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procedimientos estéticos

Los no negociables para un procedimiento estético seguro

Ilustración
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Cada vez son más comunes las ofertas de procedimientos estéticos, rápidos, económicos y aparentemente simples. Pero detrás de muchas de estas promesas existen riesgos médicos, vacíos de control y una presión social que ha normalizado intervenir el cuerpo sin dimensionar las consecuencias. Tras varios casos recientes en Colombia, especialistas, pacientes y voceros insisten en una conversación urgente sobre seguridad, responsabilidad y autocuidado.

En los últimos días un caso sacudió a Colombia y encendió una alarma que lleva años parpadeando: una mujer entró a un centro estético en Bogotá a realizarse un procedimiento estético y nunca regresó a casa. El hecho conmocionó al país no porque fuera el primero, sino porque evidenció hasta dónde puede llegar la cadena de negligencia cuando la salud se convierte en un negocio clandestino. Según la Secretaría Distrital de Salud, entre enero de 2025 y mayo de 2026 se registraron 282 quejas por irregularidades en servicios estéticos en la capital, el 69% de ellas relacionadas con establecimientos no habilitados y se vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿de quién es la responsabilidad?

Una historia que pudo ser la de cualquiera

En 2024, María Alejandra Rodríguez, de 32 años, vivió las consecuencias de una supuesta lipólisis láser practicada en un centro estético del sector La Alquería, en Bogotá. El procedimiento le dejó fibrosis múltiple en el abdomen y la espalda, tejidos descolgados y una movilidad limitada que debió recuperar con fisioterapia. Las secuelas emocionales aún las trabaja en psicoterapia.

Ella misma cuenta lo que vivió:

No era una clínica hospitalaria, sino un centro estético que me había recomendado una conocida. La recepción estaba impecable; la sala quirúrgica, no tanto. Yo creía todo lo que me decían, porque es gente tan hábil que te convence de cualquier cosa. Me repetían: “tienes que ser valiente, tú eres una guerrera, cuando veas el resultado sabrás que valió la pena el sacrificio”. Pero dolía de una manera insoportable, desde que empezaron a inyectar el anestésico local. Me sentía desvanecer. En algún momento me dio una migraña tan fuerte que tuvieron que ponerme un calmante en plena sesión. Quisimos parar, pero me dijeron que si lo hacía perdía la inversión de tres millones y medio de pesos que ya había pagado. Seguimos media hora más. Hasta que les dije: basta, lo que fue, fue.

En los días siguientes, María Alejandra no pudo hacerse los drenajes linfáticos ni colocarse la faja reductora incluidos en el “paquete”, porque uno de los hematomas se abrió y el dolor era extremo. Las heridas y los moretones fueron la evidencia de una recuperación lenta y dolorosa. 

Cuando la Superintendencia de Salud fue a inspeccionar el lugar, con base en sus denuncias, el centro ya estaba desmantelado. En el garaje donde había ocurrido todo no quedaban ni los avisos. “Yo veo sus publicaciones. Ellos siguen ofreciendo sus servicios, con la promesa de acabar con la grasa rebelde”, dice con impotencia la joven publicista bogotana. 

La reflexión de María Alejandra no apunta a un único culpable:

La mirada profesional

En 2024, María Alejandra Rodríguez, de 32 años, vivió las consecuencias de una supuesta lipólisis láser practicada en un centro estético del sector La Alquería, en Bogotá. El procedimiento le dejó fibrosis múltiple en el abdomen y la espalda, tejidos descolgados y una movilidad limitada que debió recuperar con fisioterapia. Las secuelas emocionales aún las trabaja en psicoterapia.

Ella misma cuenta lo que vivió:

Al final, creo que todos tenemos algo de responsabilidad: los usuarios que sacrificamos seguridad por economía sin medir los riesgos; quienes se hacen pasar por especialistas y ofrecen servicios invasivos que pueden llevar a la muerte; el Estado, que no ejerce suficiente control sobre estos centros clandestinos; y también el entorno de cada uno, que debe acompañar y cuestionar. La primera medida que debemos tomar es cuidarnos entre todos.

