la transición saludable hacia una vida sin las rutinas estrictas que provoca el trabajo. “Empezando a practicar actividades diferentes y abriéndose espacios que complementen su trabajo, fortaleciendo las redes y los grupos de apoyo, porque una de las cosas que más impacta al pensionarse es tener un círculo social en el trabajo y de un momento a otro ya no tenerlo y abrazar una sensación de soledad y aislamiento”, explica el doctor Ossa.

Esto se logra buscando nuevos espacios para frecuentar, hábitos, deportes, grupos de alguna actividad o pasatiempos que impliquen la constitución de una nueva red de soporte o apoyo social, diferente a la del trabajo. “De tal manera que cuando se pensione no diga: todos mis amigos y conocidos se quedaron allá... y como ellos siguen trabajando, pues yo no tengo a nadie”, dice Ossa.

El momento de jubilarse

En esta etapa se revelan las estrategias que usted utilizó en el pasado pensando en el futuro. Así lo explica la abogada Velandia: “Hacia el final de la etapa laboral, la persona no va a pensar en ahorrar sino en recoger los frutos de lo que ahorró desde joven, entonces comienza el proceso de revisión de las semanas cotizadas y el valor que recibirá en adelante. Yo creo que esa es una preocupación que nos debe llegar desde el momento mismo en que somos activos laboralmente, porque es un proceso largo que nos acompaña durante toda la vida laboral”.

Por último, una recomendación para cuando se acerque la última etapa es tener al día el historial laboral, revisar que los datos personales concuerden y no haya inconsistencias, y reunir con tiempo los documentos que requiere la administradora de pensiones. En el momento de hacer la liquidación, tenga presente que la mesada pensional corresponde al 70 o 75 % del salario sobre el cual usted cotizó la pensión. Es importante saberlo por el impacto emocional y económico que pueda tener en su vida de allí en adelante.

 

* Periodista de Bienestar Colsanitas.

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Etiquetados con: adultos mayores / Empleo / Ocio / jubilación / Finanzas /

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