La alianza comunitaria Misión Yurtas Valle transforma el bambú en estructuras de protección temporal para los damnificados del terremoto. Esta red liderada desde Cali devuelve la dignidad y la esperanza a las familias golpeadas por la emergencia nacional.
La yurta es una vivienda circular y portátil con una estructura ancestral de origen mongol. Tradicionalmente, los nómadas de Mongolia fabricaban estas viviendas circulares en madera para trasladarse fácilmente de un lugar a otro. La yurta es una estructura caracterizada por su altísima versatilidad funcional. En Colombia, este diseño ancestral fue adecuado sustituyendo la madera por listones flexibles de bambú y guadua, materiales de abundante presencia en la región andina y con un desempeño excepcional para la bioconstrucción.
La estructura de una yurta se fundamenta en un entramado de rombos articulados cuidadosamente calculados. El albergue posee la capacidad de replegarse completamente sobre sí mismo como un acordeón para ser trasladado de forma sencilla, extendiéndose en cuestión de minutos en el lugar de instalación. Además, se sostiene por el equilibrio de su propio peso y las tensiones mecánicas entre las varas, sin requerir el uso de concreto.
Tras la crisis ocasionada por el reciente sismo del 10 de agosto, que dejó más de 466 000 personas afectadas en el país (cifras de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres), estas estructuras circulares se han convertido en refugios temporales de protección. Para hacerle frente a la contingencia nació Misión Yurtas Valle, un esfuerzo colectivo articulado entre bioconstructores, organizaciones y voluntarios.

Dentro de este entramado asociativo convergen la empresa Caságrafo, la Escuela Popular de la Guadua, Cadica Design, Tierra Magia, Silvestre Arquitectura y diversos líderes comunitarios de Cali. “Todos nosotros hicimos Misión Yurtas Valle”, recalca Mayra Saavedra, líder de Caságrafo, artista plástica y artesana con más de 13 años de trayectoria en bioconstrucción. Hasta la fecha, Misión Yurtas Valle ha logrado desplegar albergues de bambú en múltiples puntos del país por la emergencia:
- Cali, Valle del Cauca: cuatro yurtas instaladas en el barrio Santa Elena para dar refugio a familias desplazadas de edificios a punto de colapsar, y dos yurtas adicionales en el sector de Chiminangos.
- San José del Palmar, Chocó: una yurta trasladada a la zona rural de difícil acceso, convirtiéndose en el hogar temporal de dos adultos mayores que perdieron su vivienda.
- Quimbaya, Quindío, y Dagua, Valle del Cauca: tres estructuras adaptadas como espacios de habitación completa.
- Nuevas entregas: la misión cuenta con un inventario de 17 yurtas listas, proyectando el traslado de 10 unidades al municipio de Buenaventura.
El origen de los refugios
Antes del sismo, las yurtas se utilizaban para procesos culturales y comunitarios. Mayra y sus aliados organizaban talleres para enseñar a construir estas estructuras en juntas de acción comunal, huertas urbanas y barrios vulnerables. Una yurta podía desplegarse en una tarde para convertirse en una biblioteca comunitaria, un espacio de proyecciones para festivales de cine, un taller de circo para niños o un espacio para la integración social. Poseían una sola yurta propia que llevaban de evento en evento, un esqueleto modular que celebraba la vida comunitaria.
El giro hacia la atención de la emergencia sísmica se dio de forma orgánica tras el fuerte terremoto del 10 de agosto. A raíz de lo sucedido en Cali, la destrucción de columnas, escaleras y muros en barrios como Santa Elena, donde más de 500 familias quedaron damnificadas, el equipo decidió aportar la única yurta propia que custodiaba para cobijar a los afectados. “Dijimos: ‘llevemos la yurta que tenemos acá en la casa para que alguien pueda vivir allí mientras le construyen su casa o para que pase la noche’. Nosotros teníamos la yurta, pero nunca la habíamos revestido, solamente teníamos el esqueleto”, recuerda Mayra, contando que recibieron la donación de un plástico negro para instalarla. Al día siguiente cayó un feroz aguacero de dos días consecutivos, y la yurta protegió con éxito a las familias. “La gente nos llamó a agradecernos, nos empezaron a decir que necesitaban más. Ahí fue como inició Misión Yurtas”.
¿Cómo vincularse a Misión Yurtas Valle?
El proyecto mantiene abiertos sus canales para recibir voluntarios en taller, donaciones de insumos o difusión del manual de bioconstrucción por medio de su cuenta oficial en Instagram: @misionyurtasvalle.
El movimiento cobró fuerza cuando la madre de Mayra prestó una vivienda deshabitada para bodega y taller de ensamble. La ciudadanía empezó a enviar recursos económicos de manera espontánea. “La gente nos conoce porque hemos hecho trabajo comunitario, así que nos empezó a enviar dinero. Compramos colchonetas, plástico, kits de aseo, mercados y luego compramos 2000 barras de bambú ya inmunizado para construir yurtas”. Para la atención de los damnificados, el equipo redefinió un modelo estandarizado de producción: una estructura de 4,50 metros de diámetro por 3 metros de altura en su punto central. Este espacio permite albergar hasta a 12 personas o contener carpas familiares completas en su interior, brindando privacidad, ventilación y un aislamiento térmico idóneo para combatir el clima variable. “Ellos ya son dueños de la yurta. Nos mandan fotos contando: estamos pintando la yurta, le pusimos un dibujito [...] La gente se apropia de ella, la puede cambiar, si le quiere abrir otra ventana o quitarle las paredes lo puede hacer, es adaptable a lo que ellos quieran”, señala Mayra.

Para las regiones a las que la misión no puede llegar físicamente, la alianza diseñó y digitalizó un manual instructivo de construcción paso a paso. Este documento técnico de libre acceso permite que cualquier comunidad, junta vecinal u organización social en Colombia o el mundo pueda replicar el tejido de las yurtas de bambú de manera independiente.
Un proceso participativo para la sanción colectiva
Construir una yurta de bambú no exige conocimientos previos, cualquier persona puede hacerlo. En el taller de la misión, voluntarios, familias y jóvenes han participado en jornadas de corte, perforación y ensamblaje. Este proceso elaborado en comunidad agiliza la entrega de albergues y funciona como un espacio de contención emocional para procesar la angustia provocada por la emergencia sísmica. Una vez la emergencia haya sido superada, las yurtas permanecerán dentro de las comunidades para transformarse en aulas ambientales, centros culturales, bibliotecas o espacios de esparcimiento. Misión Yurtas Valle hace del bambú y la geometría sagrada una alternativa ecológica y digna para la reconstrucción social de los territorios en Colombia.





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