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Bienestar Colsanitas

El deseo incontrolable de comprar

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Las compras compulsivas pueden pasar desapercibidas durante un tiempo. Pero tarde o temprano llegarán algunas consecuencias desagradables para la persona afectada y su círculo inmediato.

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El 80 % de las personas que hacen compras compulsivas son mujeres. El perfil es difícil; la compradora compulsiva actúa en solitario, y su comportamiento exterior revela las tormentas de su mundo interior, como la incapacidad para gestionar sus emociones; su condición la intranquiliza, le impide adaptarse al entorno, estar con los demás, y la empuja a no respetar las reglas y las conductas ajenas. Se siente aburrida, insatisfecha. Detrás de estas sensaciones aparece el autoengaño. Deja de ser ella. La acosan pensamientos intrusivos, involuntarios. Una obsesión la enajena: piensa que, para subirse el ánimo, le vendría bien salir a comprar, por ejemplo, unos aretes. Por lo tanto escapa, evita sus propias tempestades y se va al supermercado o al centro comercial.

En el camino siente una animosidad juguetona parecida a la felicidad. No hay consideración ética o racional que valga en ese momento. Al llegar a la tienda los vendedores la reciben con palabras amables, lo que en no pocos casos restaña la alicaída autoestima. La curva de la tensión está en lo más alto, y comienza el frenesí, la euforia en algunos casos, de la compra de productos que no necesita o que nunca va a utilizar. Por esto último, muchas compradoras compulsivas también son acumuladoras compulsivas. No importa que no necesite el objeto o no lo vaya a usar: lo que importa es el placer inmediato que le da obtener el bien.

Una gratificación la recorre de pies a cabeza. Que no es económica, sino psicológica. Algunas, para aumentar el placer, buscan ser vistas en lugares públicos y reconocidas por amigos, compañeros de trabajo o estudio, o por familiares; buscan lucir siempre ropa nueva y de marca, adornos vistosos, maquillaje ostentoso o zapatos de lujo. Los compradores compulsivos varones no escapan a ese impulso de mostrarse o mostrar sus bienes: compran carros, herramientas, dispositivos electrónicos de última generación, cachivaches para el hogar, o para el asado. También resultan, en su mayoría, inútiles. Cuando llegan los estados de cuenta de las tarjetas, algunos compradores y compradoras sufren depresión. Hay casos graves marcados por intentos de suicidio

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Con los objetos en la bolsa de compras, con menos dinero en cuentas y las tarjetas cargadas con más deuda, de regreso a la casa, a las viejas tempestades interiores, irrumpen el arrepentimiento, la culpa y el enfado. La satisfacción empieza a agrietarse. Después de horas o días de sufrimiento, estos sentimientos ceden poco a poco, hasta que desaparecen. Todo queda servido de nuevo para otro apremiante rapto de compras, que, seguro, aparecerá tarde o temprano.

¿Qué pasa si no hace las compras? “Sobrevienen sentimientos de ansiedad, irritabilidad y malestar, con todas sus consecuencias. Porque, desde el psicoanálisis, sería como una compra frustrada de afecto”, previene la psiquiatra María del Pilar Jaime, directora de la Fundación Juego Patológico. El origen de las compras compulsivas está relacionado con la falta de afecto durante la infancia, con la excesiva autoridad de los padres o con pautas de crianza disfuncionales; también con vivir en ambientes familiares o compartir círculos de conocidos o amigos que incitan y presionan al consumo. Es decir, factores de orden social y cultural en los que hay variables como publicidad, comunicaciones interesadas y comercio.

El psiquiatra español Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos (España), describe este comportamiento patológico “como una adicción sin drogas, una adicción a un comportamiento como puede ser el sexo, el trabajo o Internet… Provoca excitación, tensión, placer”.

Esta adicción, como cualquier otra, ocasiona graves consecuencias negativas, personales y a su entorno, como conflicto intrafamiliar y de pareja, disminución del rendimiento laboral o escolar y problemas financieros. 

