Soy amiga de mi ex

Por: / Ilustración: Julia Tovar / Mayo 2022

El amor mutó después de separarnos, hacer las paces y hasta burlarnos de la situación. A pesar de los mensajes de esta sociedad, doy fe de que cada una define cómo se relaciona con un ex.

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Volver a hacer contacto con un ex está demonizado. Durante la cuarentena, por las redes sociales rondaban los memes con la terrorífica posibilidad de recaer con algún ex por el aislamiento. También leí publicaciones que aseguraban que “ser amig@ de tus exs puede ser un signo de psicopatía”. Parece que establecer este vínculo no está bien visto y suele interpretarse como un retroceso en nuestra sociedad.

Pero se escapa un detalle obvio, y es que todos somos ex de alguien. Además, hay que reconocer que estamos en una época de extremos y polaridades en cualquier tema. Por eso veo necesario dar cabida a posturas más neutras. ¿Acaso la vida no está llena de excepciones que nos obligan a replantear la opinión general en ciertas cosas? Hablaré entonces desde mi propio caso y no voy a referirme a cualquier ex.

Aunque creo que todas las relaciones sentimentales tienen el potencial de ser trascendentales en nuestras vidas y hasta un romance de una noche puede recordarse para siempre, me parece que los ex esposos se ganan un lugar especial. Por sencillas razones: el significado cultural que se le da al matrimonio, las proyecciones a futuro que se construyen de a dos, proyectos y propiedades compartidas, etc.

En mi caso, hay dos lazos muy fuertes que aún influyen en nuestro vínculo. El primero es que nos tocó volvernos adultos en equipo. Fuimos novios desde los 25 y salimos divorciados casi a los cuarenta. Comenzamos como niños, adultos jóvenes y mimados que gozaban de la seguridad del nido familiar. La decisión de casarnos fue un catalizador que aceleró el proceso de independizarnos y también de migrar a Colombia.

Cuando nos conocimos, ambos continuábamos en una adolescencia prolongada. En cierto modo, siento que somos como esos amigos que uno hace en las etapas más tempranas del colegio (preescolar o primaria). Uno no sabe exactamente cómo se hizo el “match” o el “click” de la complicidad, pero ésta dura para siempre. 

Se vuelve como un hermano que uno conoce demasiado bien y la familiaridad es tan fuerte que los defectos y diferencias entre los dos quedan en un segundo plano, porque la confianza que se construyó desde un principio es muy pura y tiene un valor especial. 

Y acá va el segundo lazo. Ambos continuamos hasta hoy viviendo en Bogotá, donde nos establecimos, y seguimos siendo parte de la misma diáspora. Compartimos la misma idiosincrasia y los recuerdos de Caracas, nuestra ciudad de origen. Los amigos que dejamos allá ya no están, ahora viven desperdigados por el mundo. Pero hablar de ellos es regresar a ese lugar en común que ahora solo forma parte de una imaginación compartida.

Existió una afinidad real y compleja que funcionó por años y fue mágica desde el primer momento. Quizá son conexiones que solo suceden cuando estás en los 20. 

Atravesamos todo lo que significa la decadencia de un matrimonio. Y nos separamos. En ese momento, alguien me enseñó un dicho muy sabio: “No conoces realmente bien a tu pareja hasta que se divorcian”. Debo decir que nos portamos a la altura de las circunstancias. Y fuimos mucho más decentes al separarnos que muchas veces cuando estábamos casados.

El spoiler es que después de 4 años de divorcio conversamos cordialmente. Creo que intuitivamente cada quien identificó que era buen momento para reconectar y que no sería un peligro, algo desagradable o masoquista.

AmigaEx CUERPOTEXTO

“Parece que establecer este vínculo no está bien visto y suele interpretarse como un retroceso en nuestra sociedad”.

Seguimos compartiendo el sentido del humor. Y aunque llegué a odiar su sarcasmo, cuando llegaron los papeles de divorcio en víspera navideña aproveché y le dije: “Santa te trajo un regalo”. Respondió con una gran carcajada de las suyas por mensaje de voz. Sabía que le encantaría ese chiste.

