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Dormir bien

Dormir bien es medicina preventiva

Ilustración
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Cuando dormimos, el cerebro se activa: organiza recuerdos, procesa emociones y elimina toxinas que solo puede depurar durante la noche. La ciencia explica por qué el sueño es una forma de medicina preventiva.

Cuando los ojos se cierran y la respiración se hace más lenta, el cerebro entra en una de las jornadas de trabajo más exigentes del día: reorganiza información, fortalece conexiones neuronales, filtra recuerdos, previene el desgaste emocional y activa un sistema de depuración que solo funciona mientras dormimos. Un sistema que si fallara podría abrir la puerta a procesos inflamatorios y acumulación de proteínas tóxicas asociadas a enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Esto, según investigaciones científicas publicadas en revistas como Sleep Medicine Clinics, Frontiers in Neuroscience y Practical Neurology.

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En un mundo que ha celebrado las ciudades que “nunca duermen”, el sueño está asociado a pereza o improductividad, pero la evidencia científica es contundente: dormir bien es una forma de medicina preventiva.“El sueño es tan importante para la vida como comer, respirar o tomar agua. Es de vida o muerte”, señala Leonardo Palacios Sánchez, profesor de la Universidad del Rosario y neurólogo adscrito a Colsanitas. “En los últimos 30 años hemos normalizado robarle horas a la noche. Las pantallas, el streaming y las redes sociales nos mantienen enganchados”, explica.

Los estudios científicos coinciden en que el sueño no es una pausa. Es un estado activo en el que ocurren procesos esenciales:

1. Función adaptativa que viene de nuestros ancestros

Los ciclos de luz y oscuridad moldearon el comportamiento humano durante miles de años. Dormir de noche era un acto de supervivencia. Aunque la luz eléctrica cambió el ritmo, nuestra biología no evolucionó al mismo ritmo que nuestras ciudades. “Tenemos una función adaptativa de 24 horas que sigue ahí y se llama ritmo circadiano. La tecnología no eliminó esa necesidad”, señala Palacios.

2. Restauración de energía corporal

Así como el cuerpo aumenta su actividad durante el día, necesita un periodo prolongado para recuperarse en la noche. Dormir entre siete y nueve horas, como recomiendan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la World Sleep Society, garantiza ese equilibrio. Dormir menos de cinco horas se asocia con mayor riesgo de infartos, enfermedades, irritabilidad, trastornos metabólicos y errores en tareas cotidianas.

3. Consolidación de la memoria y organización de la información

Durante el sueño no REM, la fase de descanso físico profundo, y el sueño REM, la etapa en la que soñamos y el cerebro se activa con intensidad, se lleva a cabo una organización importante: se filtra lo que importa y lo que no, se consolidan aprendizajes, se fortalecen conexiones neuronales y se archiva la información significativa del día. “En la fase REM estamos paralizados físicamente, pero el cerebro está intensamente activo. Es el momento en que repasamos el día, seleccionamos recuerdos útiles y descartamos el ruido”, explica Palacios. Por eso, la privación crónica de sueño afecta directamente la memoria y la concentración.

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4. Recuperación emocional

Dormir bien regula el sistema nervioso y modula la respuesta al estrés. Estudios recientes muestran que el sueño REM ayuda a procesar experiencias traumáticas o con mucha carga emocional, y por eso las noches posteriores a un evento estresante pueden estar llenas de despertares o sueños vívidos.

El descubrimiento que lo cambió todo: el sistema glinfático

Por décadas se creyó que el cerebro no tenía forma de eliminar toxinas como otros órganos, pues carece de un sistema linfático propio. Eso cambió en 2012, cuando investigadores de la Universidad de Rochester describieron por primera vez el sistema glinfático, una red de limpieza cerebral que solo funciona bien cuando dormimos profundamente.

“El cerebro no tiene sistema linfático, entonces elimina desechos a través del sistema glinfático, que depende de células gliales y solo opera bien mientras estamos dormidos”, explica Palacios. Este sistema depura proteínas como la beta amiloide y la tau, dos compuestos cuyo exceso se relaciona con el Alzheimer.Cuando dormimos menos, el sistema glinfático trabaja de manera deficiente: las toxinas se acumulan, aumenta la inflamación del sistema nervioso y se afectan procesos cognitivos esenciales, como la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje. En otras palabras, el sueño no solo “descansa”, también limpia. Y esa limpieza silenciosa es la que sostiene la salud cerebral a largo plazo. Por eso, dormir poco es un hábito que afecta todas las áreas de la vida: desde la memoria hasta el estado emocional y la seguridad al manejar o tomar decisiones. La privación de sueño aumenta la probabilidad de microsueños y accidentes, altera el estado de ánimo, incrementa el apetito y la preferencia por alimentos poco saludables, reduce la atención y favorece errores en tareas cotidianas, eleva el riesgo cardiovascular, disminuye la capacidad de aprendizaje y debilita el sistema inmune. 

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Así puede mejorar la higiene del sueño

La evidencia científica publicada por instituciones como la World Sleep Society muestra que una buena noche de sueño protege el corazón, fortalece el sistema inmune, regula el metabolismo, mejora la salud mental y resulta esencial para la longevidad.

Pero más allá de la biología, también es una decisión cotidiana de amor propio, un acto de autocuidado que depende de hábitos simples y consistentes. Aquí algunas recomendaciones para mejorar su higiene del sueño:

1. Dormir entre siete y nueve horas es el ciclo reparador completo:
Este es el tiempo mínimo necesario para activar la restauración física, psíquica y glinfática. Menos de seis horas reduce estos procesos.
2. Dormir en oscuridad total:
La ausencia de luz permite estabilizar la melatonina, hormona clave del reloj biológico.
3. Mantener las pantallas fuera del cuarto:
Dejar el celular afuera es una forma de proteger la mente. Reduce la exposición a luz azul, permite desconectar y disminuye la ansiedad anticipatoria por notificaciones.
4. Cerrar el día con rutinas que lleven a la calma:
Respirar, estirarse suavemente, apagar luces, bajar el ritmo. Es una transición entre la sobreestimulación cotidiana y la fase de reparación cerebral.

El sueño es una de las funciones del cuerpo que combina todos los sistemas en simultáneo: el inmune, el cardiovascular, el emocional y el cognitivo. Cada noche es una oportunidad de salud que no se puede comprar, suplementar, acelerar ni reemplazar.

Como dice el neurólogo Leonardo Palacios, “dormir bien es una función vital. Cambia de persona a persona, pero menos de seis horas es malo para la salud, y más de lo recomendado también puede ser inconveniente. El equilibrio es la clave”.

En un mundo acelerado, donde el tiempo parece lo más escaso, dormir no es perder horas, es invertirlas en longevidad, claridad mental y bienestar. Cada noche, en silencio, el cerebro hace uno de los trabajos más importantes del día.

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Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.