Más allá de los goles y los títulos, los Mundiales han dejado historias tan sorprendentes como inolvidables. Desde campeones detenidos y uniformes improvisados hasta futbolistas que perdieron la memoria o quedaron encerrados en un parque, estas anécdotas muestran el lado más humano, curioso y extraordinario del torneo que paraliza al mundo.
Un campeón del mundo que no recuerda haber jugado la final, un astro brasileño encerrado en un parque, un arquero español que se perdió la Copa del Mundo por una loción… anécdotas cortas para sintonizarse con el evento deportivo que paraliza al mundo.

El dueño del balón
En la final del primer Mundial en 1930, tanto Uruguay como Argentina querían jugar con su propio balón, manufacturado en su país. En una decisión salomónica, el árbitro John Langenus optó porque cada tiempo se jugaría con una pelota. En el primer tiempo y con el balón argentino, los albicelestes se impusieron 2-1; mientras que en el segundo y ya con la pelota charrúa, los uruguayos ganaron 4-2, con lo que obtuvieron el título de la primera Copa del Mundo.

Rudo y salvaje
Las travesías que algunas selecciones afrontaron para llegar a las primeras ediciones de la Copa del Mundo son dignas de película. Para llegar al Mundial de Suiza 1954, por ejemplo, la selección de Corea del Sur tuvo que viajar en avión por más de 55 horas —en dos grupos— con escalas en Tokio, Saigón, Calcuta, Karachi, Bagdad, Damasco y Roma.
La nómina del “equipo misterio” —como bautizaron en ese entonces a Corea— estuvo completa en Zúrich un día antes de su partido inaugural. La paliza del viaje y la inexperiencia futbolera de los asiáticos les pasó factura: perdieron 9-0 contra Hungría y 7-0 contra Turquía. Un largo y aburrido regreso a casa.

El campeón detenido
En su preparación para el Mundial de México 70, la selección de Inglaterra pasó por Bogotá y Quito para adaptarse a la altura. En su estadía en la capital colombiana, Bobby Moore —capitán inglés y quien alzó el trofeo Jules Rimet cuatro años atrás en Inglaterra 66— fue acusado de robarse una pulsera con esmeraldas de una joyería en el vestíbulo del Hotel Tequendama, avaluada en 1300 dólares.
Moore negó su culpabilidad, pero no pudo evitar su detención en prisión domiciliaria, en la casa del entonces presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Alfonso Senior. La situación escaló y llegó a tomar ribetes políticos, por lo que al final, Moore fue liberado y pudo defender con Inglaterra el título de la Copa del Mundo. Nunca hubo claridad si el inglés se robó la pulsera, encubrió a alguno de sus compañeros o fue una falsa acusación.

El meme del Hombre Araña
Así suene a trabalenguas, Alemania enfrentó a Alemania en el Mundial de Alemania Occidental 74. Resulta que en plena Guerra Fría la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) se enfrentaron en fase de grupos: algo que nunca había pasado tras la división del país y que, por supuesto, tampoco se repetiría tras su unificación.
El responsable de este duelo —que despertó el morbo mundial— fue Detlev Lange, un niño de 11 años, quien se encargó de sacar las balotas en el sorteo para esa Copa del Mundo. El resultado fue sorpresivo: RDA, la del bloque comunista, venció a la selección local por 1-0. Finalmente, la RFA ganó el Mundial, lo que amainó la “vergüenza” de haber perdido con su vecino.

El partido de la vergüenza
Parece obvio que los partidos que definen a los clasificados en fase de grupos se jueguen a la misma hora, pero no siempre fue así. Esta sana costumbre se implementó tras el partido que jugaron Alemania y Austria en España 82 y que es conocido como “La desgracia de Gijón”.
Tras el resultado del día anterior entre Argelia y Chile (que compartían grupo con Alemania y Austria), los alemanes sabían que necesitaban ganar para avanzar de ronda, mientras que los austriacos podían perder hasta por tres goles para continuar en el torneo.
Alemania anotó un gol a los 10 minutos y desde ahí el partido fue un amaño evidente, tanto así que en las tribunas los hinchas exhibían billetes y coreaban “que se besen, que se besen”, entre otras arengas. A su vez, el comentarista de la transmisión alemana del Mundial protestó haciendo silencio durante varios minutos, mientras que el de la señal austriaca pidió apagar el televisor.
Todos se dieron cuenta de que el partido estaba arreglado. Vergüenza mundial y lección aprendida: de ahora en adelante los partidos del mismo grupo que definían a los clasificados se jugarían a la misma hora, para evitar arreglos y suspicacias.