O cuando me lo encontré en la bicicleta con una enorme bolsa de ropa mojada. Y le pregunté si todavía no resolvía el problema con la lavadora. Uno de nuestros más emblemáticos conflictos no resueltos de matrimonio era que yo quería una enorme lavadora-sacadora y a él le parecía algo inútil. Las ironías de la vida era verlo pasear su ropa húmeda por toda Bogotá para ir a lavarla donde un amigo.

Han habido intentos de sanar en conversaciones momentos específicos de la relación, pero uno aprende a detectar cuáles heridas aún no están cicatrizadas y es mejor no tocarlas todavía. 

Honestamente creo que nuestros escasos encuentros están llenos de armonía y sonrisas porque cada quien tiene un lugar y personas a las cuales regresar y hacer contacto en esa nueva base de seguridad que construimos al rehacer nuestra vida.

Consulté a las amistades. Casi todas coinciden en que el contacto se retoma dependiendo del individuo, de la calidad de relación, de los intereses en común que sobreviven. Muchos subrayaron: “con cordialidad, respeto, poniendo límites o algo de distancia”.

Las amigas dijeron que muchos de los exs creen que tienen la puerta abierta para visitar de nuevo sus entrepiernas. A ninguna le entusiasma esta idea. 

Marilyn Monroe dijo que alejarse de algunas personas no significa odiarlas sino que es una cuestión de auto respeto. Las amigas con más edad ponen en la mesa cómo los años nos hacen ver las relaciones desde otros ángulos o cómo sus relaciones desde la madurez han terminado con más dignidad y una predisposición a aprender de ellas y agradecer lo bueno. También les ha ayudado aprender a seleccionar mejores parejas el conocimiento más profundo que tienen acerca de ellas mismas.

Una amiga dice que: el fin del amor romántico no tiene que ser el fin del amor. Desde perspectivas feministas o de anarquía relacional, los vínculos siempre pueden transformarse o mutar, no tienen porqué acabar del todo.

Desde mi experiencia, sí existen personas que hay que borrar del propio mapa y del corazón. Gente que hace mal. Con la que se armó una dinámica inconsciente que es dañina y uno no sabe cómo resolver. 

Gente que te hace sentir que no eres suficiente, con la que te aseguras por una infinita cantidad de intentos que nunca será recíproca. Cuando hay miedo o desconfianza, cuando tus emociones no son validadas. En mi caso lo más sano y aliviador ha sido alejarme y cortar todo contacto con esas personas.

Creo que en momentos de titubeo con estos funestos personajes, es bueno tener presente las grandes amistades o esas relaciones románticas que recordamos con cariño, para tenerlas de referente siempre y no bajar la calidad que merecemos en nuestras relaciones sexo-afectivas.

Somos muchas las mujeres solitarias, independientes y autosuficientes en esta sociedad conservadora. Podemos seguir pareciendo extrañas, incómodas o fuera de lugar. Pero en este momento de la historia, lleno de términos para definir la identidad y orientación sexual, los tipos de relaciones, etc. tenemos muchas herramientas para poder vivir a nuestra manera única y flexibilizarnos, salirnos de los moldes que nos incomodan.

No es necesario apuntar a ningún extremo específico. No tenemos por qué aspirar a la idílica reconciliación de Jennifer López con Ben Affleck después de años de separación. Pero tampoco eliminar a alguien por completo de tu vida aplicando el famoso “contacto cero” en el que siempre el otro es un “narcisista” o un “tóxico”. A veces toca, pero no siempre.

Conectar con los ex que dejaron una huella positiva, quienes se enamoraron de una versión de nosotras que ya no está pero que forma parte de nuestra identidad, con los que nos ilusionamos, nos equivocamos, lloramos, fuimos auténticas… puede ser un tesoro. El amor no es finito, el amor no tiene fórmulas rígidas. Dejémoslo ser. Y confiemos en la inocencia que todavía queda en nuestros corazones. 

 

*Carolina Antonia Rojas es periodista audiovisual, vive en Bogotá y ama la danza, el yoga y la bici.

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