Cómo superar el miedo a conducir

Por: / Ilustración: María José Porras / Julio 2022

 

Aunque un poco de ansiedad es normal en un conductor principiante, las reacciones negativas extremas al volante pueden indicar un problema serio.

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Sentir miedo es una reacción natural, adaptativa y funcional. “Si no existiera el miedo, hace mucho tiempo que la especie se hubiera extinguido, pues evita que tomemos riesgos innecesarios”, dice Charles Yañez, psicólogo clínico y docente de Unisanitas.

Sin embargo, existen otros miedos (como el miedo a hablar en público) que provienen de la educación y la cultura, y que están mediados por sensaciones aversivas. Es decir, situaciones o estímulos desagradables que condicionan a las personas a sentir repulsión o disgusto.

Sin importar de dónde provenga el miedo, nuestra reacción nunca pasará de un sobresalto o una actitud evitativa; no obstante, existen miedos que hemos relacionado con traumas tan profundos que pueden desencadenar reacciones exageradas. “Esto es lo que se denomina una fobia, un temor excesivo e irracional”, señala Yañez.

Aunque sea a causa de una fobia o no, para muchas personas la conducción puede ser una actividad estresante, sobre todo si las condiciones no son las más adecuadas. “Si hay tráfico pesado, si los demás actores viales son imprudentes, si está lloviendo y disminuye la efectividad de los frenos, si la visibilidad no es la mejor; se afecta en mayor o menor medida a cualquier conductor, sin importar si es novato o experimentado, e influye en el temor que pueda provocar el acto de conducir”, añade José Novoa, instructor de conducción.

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Para superar el miedo tenga en cuenta

Ya sea porque la conducción es necesaria en su vida diaria o porque ha decidido perder el miedo a estar tras el volante, siempre será gratificante tener una nueva habilidad. Con el fin de lograr esta meta, hemos recopilado algunas recomendaciones de los expertos.

 dice el instructor de conducción José Novoa.Acudir a un centro de enseñanza automovilística. Si bien todos hemos escuchado de algún familiar o amigo que se considera buen conductor y se ofrece para darnos unas clases, lo mejor para empezar de cero es asistir a una academia donde encontrará profesores entrenados en instrucción automovilística. Además, los vehículos usados están especialmente diseñados para este fin.

Generalmente, los automóviles de enseñanza poseen un par adicional de pedales de freno y embrague en el asiento del copiloto que le permiten al conductor novato adquirir mayor confianza. Esto debido a que tienen al lado una persona experta con la posibilidad de controlar el vehículo en caso de dificultad. Adicionalmente, algunos carros vienen equipados con otro par de espejos retrovisores adaptables al ángulo de visión del instructor.

“Existen personas que ya adquirieron su licencia de conducir previamente, pero por diferentes razones, perdieron la práctica o son de otros países y quieren acondicionarse a la movilidad local. Para ellos, también está la posibilidad de hacer un curso de afianzamiento”. Aclara Novoa. Cabe destacar que para los conductores que quieran sacar su permiso por primera vez, es obligatoria la asistencia a una academia.

Empezar despacio. Si existen factores adversos para la movilidad, también existen factores que la facilitan. En general, nada como un día soleado y una calle despejada para dar los primeros pasos. “Normalmente en las academias se tiene un contenido programático donde se comienza por lo básico, la revisión preoperacional, el encendido del vehículo y el avance. A medida que el estudiante se vaya familiarizando con los controles del carro, se puede aumentar la velocidad o ir a zonas más transitadas”, señala Novoa. Otra recomendación es iniciar el aprendizaje con un vehículo automático, mientras se aprende a maniobrar.

Mantener el vehículo en óptimas condiciones. Tanto para conductores principiantes como avanzados, es necesario tener el automóvil en condiciones mecánicas que permitan una conducción segura y confortable. Generalmente se recomienda que antes de comenzar a andar, se haga una revisión previa del estado del vehículo. En ella se debe tener en cuenta el nivel de aceite hidráulico y de motor, la cantidad de líquido de frenos y de combustible, el estado de las correas de repartición y el nivel de desgaste de las llantas, factores que ayudan a disminuir la accidentalidad, y por lo tanto la ansiedad tras el volante.

Jugar videojuegos. Según un estudio publicado por la revista Psychological Science en 2016, los videojuegos en primera persona ( y no los simuladores de conducción necesariamente) ayudan a mejorar las capacidades visomotoras, lo que quiere decir que la coordinación entre lo que vemos y la forma como reaccionamos a dichos estímulos se vuelve más consciente y eficaz. Además, desarrolla la capacidad de anticipación, lo que les da un mayor desempeño a los videojugadores para adaptarse a las condiciones del medio donde se conduce.

Buscar ayuda psicológica. Algunas personas son extremadamente nerviosas o padecen de ansiedad o amaxofobia. En esos casos particulares, la mejor manera de perderle el miedo a conducir es a través del apoyo de un profesional de la salud mental. “Lo que se hace generalmente con los pacientes con fobias es conducirlos por un proceso de exposición”, explica Yañez, y agrega, “a través de aproximaciones sucesivas al origen de su miedo, las personas aprenden a confiar en sus habilidades y pierden el temor”.

De la misma manera, dentro de la terapia se busca que el paciente manifieste verbalmente las preocupaciones que le surgen al conducir. “En casi todos los casos, los temores provienen de hipótesis auto infundadas. Que no me va a prender el carro, que me voy a estrellar, que voy a atropellar a alguien. Entonces, a través de la exposición al miedo, el paciente va desmintiendo por sí mismo estas hipótesis, lo que lo motiva a continuar, generando refuerzos positivos. De esta forma, minimiza en su cabeza el posible riesgo que pueden generar los vehículos y como consecuencia, disminuye la ansiedad.

Recordar que “la práctica hace al maestro”. Sin importar que existan riesgos, la habilidad para realizar cualquier actividad incrementa con la práctica, y en el caso de la conducción, una persona habilidosa es capaz de anticiparse a situaciones que puedan aumentar la accidentalidad. “A medida que aumentan las horas de manejo, se crean reflejos condicionados, se desarrolla la memoria muscular para accionar el embrague, y en general la conducción se dará con mayor fluidez”, explica Novoa.

*Periodista. Colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas.

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