La generosidad: un arma emocional en tiempos de crisis

Por: / Mayo 2020

La bondad y la compasión son cualidades que pueden aflorar en momentos de vulnerabilidad. Sentir la fragilidad de la vida puede conectarnos, al fin, con las necesidades de los otros. Lo importante, si ya despertó ese sentimiento, es no dejarlo morir y tenerlo activo de aquí en adelante.

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¿Cuál es el primer signo de civilización de una cultura?”, le preguntó un estudiante a la fallecida antropóloga estadounidense Margaret Mead. Ella le respondió: “El primer signo de civilización en una cultura es un fémur que se rompe y luego sana”.

La antropóloga explicó que “en el reino animal si te rompes una pierna, mueres. No puedes huir del peligro, ir al río a tomar algo o buscar comida. Eres la comida de bestias que merodean. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane. Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que se cayó, ha vendado la herida, lo ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Ayudar a alguien, más en las dificultades, es el punto donde comienza la civilización”, concluyó Margaret Mead.

Hoy somos una civilización en crisis. La pandemia nos ha hecho evidente una desigualdad social y económica que siempre ha estado ahí: 47% de la población colombiana que vive del trabajo informal. Todos los días hemos pasado junto al vendedor de tintos, de aguacates, de dulces, que viven de lo que venden cada día. Han sido vulnerables todo el tiempo. Antes de que apareciera el coronavirus podían padecer cualquier otra enfermedad que les impidiera salir a las calles a vender sus productos. Pero hoy nos topando de frente con estas realidades, porque estamos todos en la misma situación pero en diferentes escenarios. GenerosidadCUERPOTEXTO

“En las personas solidarias esta crisis genera dos cosas: primero, visibiliza realidades que han estado ocultas o que hemos estado negando. La pandemia nos pone en primera página la realidad de siempre. Segundo, nos activa una necesidad de ser bondadosos porque en este contexto y bajo estas circunstancias nos inquieta más la situación del otro”, explica María Alejandra Pérez, una de las fundadoras de La vaca solidaria de Medellín, quien junto a Juan David Cuevas y Camilo Durango empezaron a entregar mercados a la población vulnerable de Medellín al inicio de la cuarentena, juntando dinero con amigos y conocidos. La cantidad de personas que donaron a su causa fue más de la esperada y por eso hoy han podido repartir más de 761 mercados. Uno de los muchos ejemplos de solidaridad que han surgido en este tiempo.

No hay un censo consolidado de cuántos colombianos han sacado dinero de sus bolsillos para apoyar a otras personas que están pasando alguna dificultad, o a los animales, o a las ONG, pero sí hay una certeza: en momentos de crisis como el que estamos viviendo, la solidaridad, inherente al ser humano, aflora con fuerza, como lo explica Constanza González Giraldo, directora del programa comunitario de la Fundación Keralty.

“La bondad es innata al ser humano y se puede cultivar o atrofiar. El sistema en el que estamos y la sociedad hace que esa cualidad con la que nacemos no siempre pueda florecer porque nos entrenan para ser competitivos, para sobresalir, pero incluso si está muy diezmada puede renacer, sobre todo en momentos de crisis. Las personas más bondadosas son las más agradecidas”, afirma González.

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"La bondad es innata al ser humano y se puede cultivar o atrofiar".

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Son varios motivos los que detonan la solidaridad en una persona, explica la experta. El primero es la conciencia. Conectarse con las necesidades del otro sin haber experimentado una crisis o un suceso traumático, sensibilizarse simplemente porque hacemos parte de una misma sociedad. Otro motivo puede ser el dolor, porque los momentos difíciles son altamente transformadores. Y, finalmente, una situación crítica, como esta pandemia, puede hacernos más compasivos porque nos sentimos vulnerables y frágiles, entonces generamos conciencia. La vulnerabilidad nos abre los ojos, nos despierta. Lo más importante es que estas acciones tengan una continuidad en el tiempo, que trasciendan la crisis y que la solidaridad no se nos convierta en una respuesta al miedo o en un acto simbólico que nos deja solo la satisfacción de haber ayudado, sino que sea una respuesta permanente a nuestra naturaleza como seres vivos, conectados en una sola sociedad; un círculo en el que el bienestar del otro es también mi responsabilidad.

Conectarse con la solidaridad, buscar alguna de las organizaciones o activistas que están donando mercados, dinero o ropa a los más necesitados, es un primer paso para explorar el bienestar que genera en nosotros ayudar a los demás.

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