De los alicates a los robots

Por: / Ilustración: Harry Villamil / Agosto 2022

En los últimos cincuenta años la odontología ha dado un giro de 180 grados. Los adelantos tecnológicos y la sensibilidad de los especialistas han transformado la experiencia de visitar al odontólogo.

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Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi infancia es la tragedia que significaba tener que ir a la dentistería, del terror que me daba ir donde la doctora Lucía Gómez de Rezk.

Muy querida ella, es cierto, pero estamos hablando de los años sesenta del siglo pasado. Es decir, tiempos de fresas de polea muy lentas que vibraban en la boca como un taladro; uso de anestesia después de cinco o seis cimbronazos de dolor agudo, porque para los dentistas de mediados del siglo pasado aguantar dolor sin chistar era signo de valor, entereza y templanza; reprimendas recurrentes de la dentista, apoyadas con entusiasmo por mi mamá, por el incorrecto cepillado de los dientes.

Ese terror a la dentistería hizo que en los años siguientes yo prefiriera aguantar un dolor de muela en casa que ir al odontólogo. Pedía cita cuando la agonía era insoportable e iba al consultorio con la seguridad de que las siguientes dos horas serían de terror.

Durante los años setenta me atendió el doctor Roa, y en 1978, cuando llegué a tener un diente frontal con una caries enorme, similar al de Keith Richards en 1969, él me remitió donde un colega para que me hicieran un tratamiento de conductos. Fue un procedimiento de tres sesiones, en una de las cuales quemaban unos minipalillos que entraban en el conducto del diente.

En 1982 tuvieron que extraerme las muelas del juicio y fueron varias sesiones muy dolorosas a punta de alicates, fuerza y mucho dolor en la encía, por más anestesia que me pusiera el doctor. Recuerdo que intentaba mitigar la angustia y los nervios recordando los goles de Inglaterra en el Mundial de España. Puedo decir con certeza que recordar un gol de Trevor Francis carece de propiedades anestésicas.

Ya en los años ochenta las fresas de polea le habían dado paso a unas de aire bastante más rápidas y menos ruidosas. Los dentistas ya no racionaban la anestesia al máximo. Los conductos podía hacerlos el mismo dentista, no un especialista, y sólo tomaban dos sesiones. En 2005, la doctora Sandra Milena Ogando me realizó dos tratamientos de conductos en una cita de dos horas. Yo no lo podía creer.

La odontología hoy

Todo este recuento es para hablar de un tema que a mí, la verdad, me asombra. Y es ver cómo en estos últimos años la odontología ha avanzado a pasos agigantados, en cuestión de meses en algunos de sus aspectos.

Pero la cereza que corona el postre han sido mis visitas al consultorio del doctor Juan Pablo García, en particular en la tanda de citas de este 2022. Yo diría dos cerezas. Una, el radiovisógrafo, un aparato que parece un datáfono que no está conectado por cables, con el cual me han tomado radiografías (aunque tengo entendido que no son rayos X sino una tecnología no radiactiva), que le permitió a la endodoncista mirar en tiempo real cómo iba la apertura del conducto y, para gran tristeza de todos en el consultorio, descubrir que una de las raíces estaba dañada y que esa muela no tenía arreglo y tocará sacarla.

Como la tanda era para elaborar unas coronas, en la última sesión no tuve que someterme a la angustia de las cubetas que hacen las impresiones de la mandíbula para que el laboratorio sepa los tamaños precisos de la pieza. Como yo suelo atorarme a menudo y a veces ahogarme, esas cubetas siempre me han hecho pensar que estoy en peligro de morir por asfixia.

Pues no, esta vez dos operarias del laboratorio encargado de elaborar las coronas llevaron un escáner, en cuestión de minuto y medio (si acaso dos) tomaron miles de fotografías desde todos los ángulos posibles para obtener una imagen en tres dimensiones de mi mandíbula inferior.

Asombrado por esta avalancha de innovaciones que aparecían en cada cita, propuse el tema en la revista y entré en contacto con el doctor Luis Enrique Bernal, gerente global de Odontología de Keralty quien, junto con la doctora Adriana García, directora de la Clínica Dental Keralty de la Calle 96, en Bogotá, me hicieron un recorrido por los consultorios de odontología del Centro Médico Colsanitas de la Carrera 14 con Calle 96, de Bogotá.

ALICATES CUERPOTEXTO

La verdad, en ese recorrido me sentí un poco mareado ante tantas novedades ya en uso o próximas a llegar, de las que apenas si pude tomar nota y que, gracias a mis anfitriones ahora pasaré a describir.

Ya existen sustancias que se mimetizan para copiar el color del diente. Hay que decirlo, un absoluto descreste. Ahora también es posible reparar prótesis dentales con un simple barniz, y se han desarrollado nuevos materiales para imprimir las calzas. “Esto significa que las rehabilitaciones ya no se harán con materiales que se deben colar y fundir sino que se imprimirán en tres dimensiones y se hará el reemplazo. Además, lo harán a una velocidad muy rápida”, señaló Bernal.

También se han desarrollado nuevos escáneres y aparatos para realizar ecografías que podrían llegar a reemplazar los rayos X. Se logran imágenes igual de precisas, pero sin el peligro que supone la exposición a la radiación.

