Métodos para apagar los incendios íntimos

Por: / Enero 2022

 Para muchos, Yoga, de Emmanuel Carrère, fue el libro más importante publicado en español durante 2021. ¿Por qué? 

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Y

 

oga, la última novela autobiográfica de Emmanuel Carrère, se tradujo al español a comienzos de 2021 y se publicó en su editorial de siempre en nuestro idioma, Anagrama. Desde entonces se le consideró uno de los grandes libros del año, tanto por lo que quiso ser como por lo que terminó siendo. 

Se trató inicialmente de un pequeño libro sutil y sonriente sobre la historia y los beneficios del yoga, la meditación y el tai-chi a partir de la experiencia del autor con las tres disciplinas, pero muy pronto acabó recogiendo la crónica de su vida rota en pedazos mientras intentaba escribir el libro. Desde las primeras páginas nos enteramos de que durante los años que le tomó armar las notas, llegó a la sección de más alta seguridad y aislamiento de un hospital psiquiátrico, con diagnóstico de crisis depresiva severa por trastorno bipolar. Allí padeció la última instancia, la única capaz de sacarlo del abismo en el que estaba: tratamiento con electrochoques. 

Y justamente es en esa dualidad entre la búsqueda del bienestar y la confrontación de una crisis, la plenitud y la insatisfacción, la paz interna y la lucha contra los propios demonios donde Yoga se convierte en una lectura extraordinaria. El libro comienza con la llegada de Carrère a un retiro de meditación Vipassana: diez días de aislamiento con alimentación frugal, sin ningún tipo de entretenimiento o distracción, en completo silencio —el Noble Silencio, lo llaman—, y donde los asistentes atraviesan desde la completa serenidad hasta el llanto desconsolado. Mientras tanto, el autor y protagonista comienza poco a poco a presentar ese universo y esa aspiración al bienestar y la paz que constituyen la meditación, el tai-chi, y el protagonista del libro, el yoga. Lo hace con la sencillez y sobriedad que caracteriza su prosa:

Tender la columna vertebral tanto como uno puede y distender todo lo demás tanto como uno puede conforman dos ocupaciones de tiempo completo que hay que hacer al mismo tiempo. Bueno, al principio, casi al mismo tiempo, digámoslo de frente, como se guían dos caballos ayuntados y que quisieran cada uno coger por su lado. Este es el sentido original de la palabra yoga: ayuntar bajo un mismo yugo dos caballos o búfalos. Se pasa del uno al otro, del otro al uno. [...] Algunos días es un placer, otros es insostenible. Nada funciona. 

Carrere CUERPOTEXTO

Foto: María Teresa Slanzi

Lejos de ser el libro iluminado de un gurú por el estilo de Autobiografía de un yogi, de Paramahansa Yogananda, uno de los best-sellers sobre el tema, el libro de Carrère es más bien el de un atormentado que escribe como los ángeles. Y esa humanidad que aparece página tras página, esa crudeza con la que el autor se muestra en toda su fragilidad, ofrece una oportunidad única para asomarse a la neurosis, al dolor y al deseo, a los bajos instintos que nos gobiernan y al trastorno bipolar que padece el autor (es diagnosticado mientras escribe el libro en el psiquiátrico).

Treinta y cinco años de escritura, treinta de tai-chi, de yoga, de meditación para intentar que germinara lo que puede haber de amor en mi interior: nadie podría decirme que no lo intenté, que fui perezoso, que no di la batalla. “Entrégate, corazón mío, escribía Henri Michaux, luchamos suficiente. Y que mi vida se apague. No fuimos unos cobardes. Hicimos lo que pudimos”. Eso sí, hicimos lo que pudimos, y no podemos decir que haya servido de gran cosa, el largo y desigual combate, aunque soy consciente que, cuando pienso así, estos son los pensamientos de la noche y la enfermedad, y que estas no son mis reflexiones siempre. Ese hombre estable y amoroso, ese hombre del que otros pueden fiarse, en otros momentos de mi vida creí serlo y no me equivocaba al creerlo y aquellas que lo amaron tampoco se equivocaban. Esa vida, la mía, pobre vida miserable y a veces vivaz, a veces amorosa, no fue solo ilusiones y deslices de locura. El pecado mortal es olvidarlo. Es vital, en las tinieblas, recordar que también se vivió en la luz y que la luz no es menos cierta que las tinieblas. Y estoy seguro de que este puede ser un buen libro, un libro necesario, ese que intentaría mantener juntos los dos polos: una larga aspiración a la unidad, a la luz, a la empatía y la poderosa atracción opuesta hacia la división, el encierro en sí mismo y la desesperación. 

