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Camilo Russi

Camilo Russi: cómo encender la luz en la cueva del duelo

Hablar de la muerte sigue siendo uno de los mayores tabúes de nuestra cultura. La falta de herramientas para transitar el duelo nos deja vulnerables y desorientados justo cuando más apoyo necesitamos. Ese vacío marcó la vida de Camilo Russi, tanatólogo y creador de la Escuela de la Muerte, cuya misión es enseñar a vivir el duelo en paz y a entender la muerte como una experiencia de transformación.

Su primer duelo ocurrió a los ocho años, cuando su abuelo falleció de cáncer de páncreas, una realidad que su familia, en un intento por protegerlo, decidió ocultarle hasta el último momento. Camilo Russi no sabía cómo procesar la pérdida y eso dio lugar a lo que en tanatología se conoce como un duelo congelado: sin recursos internos ni externos, barrió el dolor debajo del tapete para poder sobrevivir. Fue veinte años después, en un proceso terapéutico, cuando ese hielo emocional se resquebrajó, permitiéndole sentir la pérdida como si acabara de ocurrir. Ese despertar le hizo comprender que el silencio no protege a los niños, sino que los carga con un peso invisible.

“Empecé a preguntarme, ¿Por qué no se enseña sobre la muerte?, ¿cómo así que nadie nos habla ni del duelo ni de cómo procesarlo?”, cuenta Camilo. “Me obsesioné con educarme al respecto”.  De esa búsqueda nació el Congreso Internacional de Cierre de Ciclos, realizado a inicios de la pandemia, al que se conectaron virtualmente más de 25.000 personas en todo el mundo. Para él, fue la confirmación de que necesitábamos hablar de la muerte con seriedad, sencillez y humanidad.

Su enfoque no busca romantizar la tragedia, sino iluminar el proceso del duelo: dejar de ver a la muerte como un verdugo que acecha al final del camino y empezar a entenderla como una maestra de vida. Una mirada que transforma el terror paralizante en una aceptación serena y consciente que, en última instancia, nos invita a vivir con mayor intensidad y presencia.

La muerte como transformación, no como final

Para Russi, la muerte debe entenderse desde un concepto fundamental: la transformación. En lugar de verla como un final estático, la propone como un proceso en el que dejamos de ser algo para convertirnos en otra cosa. Desde esta mirada, la muerte física es solo la manifestación más evidente de un fenómeno que atraviesa toda la vida. Existen también múltiples muertes simbólicas: el fin de una relación, la pérdida de una amistad, el cierre de una etapa profesional o incluso la disminución de ciertas capacidades físicas. Todas comparten una raíz común: la ruptura de una identidad previa.

Comprender la muerte como una transición natural y no como un enemigo permite que aparezca una maestra llamada muerte, una presencia que nos recuerda nuestra finitud y nos acompaña en el camino, empujándonos a habitar el presente y a valorar lo que existe mientras existe.

El duelo es, entonces, el proceso vital de adaptación a esa transformación. Camilo enfatiza que se trata de una herramienta necesaria, pues sin ella quedaríamos “desadaptados” frente a la nueva realidad. En su visión, el duelo no es algo que deba superarse, sino integrarse: aprender a vivir con la ausencia hasta que el recuerdo deje de activar dolor o respuestas de estrés y se convierta en una parte armónica de nuestra historia personal.

La Escuela de la Muerte: educar para atravesar el duelo

Antes de crear la Escuela de la Muerte, Camilo se dedicaba a capacitar empresas multinacionales en habilidades personales como la gestión del estrés, del tiempo, de los conflictos, así como en su tema favorito: la gestión de las emociones. Fue ese trabajo con el mundo emocional lo que lo llevó a comprender que lo más congruente que podemos hacer cuando surge una emoción es permitirnos sentirla, no reprimirla. Así lo relata él en su libro El duelo duele… y eso está bien. Cuando, veinte años después, Camilo descongeló el duelo por su abuelo, experimentó una ligereza de mente y corazón, “como si me hubiera quitado un peso gigante de encima”, dice.  

“Desde ese momento quise compartir ese sentimiento de ligereza con el mundo. Por eso volqué mi vida a aprender todo lo que debía saber —y que nunca me enseñaron— sobre el duelo, a entrevistar a los mejores expertos internacionales y a ofrecer a las personas en duelo el acompañamiento y la educación que a mí me hubiera gustado tener”, escribe Camilo en su libro.

