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Bienestar Colsanitas

¿Cobrar por cuidar a los nietos?

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 Dos noticias similares, una en Australia y otra en Estados Unidos, pusieron sobre el tapete el tema: ¿son los abuelos los indicados para cuidar a los nietos? ¿Cómo se establecen los límites? Y, más allá de ello, ¿se debe reconocer un pago por esa labor?

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a pregunta que le da título a esta nota llegó a la conversación de muchas familias en el mundo a raíz de dos casos noticiosos a finales del año 2020. Por un lado, una abuela australiana anónima quien, a través de su cuenta en Twitter, viralizó el tema con su pregunta: “¿Soy una mala persona si me niego a cuidar a mi nieto sin que me paguen?”.

La siguió el escándalo que se ventiló en Estados Unidos en diciembre, cuando la suegra del famoso basquetbolista Kobe Bryant, quien falleció en enero de 2020 en un accidente, demandó a su propia hija y le exigió años de salario por trabajar cuidando a sus nietas. 

Como se sabe, Kobe Bryant murió cuando su helicóptero, en el que iba también su hija Gianna, se estrelló en el barrio Calabasas, en Los Ángeles. Desde entonces la pelea entre Vanessa Bryant, esposa del jugador, y su madre, Sofía Urbieta, se centra en la promesa que supuestamente le hizo el jugador a su suegra, en el sentido de cuidarla el resto de su vida. “Ahora quiere cobrarme 96 dólares la hora por haber trabajado supuestamente 12 horas al día durante 18 años cuidando a sus nietos. En realidad, de manera ocasional cuidó de mis hijas mayores cuando eran niñas”, dijo Vanessa a los medios estadounidenses en una de las tantas declaraciones que suscitó el caso.

Ahora bien, aunque la historia de la abuela australiana sea viral o la noticia de la familia Bryant tenga tintes novelescos, lo cierto es que el tema plantea la necesidad de establecer claramente el papel de los abuelos en la actualidad, pues ya sea por razones sociales, económicas o por las mismas dinámicas familiares, a veces son ellos, los llamados “abuelastros”, quienes asumen el papel de cuidadores.

Como explica el doctor Héctor Cárdenas, geriatra de Colsanitas, “por lo general a los abuelos todavía les gusta cuidar a sus nietos, son pocos los casos en que no les gusta; sin embargo, es claro que no es una obligación, es un apoyo, y como tal debe verse. El tema de la remuneración se debe analizar en cada caso. Hay personas que lo hacen porque quieren y está bien, pues es un intercambio generacional que le da una inyección de vida a los abuelos, y, por su parte, es una lección de experiencia para el nieto. La clave está en conocer cada caso, el cuidado y las limitaciones de un adulto mayor, si las hay, y establecer reglas”. 

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* Ilustraciones por John Varón. Instagram: @John.varon.art
 

¿Cuándo, cómo y por cuanto?

No hay una regla, un manual o una definición de la función de la relación abuelo/nieto. Cada familia establece su propia dinámica. Sin embargo, los estudios y las estadísticas demuestran que, cada vez más, habrá personas mayores en la sociedad, y que su papel es distinto al que ejercieron las generaciones pasadas. 

Para empezar, un estudio realizado en 2018 por la Universidad de la Sabana, en compañía de la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría, sobre la edad adulta y las tasas poblacionales en Colombia, encontró que hacia el 2020 habría dos adultos mayores por cada adolescente, lo que indicaba que este segmento se elevaría sustancialmente y estaría mucho más presente en la sociedad. 

Si este dato se complementa con la Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento SABE Colombia, también de 2018, se puede comprobar que el número de personas mayores de 60 años en el mundo aumentará de 900 a 2.000 millones entre 2015 y 2050. Esto es, un incremento del 12 al 22 % respecto de la población mundial. 

Según la misma encuesta, Colombia, igual que los demás países de Latinoamérica, está en un proceso de transición demográfica avanzada según se evidencia en las proyecciones demográficas, y se espera un incremento continuado en este grupo de la población. Los mayores de 60 años representan actualmente casi el 11 % de la población colombiana —unas 5,2 millones de personas—, y se prevé que aumente al 23 %, es decir, unas 14,1 millones en 2050, con un mayor porcentaje de mujeres. Adicionalmente, en 1995 el índice de envejecimiento del país estaba en 13,7 mayores de 65 años por cada 100 personas entre 0 y 14 años, y para el 2050 aumentará a 42 mayores de 65 años por cada 100 personas entre 0 y 14 años.

Esto, en otras palabras, significa que cada vez habrá más adultos mayores en una sociedad donde padre y madre trabajan y requieren de apoyo para el cuidado de sus hijos. 

Por ende, el rol de los mayores de la tribu es y será otro. Así lo demuestra una investigación denominada “El rol de agentes educativos en los abuelos del siglo XXI: transmisión de valores y principales factores que influyen en el grado de relación mantenida con sus nietos”, de Antonio Luis Martínez Martínez, profesor de la Universidad de Murcia (España).