Estudios, indicios y riesgos

En el artículo “El trastorno de compras compulsivas”, de Dominica Díez Marcet y otros psiquiatras catalanes, leemos: “la edad media de inicio del trastorno se sitúa entre los 18-30 años de edad y tiende a ser crónico. Está asociado con otros trastornos psiquiátricos: ansiedad, trastorno de personalidad límite, estado de ánimo, dependencia de sustancias, conducta alimentaria y control de impulsos. Su prevalencia, en la población en general, está entre un 1 y un 11,3 %”.

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Aunque en un país o grupos de países de una región hasta un 33 % de la población puede presentar descontroles en la compra o en el gasto, en promedio, solo un 3 % alcanza a convertirse en un definitivo desorden considerado como patológico. En la mayoría de los casos, el trastorno de compra compulsiva se manifiesta desde la adolescencia, cuando los seres humanos no sabemos entender y leer la realidad, y tampoco acertamos en las elecciones. Entonces, los adolescentes y los jóvenes descubren en las compras una manera de ahuyentar el mal humor, el estrés, las frustraciones, o una forma de premiarse, de darse una recompensa ante un trabajo realizado o un logro. Las primeras señales de alerta consisten en adquirir cosas inútiles, o que no usarán, y después sentir un fuerte arrepentimiento. Pero los afectados tardan hasta diez años en desarrollar el trastorno a plenitud.

Cuando arriban a este momento, ya es un problema serio que requiere tratamiento, porque sus finanzas o las de sus padres se han visto seriamente afectadas. Diversos estudios han establecido que los jóvenes tienen una mayor susceptibilidad a ser adictos a los estímulos a comprar, que reciben por diversos medios. Son más propensos a aceptar y hasta lucir valores consumistas que, como espejismos, les prometen que la felicidad y el éxito social y personal están asociados con el dinero, la ostentación y los lujos.

El discurso del cepo

La globalización se ha encargado de convertir al mundo en un gran hipermercado. Por medio de la publicidad y el mercadeo crea, mantiene y exacerba en todos nosotros una permanente sensación de insatisfacción, o una necesidad de tener más de lo que realmente se necesita para vivir. Consumo desenfrenado.

Según el psicólogo Javier Garcés, experto en comportamiento del consumidor y presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales de España, “los compradores compulsivos no son más que la punta del iceberg de un fenómeno social que nos afecta a todos: el consumismo… el auge de los centros comerciales, la publicidad, las tarjetas y la frivolización del crédito han llevado a la impulsividad [por las compras] a cobrar otra dimensión… La ideología de la sociedad de consumo es ‘compra y gasta para ser feliz’, y algunas personas, por su naturaleza, son más vulnerables”, le dijo Garcés a la periodista Laura Delle Femmine, para el artículo “Esclavos de las compras”, publicado en El País, de España, el 16 de junio de 2016.

En los dos últimos años, en medio de la pandemia por el Covid-19, fueron obligatorios los sucesivos confinamientos, el distanciamiento social y el teletrabajo. Las compras presenciales cedieron mucho espacio a las compras en línea, por ser más rápidas y brindar la posibilidad de realizarse todos los días a cualquiera hora, con total asepsia.

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La cifra

80 % de las personas que hacen compras compulsivas son mujeres.

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En 2020, el primero de la pandemia, las compras por canales digitales de alimentos y productos de aseo personal crecieron en Colombia un 40,71 % al compararlas con las de 2019; la ropa y productos de la moda subieron un 26,51 %; los juguetes y artículos de ocio, un 25,16 %; los electrodomésticos y muebles, un 20,13 %, y la tecnología y la electrónica, un 18,49 %, de acuerdo con el artículo “Comercio electrónico creció 11 % por semana en los días más críticos de la cuarentena”, del diario La República del 17 de abril de 2021.