Se buscan “playeras”
Justo antes de que Argentina enfrentara a Inglaterra en México 86, el técnico Carlos Bilardo pidió a su utilero que la camiseta del segundo uniforme fuera de una tela más ligera. Esta orden desató una búsqueda por toda Ciudad de México de “playeras”, pues las que llevaron no satisfacían a un enfermo de las cábalas como lo es el entrenador.
La incesante búsqueda concluyó con dos opciones que presentaron a Bilardo, a quien no le terminaba de cerrar ninguna. Para fortuna del utilero, Maradona apareció de la nada y dijo que la opción más brillante estaba hermosa, lo que sentenció la disputa. De inmediato, un grupo de mujeres se dieron a la tarea de coser el escudo de Argentina y los números (que eran de uniformes de fútbol americano) en una de las camisetas más icónicas de los Mundiales.

Cante aunque no cante
Una singular tendencia estuvo muy de moda en los Mundiales (sobre todo en el 86 y el 90) y era que los futbolistas grabaran canciones justo antes de viajar a la Copa del Mundo.
Así lo hicieron selecciones tan “serias” como Alemania, que se lanzó al estrellato musical con el tema “México mi amor” para la Copa del 86; o Inglaterra, cuya nómina interpretó “World in Motion” (tiene un rap insólito de John Barnes) en colaboración con la banda New Order.

Atrapado en un parque
Romario, delantero brasileño, siempre fue un reconocido amante de la fiesta y las mujeres. En plena concentración del Mundial USA 94, el astro se escapó del hotel donde estaba su selección para verse en un parque con unas admiradoras.
Mientras Romario coqueteaba, el tiempo pasó y cuando quiso salir se dio cuenta de que habían cerrado el parque y estaba encerrado. La única solución que encontró fue tirarle una piedra a la ventana de una patrulla de policía. “Por fortuna el policía me reconoció y me dejó regresar sin ningún problema”, recuerda aliviado “O Baixinho” en su serie documental.

La loción de la lesión
El español Santiago Cañizares, arquero indiscutido para el Mundial de Corea y Japón 2002, se perdió la cita más importante de su vida como deportista, porque días antes del inicio del torneo —en la concentración de su selección— se cortó después de que un frasco de loción cayera sobre su pie.
“Al salir de la ducha, en el lavabo, se me cayó el frasco de colonia sobre el pie y me seccionó el tendón extensor del primer dedo del pie derecho. El bote estalló por completo. Estaba perdido de sangre”, recordó años después el portero en una entrevista con la revista GQ.
Cañizares fue convocado a otras tres Copas del Mundo (94, 98 y 06), pero no llegó a jugar un solo minuto, aunque, dicen, siempre olió bien en el banco de suplentes.

Una mente sin recuerdos
En el primer tiempo de la final del Mundial Brasil 2014 entre Argentina y Alemania, el volante alemán Christoph Kramer sufrió un fuerte choque con Ezequiel Garay que le produjo una contusión cerebral.
El alemán salió grogui del campo al minuto 32, pero su desorientación fue más allá del cierre del partido, cuando le preguntó al árbitro italiano Rizzoli si acababan de jugar la final del torneo. El juez pensó que era una broma y pidió a Kramer que le repitiera la pregunta, cosa que el alemán hizo con total seriedad.
La película de ese partido se borró por completo de la mente de Kramer, incluso los médicos le confirmaron que esos recuerdos de la final que ganó Alemania nunca volverían. Un título que un país entero no olvidará y que él, desafortunadamente, nunca podrá recordar, a pesar de haber sido protagonista.



Dejar un comentario