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paralisis del sueño

Se me subió el muerto: la ciencia y el mito de la parálisis del sueño

Ilustración
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Un cuerpo inmovilizado, la sensación de opresión en el pecho y la percepción de una presencia en la habitación son los síntomas característicos de la parálisis del sueño. Aunque durante siglos este fenómeno se explicó a través de mitos, la medicina demuestra que se trata de una descoordinación temporal en los ritmos del descanso. Explicamos qué ocurre realmente en el cerebro y el cuerpo cuando “se sube el muerto”.

Abro los ojos en la oscuridad, dejo que mis pupilas se acostumbren a la falta de luz y entonces lo descubro: no puedo moverme. Primero siento una presión en las piernas, un hormigueo que quisiera dejar de sentir. A veces se extiende por todo el cuerpo, como si las olas del mar treparan sobre mí. Aparecen siluetas en mi cuarto. Hay noches con susurros y otras con silencios absolutos en las que solo escucho mis pensamientos. Después entra el pánico de no poder mover ni un dedo. Trato de gritar y el grito se queda adentro. Unos minutos más tarde vuelvo en mí, me incorporo y miro a mi alrededor. Todo está en su sitio, como siempre ha estado.

Es un episodio de parálisis del sueño. Lo he vivido muchas veces, y aunque se sienta como el fin del mundo, es mejor empezar por lo que de verdad importa: no está pasando nada malo en el cuerpo. Mi primer episodio fue hace unos 10 años en la casa de mi tía abuela. Una construcción con más de 150 años, piso de madera que sonaba con cada paso y un sinfín de historias de fantasmas y duendes, lo que alimentó el misticismo de este suceso.

Un corto circuito de horarios

La parálisis del sueño no es una enfermedad ni una visita sobrenatural: es un desajuste en los tiempos de sueño. El neumólogo Eduardo La Rotta, adscrito a Colsanitas, explica que durante la fase REM (en la cual soñamos) el cerebro desconecta los músculos. Esta parálisis temporal, llamada atonía, existe para protegernos, para que no salgamos corriendo, ni podamos movernos bruscamente en nuestros sueños. El problema aparece cuando los relojes internos se descoordinan y la conciencia se despierta antes que esta parálisis se apague. Dura segundos o incluso un par de minutos, pero siempre tiene un fin, aunque se sienta eterno.

Hay un detalle que puede volver todo más angustiante. “A nivel respiratorio, esto involucra los músculos accesorios, más no el diafragma, percibiendo esto como una respiración irregular que no se puede controlar, lo que directamente se relaciona con síntomas como la angustia y la opresión en el pecho. Pero en realidad, no genera un problema patológico, afirma el doctor La Rotta. Es nuestra propia mecánica del sueño funcionando.

Tampoco es una señal de que algo está mal contigo. La doctora Marcela Tovar, neuróloga especializada en medicina del sueño adscrita a Colsanitas afirma, “1 de cada 5 personas puede presentar al menos un episodio de parálisis del sueño en la vida. Sin embargo, no es frecuente en las consultas que éste sea un motivo por el que los pacientes asisten, ya que los episodios son muy ocasionales o ciertas creencias populares evitan que los pacientes consulten”.

¿Por qué a unos sí y a otros no?

El episodio de parálisis aparece cuando el sueño es irregular y deficiente. Las noches en vela y el no tener un horario fijo de descanso, como les pasa a los estudiantes en época de parciales, al trabajador con turnos largos o al viajero con jetlag, son terreno fértil para su desarrollo. Y como casi todo en nuestro cuerpo, hay quienes somos más propensos a tenerlo por herencia. De igual manera, el dormir boca arriba es un causante común de la parálisis, ya que se puede generar una leve apnea del sueño, favoreciendo la aparición de estos episodios. La buena noticia es que casi todos estos factores se pueden corregir, y en la mayoría de los casos, no hay nada detrás. Es el precio ocasional que tenemos que pagar por una mala higiene del sueño.

La parálisis del sueño no es una enfermedad ni una visita sobrenatural: es un desajuste en los tiempos de sueño

El intruso que fabrica la mente

La presencia que vemos y sentimos dentro de la habitación durante un episodio de parálisis tiene explicación. Cuando la conciencia se enciende dentro del sueño, arrastra retazos del mundo imaginario hasta la vigilia. Son alucinaciones hipnagógicas (experiencias sensoriales vividas, visuales, auditivas o táctiles) que se proyectan en la habitación. A eso hay que sumarle el miedo. El cuerpo paralizado entra en alerta, el sistema nervioso grita peligro y el cerebro, desesperado por no entender esta inmovilidad, decide armar una historia. La historia más antigua del ser humano es la del depredador en la oscuridad. Por esta razón, la presencia que aparece no es amable.