La mirada profesional

El doctor Alberto Lacouture, especialista en Cirugía Plástica y Reconstructiva, integrante del equipo médico de la Clínica Iberoamérica de Colsanitas en Barranquilla,  explica que la primera recomendación para cualquier persona que considere un procedimiento estético es verificar la idoneidad del cirujano plástico, ya que no se trata de intervenciones simples, sino de actos médicos que requieren formación rigurosa y capacidad de respuesta antes complicaciones.

Además, advierte que, “el lugar donde se realiza la intervención es un factor innegociable de seguridad. La elección de una institución certificada marca la diferencia entre la vida y la muerte ante una eventualidad. Bajo ninguna circunstancia deben practicarse tratamientos invasivos, como la liposucción, en consultorios, centros estéticos, peluquerías o apartamentos. Estos lugares no cuentan con el personal entrenado, equipos necesarios, ni condiciones de asepsia adecuadas, especialmente si se presenta una emergencia”. Además, hay que tener en cuenta que la Resolución 3100 de 2019 del Ministerio de Salud exige certificados específicos de habilitación para este tipo de procedimientos.

El doctor Lacouture también señala otras señales de alerta frecuentes: promesas de “resultados perfectos”, procedimientos “sin riesgo” o cirugías “sin sangrado”. A esto se suman los precios extremadamente bajos y la presión para operarse rápidamente sin valoraciones o exámenes prequirúrgicos completos.

Para que los números sirvan de referencia, el doctor Ricardo Peña Cortés, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, adscrito a Colsanitas, explica que una liposucción de contorno corporal en una clínica certificada de alta complejidad en Bogotá puede oscilar entre 18 y 20 millones de pesos, porque incluye los honorarios de un equipo multidisciplinario, el uso de quirófanos habilitados, seguros de riesgos médicos y, en la mayoría de los casos, una noche de hospitalización para monitoreo.

“Cuando el precio es de 3 o 4 millones de pesos es porque se está sacrificando algo: la calidad de los insumos, la seguridad de la infraestructura, la idoneidad del médico, el anestesiólogo, el seguro o en el peor de los casos, todas las condiciones anteriores”, afirma el doctor Peña.

El consentimiento informado no es un trámite

Ambos especialistas de Colsanitas subrayan la importancia del consentimiento informado, que no debe firmarse como si fuera un formulario más. Es el momento en que el cirujano explica detalladamente el procedimiento, los riesgos reales –infecciones, trombosis, la posibilidad de requerir intervenciones adicionales– y en que el paciente puede y debe preguntar todo lo que no entienda.

La honestidad del paciente es el otro lado de la ecuación. Es indispensable informar al especialista sobre enfermedades autoinmunes, alergias o el consumo de medicamentos, suplementos o drogas que puedan aumentar el sangrado o interactuar con la anestesia.

Al respecto, el doctor Peña añade que parte de la ética del cirujano plástico es saber decir que no, “los especialistas no estamos exentos de enfrentar complicaciones durante un procedimiento. Una vez leí una frase muy sabia: mi buena reputación como cirujano no se la debo a las intervenciones exitosas que he hecho, sino a los pacientes que me he negado a operar porque el riesgo para ellos era demasiado alto”. Un verdadero profesional pone límites, guía y protege. 

Lipolisis láser y liposucción: procedimientos que exigen especialistas

Desde el punto de vista técnico, la liposucción ha evolucionado con tecnologías como el Vaser (ultrasonido) o el láser, que buscan emulsionar la grasa, extraerla de forma selectiva y reducir el sangrado. Sin embargo, el doctor Peña aclara que estas herramientas no eliminan los riesgos inherentes a la cirugía y que deben ser realizadas exclusivamente por médicos especialistas en cirugía plástica. 

La lipólisis láser, en particular, requiere equipos de alta tecnología cuyo costo ronda los 40.000 o 50.000 dólares. Por eso resulta altamente sospechoso que el servicio se ofrezca a precios mínimos en lugares de dudosa procedencia. 

“En ambos procedimientos hay distintos niveles de complejidad. En cualquier caso, la recomendación es que se realicen con médicos especialistas en cirugía plástica, en instituciones de salud de alta complejidad, con un anestesiólogo como parte del equipo y con un seguro de riesgos médicos. Eso es lo mínimo exigible”, enfatiza el doctor Peña. 