El libro entero puede ser, en primer lugar, una larga invitación a probar esas disciplinas que desde hace siglos ofrecen tranquilidad, salud e incluso el fin del sufrimiento humano a cada individuo. Y tiene su gracia que la invitación la haga un hombre que nos habla sin reparos de cada uno de sus defectos, de cada uno de sus errores y aciertos, de cada juicio erróneo que pudo hacer mientras escribía ese bienintencionado libro. Pero las virtudes de Yoga van más allá.

Después del retiro Vipassana, esta novela hace gala de lo mejor del estilo de todos los grandes libros de Carrère: aparecen descritas con lujo de detalle otras vidas, las personas que rodearon al autor mientras vivía, investigaba y escribía, y nos abre múltiples ventanas para acercarnos a la humanidad de cada uno, a sus trastornos, a sus dolores personales, a las desgracias cotidianas que asolan a todos los seres humanos. El elenco cubre desde la pareja de uno de los asesinados en la masacre de la revista Charlie Hebdo hasta una profesora de literatura jubilada, perdida y abandonada en la isla de Leros en Grecia, pasando por las vidas y testimonios de varios jóvenes migrantes de Medio Oriente y, sobre todo, la larga depresión de nuestro narrador. Yoga se destaca por su capacidad para despertar nuestra empatía hacia el dolor de los otros y nuestra admiración por la resiliencia cotidiana, esa capacidad extraordinaria para sobreponernos incluso a las mayores tragedias. 

Con la pandemia a cuestas, horas de encierro y los servicios de salud mental desbordados en el último año y medio, Yoga puede ofrecernos una oportunidad particular, extraña en su género y maravillosamente escrita, para acercarnos a estas prácticas milenarias, a la enfermedad y al lado más siniestro de la vida. Resulta impresionante cuánto dolor cabe en ese libro solo, el extraño llamado que hace a nuestra compasión y a la gratitud, la noble invitación que nos hace a explorar las muchas técnicas que existen desde hace tiempo para bajar el ritmo, respirar tranquilamente, despejar la mente y buscar nuestra paz interior. Son todas cosas por las que usualmente no recomendaría un libro, pero dado que su calidad literaria es incontestable, no sobra destacarlas. 

Y si alguien quisiera saber de qué se trata meditar, el libro recoge las incontables veces en que Carrère nos intenta ofrecer una definición, una frase que acerque ese misterioso bien que ofrece sentarse y no hacer nada más. En pocas palabras, cada uno de los esfuerzos del autor por hacernos entender eso que él ha practicado durante treinta años, que tanto bien le ha hecho a pesar de sí mismo y que cualquiera —léase bien: cualquiera— también podría practicar.  

La meditación es estar sentado, en silencio, inmóvil. La meditación es todo lo que pasa en la conciencia mientras estamos sentados, en silencio, inmóviles. La meditación es darle origen a un testigo interno que observa el torbellino de los pensamientos sin dejarse arrastrar. La meditación es ver las cosas como son. La meditación es desprenderse de la identidad. La meditación es descubrir que se es algo más que esa cosa que dice sin tregua: yo, yo, yo. La meditación es descubrir que se es otra cosa que el ego. La meditación es una técnica para erosionar el ego. La meditación es sumergirse y establecerse en lo que la vida tiene de contrariante. La meditación es no juzgar. La meditación es prestar atención. La meditación es observar los puntos de contacto entre lo que se es y lo que no. La meditación es detener las fluctuaciones mentales. La meditación es observar esas fluctuaciones —que llamamos vritti— para calmarlas hasta extinguirlas. La meditación es estar al corriente de que los otros existen. La meditación es penetrar al interior de sí mismo y cavar túneles, construir represas, abrir nuevas vías de circulación y empujar algo hacia su nacimiento y hacerlo salir hacia un gran cielo abierto. La meditación es encontrar dentro de sí mismo una zona secreta e irradiante donde se está bien. La meditación es encontrar nuestro lugar donde sea que uno esté. La meditación es ser consciente de todo todo el tiempo (esta definición es de Krishnamurti). La meditación es aceptar todo lo que sucede. La meditación es dejar de contarse cuentos. La meditación es soltar, no esperar nada, no buscar hacer nada más. La meditación es vivir en el instante presente. La meditación es orinar y cagar cuando se orina y se caga, nada más. La meditación es no agregar nada más. 

 

Emmanuel Carrère, Yoga, Barcelona, Anagrama, 2021. Traducción de Jesús Zulaika.

 

* Historiador, lector. Colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas y de Bacánika.

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