Desde esa motivación la Escuela de la Muerte, un diplomado virtual de nueve meses al que han asistido estudiantes de 55 países. Allí, los participantes exploran cada aspecto del duelo y de la muerte mediante herramientas terapéuticas presentadas a través de juegos, misiones y retos, una metodología que permite acercarse a un concepto temido de forma amable. El programa también incluye módulos dedicados a enseñar cómo hablar de la muerte con niños, un tema que para Russi es fundamental: una comunicación honesta, cree, habría transformado por completo su propia experiencia en la infancia.

“Hoy en día la gente vive el duelo como si estuviera dentro de una cueva oscura. Entras a un lugar que no conoces, que da miedo, donde te caíste, estás adolorida y no ves nada”, explica Camilo. “Lo que hace la Escuela de la Muerte es encender luces dentro de esa cueva, para que puedas ver y abordar el duelo por lo que es, no por lo que te dijeron. Entonces te das cuenta de que el duelo no es para ser fuerte ni para superarlo. Además, te ofrece una comunidad de personas que están pasando por lo mismo y herramientas para explorar esa cueva”, concluye.

Cómo acompañar a alguien en duelo sin invalidar su dolor

Para Camilo, acompañar de manera efectiva a alguien en duelo implica renunciar al impulso de controlar y optar, en cambio, por estar presente. El error más común de quienes intentan ayudar es asumir que saben cómo debería sentirse la persona que atraviesa la pérdida. Intentar dirigir el duelo pidiéndole que deje de llorar o, por el contrario, presionándola para que exprese emociones cuando se sienta en calma es, según Russi, una forma de control que invalida la experiencia del otro.

Camilo compara el acompañamiento con el rol de copiloto. En este viaje emocional, es el doliente quien lleva el timón y decide la ruta; el acompañante no debe arrebatarle el volante, sino limitarse a señalar los baches, advertir sobre la lluvia o preparar al conductor para un giro inesperado. 

Desde esta mirada, la herramienta más poderosa de una red de apoyo es la validación emocional. Russi invita a aceptar cualquier estado emocional de quien atraviesa el duelo, ya sea tristeza, rabia, alivio o incluso felicidad. “De ese modo, ya no tienes que vivir la tristeza en aislamiento creyendo que es un error, sino que yo te digo: estoy acá contigo para que sientas lo que sea que estés sintiendo”. Esta actitud permite que la persona transite su proceso con mayor libertad, sabiendo que no será juzgada por su ritmo ni por su forma de sentir.

El acompañamiento también debe traducirse en acciones concretas. El duelo consume una enorme cantidad de energía y afecta la claridad mental, por lo que los apoyos prácticos resultan especialmente valiosos. Gestos como cocinar por el otro, cuidar a los niños o ayudar con trámites alivian la carga cotidiana y crean el espacio necesario para el proceso interno. A esto se suman recomendaciones como realizar actividad física suave, procurar una alimentación saludable en lo posible y mantener el contacto con la naturaleza, factores que ayudan a mitigar el impacto del estrés que el duelo impone sobre el organismo.

Hacer las paces con la muerte para vivir mejor

En su libro El duelo duele y eso está bien, Camilo desarrolla la idea que atraviesa toda su propuesta: el dolor del duelo no es un error, sino una parte natural del proceso de sanación. No es algo que deba ocultarse ni superarse con rapidez, sino un proceso que necesita espacio, palabras, y tiempo. La obra funciona como una guía accesible para quienes atraviesan pérdidas, físicas o simbólicas, y también para quienes desean acompañar mejor a alguien en ese tránsito. A través del desmontaje de mitos, respuestas a preguntas comunes y herramientas prácticas, el libro invita a dejar de luchar contra el duelo y comenzar a escucharlo. 

Camilo propone que, ante el duelo, lo mejor que podemos hacer es aprender a vivirlo en paz, sostenidos por creencias que nos brinden tranquilidad. La paz, explica, no es la ausencia de conflictos sino la capacidad de abordarlo de manera consciente y aceptar lo inevitable. Asumir las pérdidas y la muerte abre la puerta a una comprensión profunda: tú, yo y todo lo que existe es finito. Lejos de ser una idea paralizante, este reconocimiento funciona como un impulso para aprovechar la vida.

“Hacer las paces con la muerte nos deja varios regalos. Los estoicos decían: ‘Recuerda la muerte, aprovecha la vida’. El duelo no es un castigo, sino un proceso para sanar las heridas que nos deja la vida. Afortunadamente, todos podemos desarrollar la habilidad de duelar en paz”, concluye Russi.