Una responsabilidad colectiva

Más allá de la responsabilidad médica e institucional, es claro que existe una presión social alrededor de los estándares de belleza y la necesidad de obtener resultados rápidos. Las redes sociales, la normalización de ciertos procedimientos y la idea de que modificar el cuerpo puede hacerse de forma simple o inmediata han contribuido a minimizar los riesgos reales de intervenciones que siguen siendo actos médicos complejos.

La periodista Lorena Beltrán, una de las voces más activas en Colombia en la defensa de la seguridad en procedimientos médico-estéticos, lleva años insistiendo en la necesidad de una ley que regule quién puede realizar este tipo de procedimientos y en qué condiciones. 

“Es importante hablar de prevención y autocuidado. Pero también hay que preguntarse dónde estaban las instituciones y las autoridades. No podemos minimizar las consecuencias de un procedimiento estético mal hecho diciéndole a alguien que “se lo buscó”. Más bien, seamos exigentes como sociedad para que cada quien haga lo que le corresponde y minimice el ejercicio ilegal de estas especialidades médicas”, dice Beltrán en sus redes sociales. 

En un momento en el que modificar el cuerpo parece cada vez más fácil, accesible y cotidiano, historias como la de María Alejandra, recuerdan que ningún procedimiento es menor cuando la salud está en juego. También implica preguntarse qué tan informadas son las decisiones que tomamos, qué riesgos estamos normalizando y qué responsabilidades compartimos como sociedad frente a una industria que continúa creciendo. 

Lo que debe tener en cuenta antes de un procedimiento estético

Recomendaciones del doctor Ricardo Peña Cortés y del doctor Alberto Lacouture Peinado, especialistas en Cirugía Plástica y Reconstructiva adscritos a Colsanitas.

1.- Verifique la idoneidad del especialista. Consulte el directorio de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva (SCCP) o busque el nombre del médico en el Rethus (Registro Único Nacional de Talento Humano en Salud) para confirmar que está inscrito como cirujano plástico. El número de seguidores en redes sociales no es garantía de calidad ni de seguridad médica.

2.- Elija una institución de alta complejidad. Opte siempre por clínicas de tercer o cuarto nivel que cuenten con servicios de hospitalización, cuidados intensivos y el apoyo de especialistas las 24 horas. Puede verificar la habilitación de cualquier prestador de salud en la página del Ministerio de Salud. Esto asegura que cualquier eventualidad pueda ser resuelta de inmediato en el mismo lugar sin traslados riesgosos.

3.- Nunca se opere en lugares no aptos. Bajo ninguna circunstancia acepte procedimientos invasivos en consultorios, peluquerías, centros estéticos o apartamentos. Estos sitios carecen de los recursos técnicos para atender complicaciones críticas.

4.- Desconfíe de las "promesas milagrosas" y precios bajos. Sospeche de quienes ofrecen resultados perfectos, sin riesgos ni complicaciones. Los precios extremadamente bajos casi siempre implican que se está sacrificando la calidad de los insumos o la seguridad de la infraestructura.

5.- Exija la presencia de un anestesiólogo certificado. Todo procedimiento en el que se introduzcan cánulas o se realice sedación debe contar con un anestesiólogo calificado durante toda la intervención.

6.- Sea totalmente honesto con su historial médico. Informe a su cirujano si fuma, consume alcohol o drogas, así como si padece enfermedades autoinmunes, alergias o toma suplementos o medicamentos naturales que puedan afectar el sangrado o la anestesia.

7.- Exija y comprenda el consentimiento informado. Este documento no es solo un trámite de firma. Usted debe entender a fondo el procedimiento, los riesgos reales, las complicaciones posibles y la probabilidad de requerir intervenciones adicionales.

8.- Cumpla con los exámenes prequirúrgicos. Es indispensable realizar valoraciones por medicina interna y anestesia antes de entrar al quirófano. Un cirujano ético solo operará si los resultados confirman que usted es apto para el procedimiento. 

9.- Siga estrictamente las instrucciones posoperatorias: La seguridad no termina al salir del quirófano. El éxito del procedimiento depende en gran medida de que usted cumpla con las indicaciones de reposo y cuidados dictadas por su médico.