Me mostraron un microscopio de endodoncia. “Este aparato nos permite observar conductos accesorios que clínicamente no se pueden ver”, explicó Adriana García. Gracias a estos microscopios los endodoncistas que realizan tratamientos de conductos no se encuentran a mitad del camino con sorpresas. El varias veces vivido por mí “no logro encontrar este conducto porque la raíz está como torcida” ya es cosa del pasado gracias a este accesorio. Mis anfitriones me dijeron también que estos microscopios son de gran utilidad en cirugías de la encía.

Por su parte, el tomógrafo 3D permite obtener imágenes para observar en tres dimensiones las partes que se quieren analizar, detectar posibles lesiones y así calcular si hay espacio para tratamientos tales como los implantes.

Las nuevas piezas de mano (esos objetos que manipulan los odontólogos y que conocemos en el lenguaje coloquial como fresas) ya no usan turbinas de aire sino motores piezoeléctricos. El principio que utilizan es la estimulación del silicio, lo que les permite moverse en silencio. “Lo que uno oye es la salida del agua”, me dijo Bernal. “Si uno le suspendiera el agua sería como un carro eléctrico. No sonaría absolutamente nada”.

Y no podía faltar el rayo láser, una de las promesas por varias décadas postergada como posible reemplazo de la fresa para tratar las caries. Aún no se ha logrado utilizar con esa finalidad porque genera mucho calor. Sin embargo, ya es una herramienta muy útil para el tratamiento de tejidos blandos, como por ejemplo los tratamientos en las encías. También se han desarrollado motores quirúrgicos que permiten eliminar fragmentos de hueso con menos dolor y trauma.

Otro campo fascinante es el de elaboración de piezas tales como coronas. Con el método tradicional, esta tarea demandaba mucho tiempo y dedicación. Ahora cuentan con fresadoras robotizadas que elaboran directamente la pieza, mediante un sistema denominado CAD/CAM (diseño asistido por computadora y manufactura asistida por computador, por sus siglas en inglés). “El computador participa en los dos procesos. En el primero toma la impresión y diseña a la medida y luego fabrica con base en ese diseño previo”, explicó Bernal. “Esta es una tecnología que hoy es bastante habitual, pero pronto pasaremos de la talla a la impresión 3D”.

Grandes avances se han visto en las lámparas de fotopolimerización que solidifican los materiales que se utilizan para hacer las calzas y piezas dentales. En este último año vi cómo la asistente del doctor García ya no se demoraba medio o hasta un minuto irradiando la resina sino que ahora este proceso dura muy pocos segundos. “Se trata de lámparas de fotocurado de alta potencia y corta duración, que en un próximo futuro seguramente serán más refinadas y trabajarán cada vez más la profundidad de la resina”, dijo Bernal.

La anestesia ha sido por décadas un tema muy álgido en el ejercicio de la odontología. En tiempos pretéritos a veces era preferible aguantar el dolor en la muela que someterse al pinchazo, también doloroso y muy molesto, de la aplicación del anestésico local. Ahora los dentistas pueden utilizar procedimientos de anestesia sin dolor. “La anestesia tiende a ser sin dolor. Con o sin aguja, va a ser asistida por tecnología”, me manifestó Bernal.

Otra técnica novedosa de gran beneficio para pacientes con infecciones crónicas de los tejidos que soportan los dientes son las nuevas cubetas que llevarán el antibiótico al fondo del surco periodontal (el que rodea los dientes) y lo dejan en el sitio exacto donde debe aplicarse. Y una herramienta que era de ciencia ficción en los años setenta, en los noventa e incluso en tiempos recientes, y que ya está presente, es la robotización quirúrgica para realizar cirugías maxilofaciales.

Juan Pablo García también me habló de un método desarrollado y certificado en Brasil que se basa en la papaína, una sustancia que se encuentra en la corteza de la papaya verde. Se utiliza en niños y pacientes con traumas en odontología para eliminar caries sin anestesia ni instrumentos rotatorios. Esta sustancia ablanda la superficie dental afectada y permite remover toda la caries con una cucharilla, es decir, sin necesidad de instrumentos cortantes. “Posteriormente se realiza la misma técnica de reconstrucción del diente con resinas de fotopolimerización. Tenemos entonces un método limpio, indoloro y sin eliminar tejido dental sano”, explicó García.

Entre los avances tecnológicos que se esperan en un futuro cercano García me señaló la inteligencia artificial, cepillos dentales inteligentes, realidad aumentada, realidad virtual, teleodontología y odontología regenerativa.

El recuento de novedades, varias de ellas asombrosas, podría ser mucho más largo. Estos avances tan vertiginosos me parecen apenas comparables a los de los teléfonos celulares inteligentes, que cada tres o seis meses incorporan funciones inimaginables unos diez, cinco, tres años atrás.

Desde hace varios años voy sin miedo al dentista y, últimamente, intrigado por la novedad que me sorprenderá ese día. Eso sí, de los lejanos tiempos de mi infancia y juventud aún conservo tics, muecas y movimientos de piernas y manos involuntarios, heredados de los tiempos en que uno esperaba el peor dolor imaginable sin saber en qué momento llegaría.

 

*Periodista y escritor. Miembro del consejo editorial de Bienestar Colsanitas.

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