La curiosidad me ganó y descubrí que no era el único que le ponía un rostro al miedo. Miles cuentan su parálisis y describen un intruso similar: una silueta alta, delgada, a veces con un sombrero de ala ancha, sin haberse puesto de acuerdo para contar la historia. Incluso, en 2015, el documental The Nightmare, se dedicó a recoger estos testimonios. Saber que esta figura la han visto otros no la vuelve menos real, pero sí menos individual. Lo que es un alivio para muchos.

La otra mitad de la historia

Mucho antes que existieran los laboratorios de sueño, la humanidad ya conocía estas experiencias y las explicó con demonios y espantos. Casi todas las culturas tienen una criatura que se sienta sobre aquél que duerme. En la Europa medieval fue el íncubo, un demonio que se posaba sobre el pecho de la víctima; incubare, en latín, significa “acostarse encima”. Los pueblos germánicos hablaban de la mara, un ser que en la noche se montaba en el durmiente para asfixiarlo, y de ahí viene la palabra nightmare, en inglés. 

En Japón lo llaman kanashibari, aquél “amarrado con metal”. En el folclore canadiense existe la Old Hag, una vieja bruja que se trepa en tu cama y presiona tu cuerpo contra el colchón. Incluso, la palabra pesadilla guarda esta etimología, proviene de la sensación física de peso o presión sobre el cuerpo al dormir. En Colombia y América Latina, la conocemos como el muerto, y cuenta como un difunto o una bruja se sube encima de tu torso en la noche para robarte el aliento. 

También hay lecturas espirituales, como aquellos que ven la parálisis como la puerta a un desdoblamiento o un viaje astral en el que el alma despierta antes que el cuerpo. Siempre cambian los nombres, rostros y las curas. Las abuelas recetaban dormir con unas tijeras abiertas bajo la almohada y rezar antes que el espanto alcance la cama.

Pero la escena de un cuerpo que no obedece, un peso en el pecho y una presencia que te vigila es siempre la misma. Que comunidades que jamás se conocieran, describan la misma figura es algo diciente. No estaban inventando, estaban interpretando con sus creencias a aquellas criaturas sombrías que la mente proyectaba pero que tenían una explicación científica.

1 de 5 cinco personas puede presentar al menos un episodio de parálisis del sueño en la vida

¿Qué hacer cuando llega?   

“A algunas personas les ayuda practicar técnicas de relajación, respiración o concentración, como intentar mover un dedo, los ojos o los labios, en lugar de intentar mover todo el cuerpo a la vez durante esos episodios. Finalmente, lo que se busca con estas estrategias es luchar contra la sensación de no poderse mover y la angustia, ya que esto suele hacer que el episodio se perciba más intenso y más prolongado de lo que en verdad es.” Afirma la Doctora Tovar.

Para evitarlo, las recomendaciones son claras y quitan el misticismo a este fenómeno: tener una buena higiene del sueño, mantener horarios constantes, desconectarse de las pantallas antes de dormir, y si la ansiedad es la que manda en tu cabeza, atender este problema de raíz. “Si los episodios son muy frecuentes o vienen con otros síntomas como la narcolepsia (somnolencia diurna extrema y ataques de sueño repentinos e incontrolables), y la cataplexia (pérdida repentina y temporal del tono muscular), es importante consultar a un especialista para realizarse los estudios del sueño”, afirma el Doctor La Rotta.

Donde la ciencia se da la mano con el mito

Saber todo esto no elimina el miedo frente a este episodio, pero le cambia la percepción. Lo que durante siglos fue un misterio (una bruja, un castigo, un muerto con cuentas pendientes, etc.) hoy cabe en una frase tranquila: el cuerpo tardó un momento más en despertar. Con los años he perdido el miedo. Ahora cuando llega, intento respirar, quedarme quieto, entenderlo mientras ocurre y hasta sueño con darle la vuelta algún día, convirtiendo esos minutos en algo mío.

Sin embargo, el muerto sigue ahí: en las sombras, en los objetos que tomaron forma y en las tijeras y los rezos de la abuela. Quizá por eso la parálisis del sueño nos pertenece. Es un punto donde la medicina se encuentra con la leyenda, y donde la explicación más clara convive con el escalofrío más antiguo. La ciencia dice que no hay nadie en el cuarto. La mente por un segundo insiste que sí. Y entre estas dos certezas, seguimos siempre durmiendo con un ojo abierto.

La ciencia dice que no hay nadie en el cuarto. La mente por un segundo insiste en que sí.