De acuerdo con los hallazgos del estudio, “las múltiples transformaciones acontecidas en la sociedad en los últimos años, ha repercutido de manera más que evidente en los sistemas familiares, generando un cambio sustancial en el desempeño de los roles y funciones de todos sus miembros, especialmente de los abuelos y abuelas, que han pasado de un segundo plano a ostentar una relevancia más que notoria en las dinámicas familiares, mostrándose mucho más activos que antaño. Hecho que se traduce en que actualmente un volumen considerable de estos mayores ejercen asiduamente o casi de manera diaria el cuidado de sus nietos, y, por ende, influyendo también directamente en el proceso educativo de los menores, siendo partícipes en la transmisión de valores, actuando a modo de progenitores secundarios”. 

Así pues, las noticias, las estadísticas y la vida cotidiana de una sociedad con más abuelos plantea los interrogantes: ¿Cuándo y cómo se puede ejercer la función de cuidar a los nietos? ¿Es preciso establecer una contraprestación económica con los abuelos por ese papel de cuidadores?

Para el doctor Cárdenas, “hay que ver la tarea de los abuelos como un apoyo, la decisión de esa remuneración debe analizarse tomando como base las circunstancias del núcleo familiar, cómo está conformado y qué papel cumple el abuelo o abuela en ese entorno. Es claro, dice el geriatra de Colsanitas, que el cuidador debe tener un reconocimiento, bien sea social, emocional o monetario. 

Se refiere a la necesidad de reconocer que no es una obligación, es un apoyo. Pero también habla de la importancia de saber cuáles son las circunstancias del abuelo, es decir, qué edad tiene, cuáles son sus limitaciones físicas (si las hay), pues una de las normas es entender qué puede y qué no puede hacer según tenga o no problemas de movilidad. “El paradigma del anciano se debe romper”, dice el doctor Cárdenas, “es decir, la edad del abuelo no es necesariamente la de una persona muy mayor. Sin embargo, hay que tener en cuenta sus circunstancias, si es un paciente con enfermedades crónicas, si sus movimientos son más lentos, por ejemplo”. 

Eso determinará horarios, cantidad de tiempo y responsabilidades. La suma o remuneración, como dice Cárdenas, dependerá más de las circunstancias del núcleo familiar, pues una cosa es la situación del abuelo o abuela pensionados, y otra la de la persona que necesita seguir produciendo económicamente. 

Esto lo ratifica un estudio del Colegio Oficial de Psicología de Madrid. “Los abuelos son un grupo heterogéneo cuyas actitudes y roles están condicionados por numerosas variables: edad, clase social, cultura, calidad de las relaciones con los otros miembros de la familia, la proximidad de su lugar de residencia en relación con la de sus nietos, etc. Su rol de abuelos y cómo perciben su abuelidad suele girar en torno a su capacidad de ayudar a los nietos, y al significado de renovación biológica de la familia”.

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Por amor o por obligación 

Por ejemplo, María Elena Vélez, la orgullosa abuela de Salvador, que tiene dos años, es una mujer joven (54 años), profesional, activa y trabajadora. Por eso para ella cuidar del pequeño es una aventura ocasional que hace con toda la generosidad, pero no lo contempla como una opción de vida. Cree que, en los casos en donde se convierte en una responsabilidad, sí debería tener una remuneración económica. Le parece que es adecuado y que, aunque no es su caso, sería racional. Eso sí, considera que su papel de abuela es de doble vía, “Salvador me nutre, me enseña y yo comparto mis horas de juego y actividades con él dándole mi experiencia y mi infinito amor”. Es una ganancia para su vida de mujer activa, pero considera que sus momentos con Salvador deben estar mediados por los acuerdos claros con su hijo y su nuera sobre las reglas que ellos establecen para el niño, bajo la premisa de respetar sus indicaciones. 

El Colegio Oficial de Psicología de Madrid analiza el caso contrario, donde se dan relaciones de cuidado permanente y los abuelos (uno o los dos) asumen la responsabilidad de cuidar a sus nietos, con un horario y tareas específicas. Debido a la evidente proliferación de las denominadas familias ensambladas, consecuencia de las nuevas formaciones de pareja y el elevado índice de rupturas conyugales, surge una nueva figura: los abuelastros.

La investigación concluye que el problema está en los límites difusos de esta actuación, donde no se aclara cuáles son las responsabilidades del abuelo, su papel como cuidador o agente educador y el volumen de sus actividades, pues, por joven que sea, hay que tener en cuenta su estado de salud y su condición física. 

Para esta y otras investigaciones que ya se han hecho sobre un tema que cada vez toma más relevancia, bien sea porque es una realidad o porque las noticias ponen el tema en la vida familiar, es claro que la figura de los abuelos en el proceso de crianza de sus nietos es distinta en la actualidad a como lo fue hace apenas veinte o treinta años. Los datos de estudios demuestran que los abuelos otorgan experiencia y apoyo emocional que son vitales para los niños, y que éstos son dinamizadores en la vida de los adultos mayores. Pero esa relación tiene que basarse en acuerdos: normas, horarios, alimentación y, en muchos casos, reconocimiento económico, porque si se dedican unas horas al día, durante varios días a la semana, representa una responsabilidad e implica un papel más significativo en la crianza.

 

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