Adriana Lucía

Por: / Fotografía: Sebastián Montañez / Septiembre 2020

Grabó su primer álbum a los 14 años y desde entonces ha construido una sólida carrera musical donde se aprecia su origen Caribe y toda sus influencias.

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 ería impensable hablar de Adriana Lucía, de sus rutinas, sus sueños o su estilo, sin empezar por El Carito, Córdoba, el lugar donde creció. Allí no solo vivió entre músicos que entraban y salían de casa, cumbias, porros, vallenatos, festivales y alboradas. También creció entre botones, costuras y telas. Sus dos abuelas fueron modistas y su tía, bordadora, y entre todas compitieron siempre por coserle el vestido más bonito o la pollera más despampanante. “La gente me paraba en la calle para dibujar mi ropa”, recuerda la cantante, varias veces nominada a los Grammy latinos. Y, por supuesto, las tradiciones gastronómicas también marcaron sus días: mesas llenas de manjares caribeños y árabes, rodeada de familia y amigos.

De esta mezcolanza de colores, sabores, aromas y sonidos poderosos vienen sus sueños, los que convirtió poco a poco en realidad. Y viene también la seguridad y la fuerza con la que afronta el destino: “Mi papá me enseñó a no creer en los límites. Siendo adulta descubrí que había gente tratando de imponer barreras a las mujeres o personas tóxicas que querían hacernos creer que no somos tan valiosas o tan lindas”.

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"Me gusta pararme frente al espejo y preguntarme cómo me está viendo Dios. Le digo: ‘préstame tus ojos para mirarme".

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En efecto, su estatura de 1.60 metros, su cuerpo delgado y un vozarrón tremendo han sido suficientes para robarse el show. “Me gusta pararme frente al espejo y preguntarme cómo me está viendo Dios.

Le digo: ‘préstame tus ojos para mirarme’. Y le he creído que soy valiosa y firme. Hubo un tiempo en que solo veía mi cicatriz y no me gustaba. Hay que hacer este ejercicio constantemente para no perder el rumbo”.

También hace deporte con frecuencia, monta en bicicleta y pasa largas horas bailando. Lleva muchos años comiendo balanceado y sano: “No hago dietas pero sí pequeños cálculos en la cabeza, así que nunca como dos harinas, evito los fritos, la comida chatarra, las carnes rojas y los paquetes. He sido vegetariana, aunque ahora como pollo y pescado sin problemas. Eso sí, me encanta la comida reconfortante y sabrosa. Invento recetas y exploro con sabores e ingredientes. Yo misma proceso mis especias, las tuesto y las muelo”.

Y cuando se trata del pelo, tiene varios trucos infalibles: aceite de oliva en las puntas que deja durante el día y retira antes de dormir; el aceite Fantastic de H7, que protege del calor y no engrasa el pelo; y la línea de memoria de rizos de Morrocan Oil, que ha rescatado su natural pelo crespo de los excesos del secador.

Adriana Lucía

Fotografía: Paola España Press

Finalmente, su look lo complementa con su pasión por la moda, esa que le viene desde muy niña. “Hay que hacer un proceso interior para lograr conectarse con la identidad propia. También hay gente muy buena que te ayuda a encontrar la mejor manera de vestirte, sin dejar de ser tú misma. Me gusta verme bien y cómoda, pero no disfrazada. Juego con polleras amplias, con faldas, vestidos, chaquetas de cuero, buenos abrigos. Me vuelven loca los turbantes y los tocados: son dos elementos que me hacen sentir poderosa e imparable”.

A Adriana Lucía le gusta rezar, cree en el perdón para vivir tranquila, prefiere los amaneceres para dar gracias, en la intimidad de la ducha compone canciones y nunca se queda quieta. En medio de la pandemia, terminó el álbum Que no me falte la voz y está próxima a lanzar una línea de delantales y linos de cocina: “Tiene que ver con mis tardes en la infancia, comprando telas con mi mamá”. Pero también, por supuesto, por ese paso apoteósico por el reality Master Chef Celebrity que la convirtió en referente gastronómico.

Cinco reglas para cuidar la voz

1. Me cuido de los cambios bruscos de temperatura. Nunca tomo bebidas muy calientes o muy frías.

2. No fumo.

3. Tomo agua de jengibre a diario, pero el día en que voy a cantar tomo muchísimo más.

4. Necesito tanto del jengibre que siempre cargo una dosis personal, que puede ser en té o en cristales.

5. Debería hablar poco, pero eso no lo cumplo jamás. Hablo hasta por los codos.

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