Desde el 2010, La Plaza de Andrés recupera elementos de las plazas de mercado colombianas para convertir la comida en un encuentro con los sabores, las regiones y las memorias que caben alrededor de una mesa.
¿Cómo era un domingo en familia? Quizás cada tanto empezaba con algún ritual colectivo, como alistarse para salir de la casa, ir a mercar a una plaza de mercado, mirar las frutas, escuchar las voces de los vendedores, detenerse frente a una olla humeante y decidir qué llevar para el almuerzo. O sentarse en familia a comer sin mirar el reloj o pasar la tarde en un restaurante, mientras alguien partía una arepa más para compartirla y otro descubría algún amasijo que no había probado.
Durante generaciones, las plazas de mercado han sido lugares de encuentro. Allí se eligen los alimentos que llegan de nuestros campos, se conversa, se observa, se pregunta, se negocia y, por supuesto, se come. Quizás muchos guardemos el recuerdo de algún gustico frito, una fruta recién escogida o un plato probado durante una de esas visitas, pues están aquellos ingredientes que hablan de nuestro territorio como la papa criolla, el maíz, el plátano, la yuca, las frutas, los pescados, las carnes.
En Bogotá, La Plaza de Andrés hace parte de una propuesta gastronómica de Andrés que retoma parte de ese imaginario y lo lleva a cuatro centros comerciales de la ciudad: El Retiro, Hacienda Santa Bárbara, Gran Estación (costado esfera) y Santafé. La paradoja resulta interesante, pues para acercarse a una experiencia que recuerda al pueblo no hace falta salir de la ciudad.



Cuatro plazas, una misma tradición
Al entrar a La Plaza de Andrés aparecen estanterías, básculas, bolsos de zuncho, ollas, carretillas y estibas coloridas utilizadas para exhibir los alimentos. En cada espacio hay también un santo o una virgencita, pues cada plaza está encomendada y protegida por una de estas imágenes. Son referencias que hacen parte de la vida cotidiana de muchas casas y negocios del país y que, para algunos, pueden recordar las salas de los abuelos.
La ambientación busca reproducir algunos de los objetos y materiales que hacen parte de su memoria. Por ejemplo, la plaza del Restrepo ha sido inspiración para estos restaurantes. Las estanterías de tabla, las arepas, los caldos, los coteros con los bultos en la espalda y las placeras con sus faldones. El mesón del almacén de abarrotes está forrado con el cartón utilizado para ensamblar tubos de crema de dientes Colgate, mientras las paredes están recubiertas con tiras de aluminio de las que se cortan las latas de atún.

Luego la escena se completa en la mesa. Llegan chorizos, chicharrones, patacones, yucas, arepas, hogaos y ajíes para compartir; después, jugos en totumas y limonadas o cocteles asociados con distintas regiones de Colombia. La comida aquí funciona como una especie de mapa, así que hay sabores de cada región del país sin salir de la capital. Colombia es un país de geografías diversas y esa diversidad también está en la cocina. Hay regiones que se reconocen por sus sopas, otras por sus arroces, sus pescados, sus carnes, sus arepas, sus dulces o sus preparaciones con plátano y yuca. Hay ingredientes que cambian de nombre y recetas que se transforman de una familia a otra, y recorrer esa diversidad desde una mesa bogotana es, de alguna manera, otra forma de viajar.
Las cuatro sedes de La Plaza de Andrés comparten la misma premisa y es que la comida puede ser un recorrido. Se puede llegar por un almuerzo y hablar de un viaje, de una receta familiar o de ese plato que alguien recuerda haber comido en la casa de los abuelos.
La plaza de Andrés

Plaza El Retiro - Centro Comercial El Retiro
Calle 82 #11-94, piso 3
La plaza está en medio de uno de los sectores más activos de la ciudad. Llegar hasta allí puede hacer parte de un día de compras, de una jornada de trabajo o de un encuentro familiar.

Plaza Hacienda Santa Bárbara - Centro Comercial Hacienda Santa Bárbara
Carrera 7 # 115-72, piso 3
Esta plaza se encuentra en un espacio asociado con el patrimonio y la vida comercial del norte de Bogotá. Allí, el ambiente de mercado convive con la arquitectura y el movimiento de un centro comercial que crea un contraste entre lo tradicional y una experiencia contemporánea.

Plaza Gran Estación - Centro Comercial Gran Estación
Calle 82 #11-94, piso 3
La idea de pausa adquiere otro sentido, pues esta es una zona concurrida a diario por trabajadores, estudiantes, familias y viajeros. En medio de ese movimiento, sentarse a comer permite convertir una comida cotidiana en una experiencia para compartir.

Plaza Santafé - Centro Comercial Santafé
Calle 185 # 45-03, zona Met, piso 3
Al norte de la ciudad, la plaza completa este recorrido por Bogotá. Como en las otras sedes, la intención es acercar a los comensales a esa idea de recorrer el país por medio de sus sabores, sin necesidad de emprender un viaje.
La Plaza de Andrés reinterpreta el color y ambiente de una plaza de mercado a un escenario urbano y la convierte en una experiencia gastronómica.
Una plaza también puede ser una celebración
Sentarse a comer puede despertar algo más que apetito. Puede recordar una época, una celebración, una salida familiar o esos almuerzos de domingo en los que la comida era una excusa para reunirse. Las plazas están pensadas como espacios para celebrar desde ser colombianos. A lo largo de los años, la marca ha organizado allí experiencias familiares y actividades gastronómicas que convierten la comida en el motivo de una celebración, como festivales dedicados a preparaciones específicas y actividades alrededor de fechas familiares. También han hecho experiencias simultáneas en las cuatro sedes, como la celebración Mamá Soberana del Día de la Madre que combinó un menú especial con actividades para compartir en familia.
Este tipo de encuentros extiende la idea de plaza más allá del almuerzo, pues es un lugar memorable para celebrar un cumpleaños, reunirse en familia, encontrarse con amigos o convertir una comida en un plan. La experiencia sucede alrededor de la mesa y de estar juntos. Además, dentro de la propuesta de Andrés, La Plaza de Andrés busca ofrecer una alternativa de precios más accesible frente a otras de sus propuestas gastronómicas. Así, la idea de la plaza se traslada a una forma más cotidiana de acercarse a la marca.
El país servido en una mesa
La Plaza de Andrés propone una versión urbana del paseo por la plaza, del encuentro alrededor de la comida y de la posibilidad de probar algo diferente sin dejar la ciudad. Por eso la experiencia recuerda tanto a ese verbo que usamos cuando queremos desconectarnos por un rato: pueblear. Pueblear es caminar sin afán, mirar lo que hay alrededor, sentarse a comer, conversar y dejar que el tiempo pase un poco más despacio. No implica tomar carretera, también puede ser recuperar una costumbre.
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