Ahora bien, ¿por qué las compras compulsivas son más frecuentes en las mujeres que en los hombres? Luisa María Muñoz Mosquera, estudiante de la Facultad de Psicología de la Universidad Eafit, de Medellín, en su tesis de grado “Relación entre el nivel de autoestima y la compra compulsiva en mujeres estudiantes de pregrado de una Universidad privada de la ciudad de Cali” (2019), afirma que las mujeres presentan una predisposición más fuerte a desarrollar conductas compulsivas porque, por lo general, son el objetivo principal de las campañas publicitarias; además, porque las caracteriza un marcado componente emocional y algunas adquieren el hábito de comprar como una manera de regular sus emociones y experimentar una reducción de la ansiedad, una excitación elevada y otras emociones positivas.

También porque les interesa, principalmente, comprar objetos simbólicos relacionados con su apariencia o imagen personal, como ropa, cosméticos, joyas y perfumes, pues su construcción de identidad se basa en las relaciones con los demás, y la adquisición de los objetos mencionados las hace sentir felices y satisfechas por un momento.

Rosana Glück, psiquiatra adscrita a Colsanitas, explica que las mujeres son las más afectadas por el trastorno de comprar de forma obsesiva, “por los contextos social y cultural en los que estamos inmersos, favorecidos por la publicidad y el mercadeo casi siempre dirigido a las mujeres, la aprobación de la valoración social, el consumismo, baja autoestima, creer que si compro, si tengo, resuelvo problemas. Hay un preconcepto falso de que la situación financiera no produce tanta carga en las mujeres, lo que les permite más libertad en las compras. En la atención médica son muy comunes las consultas de mujeres afectadas por compras compulsivas”.

Tratamiento y recuperación

La primera etapa del tratamiento consiste en hacerle al paciente un buen diagnóstico, revisar si está afectado por otra enfermedad mental. Luego, dependiendo de cada persona y de si está decidida a seguir el tratamiento, se le formulan medicamentos antidepresivos (inhibidores selectivos de recaptación de la serotonina), que le disminuyen la ansiedad y la compulsión por las compras.

La medicación se complementa con un tratamiento psicológico, cognitivo-conductual, que enseña a los pacientes a reconocer su enfermedad y les ofrece técnicas para evitar los centros comerciales o cualquier lugar donde puedan comprar, o qué hacer cuando vayan a un centro comercial a comprar, o cómo darse cuenta si están haciendo una compra innecesaria.

Estos tratamientos exigen un compromiso y una participación muy seria de las familias de los afectados, porque ellas están muy involucradas, padecen al familiar afectado por las compras compulsivas o mantienen relaciones disfuncionales, distantes, poco comprometidas, que pueden motivar las compras, por lo que también deben someterse a terapia psicológica de familia.

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En el mencionado artículo de Dominica Díez se señala que “los objetivos de la terapia se centran en interrumpir y controlar la conducta de compra problemática, establecer patrones de compra sanos, reestructurar pensamientos irracionales y emociones negativas asociadas con la compra y desarrollar estrategias de afrontamiento adecuadas”. Enseñan, durante varios meses, a comprar de forma relajada .

Aprenda a dominar el impulso

Entre las nuevas enseñanzas se encuentran:

- Salga a la calle con el dinero medido.

- Haga siempre una lista de lo que se va a comprar.

- Acepte y confíe en alguien que haga el papel de tutor o guía, que puede ser un familiar o un amigo cercano, al que le entregará las tirillas de las compras realizadas.

- Aprenda a controlar, demorar y, si es posible, aplazar el impulso de la compra.

- Si aún siente debilidad ante la compulsión a comprar, evite exponerse al estímulo de pasar o ingresar a zonas comerciales y no tenga siempre a la mano la tarjeta débito o de crédito.

 

*Cronista y corrector de estilo colombiano, frecuente colaborador de Bienestar Colsanitas.

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Donaldo Donado Viloria

Periodista y corrector de estilo de amplia trayectoria.